A Sala Llena

Cenizas del Tiempo, según Rodolfo Weisskirch

Era mediados de los años ’90 y una joven promesa proveniente de China, estaba empezándose a hacer notar gracias, a la estilización de una mezcla de géneros que, no era común por entonces que sean tan cuidadosamente recreados en el cine oriental.

Gracias a Chungking Express, Won Kar Wai pudo atravesar el océano, llegar a occidente y dejar al descubierto una fascinante paleta de texturas acompañadas, por una magnífica banda sonora, que sin descuidar la instrumentación clásica oriental, recreaba melodías barrocas, con imágenes en el que se mezclaba el arte pop, el video clip, el film noir y algo de la nouvelle vague, con principales referencias del cine de Godard.

Pero, para darle un descanso a estas flagelantes y novelescas historias de amores intensos, Kar Wai, quiso demostrar que también podía agarrar un género más comercial, como el de espadachines y convertirlo en una obra más de su particular filmografía. Lamentablemente, en ese momento, la película fue mal comprendida, y habría que esperar a que pasaran los años, y el género tenga “vuelo” internacional para que sea considerado como un arte en sí mismo, que podía mezclar lirismo, belleza visual, peleas de coreografías emocionantes y efectos especiales. Ang Lee y Zhang Zimou, en cierta forma fueron precursores de esta nueva relectura gracias a El Tigre y El Dragon, Heroe y La Casa de las Dagas Voladoras, y cuando el género necesitaba un poco de aire fresco, Kar Wai, saca de las cenizas esta película, la remasteriza, cambia el montaje de algunas escenas, le agrega sonido Dolby, le renueva la imagen, y “estrena” con bombos y platillos en el Festival de Cannes de 2008.

Estructuralmente, puede compararse con El Sabor de la Noche. En dicha película, Norah Jones relataba diferentes momentos de un viaje, en el que se cruzaba con llamativos personajes. Acá, el protagonista, vive solo pero alberga, colecciona, personajes e historias. En ambas películas cada evento era aislado y había una estructura episódica, unida por el recuerdo de un amor que no fue. Este hilo conductor, amores imposibles, y el remordimiento por dejarlos ir, es en realidad la piedra emblemática de la filmografía del director.

El viaje, la memoria, el rencor, la duda y el arrepentimiento aparecen también en este cuento, que a pesar de tener momentos melodramáticos intensos, conserva cierto humor nostálgico e inocente, que proviene de su protagonista, acompañado por bellas coreografías de peleas y artes marciales en cámara lenta, sin necesidad de tanto efecto visual, con una belleza de la paleta de colores y una fotografía minuciosa como solo el gran Christopher Doyle puede dar a una película de Kar Wai.

El tono melancólico recuerda a los westerns de Mann, Leone y principalmente Ford. Su protagonista en cierta forma representa al héroe retirado, fatigado, resignado que interpretó John Wayne en las montañas de Monument Valley en sus últimos tiempos.

Los resultados son desbordantes. Paisajes increíbles con excelente uso de colores como el amarillo, el rojo, el azul y el verde. Una estética meticulosa, luchas que recuerdan a las películas de artes marciales de los ´60s y ´70s (no por nada Tarantino ayudó en la distribución de Chunking Express, y robó algunas peleas para Kill Bill). Las interpretaciones de Tony Leung Chiu Wai, Tony Leung Ka Fai, Leslie Cheung y Maggie Cheung tienen cuerpo en personajes complejos, ambiguos, contradictorios y le dan humanidad a una película que a primera vista pareciera ser una suma de artificios, pero que termina emocionando tanto o más que la saga de Con Animo de Amar.

Una experiencia gloriosa, a la que solo se puede criticar cierta previsibilidad estructural y que se queda corta en duración, pero que vale la pena disfrutar en el cine en pantalla gigante, y que lamentablemente sólo se exhibe en DVD en las salas Arteplex.

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