A Sala Llena

Chile, la alegría ya viene

Después de Fuga, Tony Manero y Post Mortem, Pablo Larraín vuelve a sorprender al cine chileno e internacional con el premiado film No.

Larraín, director y guionista chileno, hijo del senador Hernán Larraín y la ex ministra Magdalena Matte, además de socio fundador de la productora Fábula, trae una película políticamente incorrecta, por lo menos para su ascendencia familiar conectada íntimamente con la corriente antes mencionada. Una película en la que no sólo cuestiona a esta derecha, sino que remarca su espíritu antipinochetista.

No está filmada con cámaras digitales de alta definición, sino en Umatic, con una imagen sucia y deslavada, que corta las cabezas de los actores y que se percibe muy mal iluminada. Con lo que se intenta recrear el cine y la imagen de la época.

No es otra película política en la que se descubren manejos sucios, es por el contrario la desnudez del proceso creativo publicitario en su máximo exponente. Las palabras “jingles”, “logo”, “brainstorming” encajan en cada una de las escenas.

No hay enredos amorosos,  ni foco sobre ese tópico. Por el contrario, el mayor nudo narrativo es la disyuntiva si vender la política como un producto más o seguir haciendo eco del terror de los 15 años de dictadura.

No es una mirada distinta de la transición de la dictadura a la democracia en Chile, donde se exhiben matices críticos, como la paradoja del lenguaje publicitario o la insinuación de que se combatió a Pinochet con sus propios métodos.

Cuenta como René Saavedra (Gael García Bernal) publicista reconocido chileno, vuelve de su exilio después de seis años, y es convocado por los partidos opositores a la dictadura, para llevar a cabo la campaña del NO. Luego de quince años de dictadura, Pinochet enfrenta grandes problemas para legitimar su régimen, es por eso que en el año 1988 se llama a plebiscito para ver si se continúa con su régimen o se restablece la democracia. La campaña duraría veintisiete días con quince minutos diarios en la tv para cada opción (“SI” y “NO”). “Sí” se continúa con el mandato de Pinochet o “No” se continúa y vuelve la democracia.

A diferencia del resto de las campañas de concientización luego de una guerra o procesos como los de América Latina, lo usual es la manifestación visual del terror vivido en los años de opresión. Sin embargo el terror ya está en manos de la propuesta del “SI”, por lo que René propone un camino distinto que será puesto a prueba.

La intencionalidad de aprovechar los 15 minutos por día no tiene como fin primero ganar el plebiscito, por lo menos para los 17 partidos de la oposición, sino hacer en hacer escuchar las voces que durante esos años estuvieron reprimidas. Si bien piensan que las elecciones estarían arregladas, asumen el riesgo.

La película, además de haberse estrenado en Cannes el 18 de mayo del 2012, tuvo un preestreno con los dirigentes estudiantiles de Chile como Camila Vallejo, la cara más visible del movimiento estudiantil de 2011, que puso en jaque al gobierno de derecha de Sebastián Piñera y marcó el año de mayores movilizaciones sociales desde el fin de la dictadura militar en 1990. Camilia, a la cual tanto Pedro como Gael se la dedicaron muy especialmente, como premio a su lucha diaria por una educación chilena más justa e igualitaria.

Patricio Aylwin, primer presidente democráticamente electo tras el golpe de estado de 1973, fue otro de quienes comentó luego de verla: “La película refleja lo que fue el fin de la dictadura, es una muy buena expresión de lo que sucedió”.

La apuesta mayor es saber si la propuesta del “NO” será una campaña del silencio camuflada con frases estudiadas y practicadas por años en el mundo publicitario, si será un lavado de imagen, si será una pieza más en la carpeta de René o un puente para hablarle a la gente sin recurrir al miedo y mostrarle una salida.

Lo que van a ver a continuación —dice René Saavedra— está enmarcado en el contexto social del Chile actual”. Es una frase que repite varias veces a lo largo del film y en situaciones distintas. La primera es vendiendo el spot de “Free”, una bebida. La segunda, cuando presenta la campaña de “NO”. Podríamos pensar que es un latiguillo, o entender el guiño del guionista queriéndonos hablar de las dos realidades chilenas. Esa donde el imperialismo yankee se apodera de la cultura y la política, y la otra realidad, la muda, la reprimida, de un pueblo que no puede tomar sus propias decisiones.

No puede ser tomada como una crítica, como una imagen necesaria de la época, pero también como un fragmento de realidad, como una pregunta que es necesaria para la democracia de cualquier país y en cualquier momento. Una pregunta general y particular. Una pregunta íntima y a voces. Una pregunta que no va a pasar de moda mientras vivamos en sociedad. ¿Queremos este régimen? ¿Sí o no?


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