A Sala Llena

Cassandra

Cassandra, Inés de Oliveira Cezar, Argentina, 2012

El país que no miramos. Tras Extranjera y El Recuento de los Daños, inspiradas en los mitos griegos de Ifigenia y Edipo Rey, la directora sigue buscando otras maneras de adaptar los clásicos mitológicos a la realidad argentina. Si Extranjera, era un drama campestre y el segundo uno más urbano relacionado con el funcionamiento de las fábricas, Cassandra es trasladada a otra realidad: la del Impenetrable, y los habitantes Wichis y Tobas olvidados y marginados por los gobiernos de turno en el norte de El Chaco.

En este caso, Cassandra es una periodista que trabaja para una revista de moda. Elige como tema de investigación, la situación del Impenetrable. Para eso viaja a Villa Bermejito y Nueva Pompeya, donde habitan las últimas comunidades de ambas tribus para retratar su realidad. Pero Cassandra expone todo en primera persona, siente empatía, se emociona, con lo que viven la tribus originarias, y la forma en que los tratan y marginan, como si fueran villas de emergencia, olvidando las costumbres y la cultura. No importa si hacen piquetes, los wichis y tobas son mejor no ser vistos por los gobiernos. Cassandra intercambia continuos informes con su editor que le pide constantemente que sea más objetiva y deje de lado sus sentimientos.

La película funciona un poco como lo hacía Los Labios de Loza y Fund, un par de BAFICIs atrás. Por un lado es una potente obra de denuncia social, y por otro una ficción sobre la manera en que se involucra el personaje en ese entorno. Agustina Muñoz logra un interpretación introspectiva y verosimil de Cassandra. El problema surge con el personaje de Alan Pauls, el editor. Si bien, el tono de actuación no desentona, el doble rol que le toca (como narrador o coro) y como editor está un poco desdibujado. Entiendo la función de poner una voz reflexiva de fondo, que a la vez la acerca con el mito griego, pero por otro, la película no la necesita en sí. Las imágenes se explican solas. Además si bien es clara la metáfora de que el editor representa la censura a la voz, la persona urbana que olvida a las comunidades, las pocas pero intensas declaraciones de los miembros wichi y tobas que son entrevistados por la actriz son mucho más interesantes que la historia ficcional paralela. O sea, por lo menos a mí, no atrapaba tanto el debate que tenían Cassandra y su editor, como la primera persona de los no actores que denuncian su maltrato, la pobreza, el olvido que viven. La directora tiene una puesta en escena pulcra, cuidada, se toma su tiempo para cada movimiento de cámara. Es meticulosa y hay que destacarlo. Así como el diseño sonoro, y la fotografía tienen un trabajo impecable.

Pero el problema termina siendo más bien narrativo. A la vez, como la directora termina por interesarse más por Cassandra para no caer definitivamente en el documental, la historia pierde un poco de fuerza sobre el final.

Aún así, la denuncia queda clara. No solamente los gobiernos deciden mirar para otro lado, dejando morir a los integrantes de la sociedad. Sino que también los medios, prefieren priorizar aquello que sucede aquí-ahora a mostrar continuamente una parte del país que es impenetrable, por una conveniencia política. Inés de Oliveira Cezar, le da voz a aquellos que no la tienen y denuncia las deshumanización tanto de nuestras tradiciones como del periodismo.

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