A Sala Llena

Corazón de León

(Argentina, 2013)

Dirección y Guión: Marcos Carnevale. Elenco: Guillermo Francella, Julieta Díaz, Mauricio Dayub, Jorgelina Aruzzi, Nora Cárpena, Nicolás Francella, María Nela Sinisterra. Producción: Mauricio Brunetti y Fernando Sokolowicz. Distribuidora: Buena Vista. Duración: 100 minutos.

El cine no es el mensaje.

“Hacer una película es mejorar la vida, arreglarla a nuestro modo, es prolongar los juegos de la infancia, construir un objeto que es a la vez un juguete inédito y un jarrón en el que colocaremos, como si fuera un ramo de flores, las ideas que tenemos actualmente o de forma permanente. Nuestra mejor película es quizá aquella en la que logramos expresar al mismo tiempo, voluntariamente o no, nuestras ideas sobre la vida y sobre el cine”. Con esa cita de Truffaut me dedicaron el libro Otros mundos. Un ensayo sobre el nuevo cine argentino de Gonzalo Aguilar. 

Corazón de León, más conocida como la película de Francella enano, es al cine todo lo que esa frase no quiso ser. Estás ahí sentado riéndote a carcajadas de cómo un “enano” de 1.36 metros (León / Guillermo Francella) conquista a una mujer alta (Ivana / Julieta Díaz). Corazón de León podría ser una comedia romántica sobre cómo dos personas se conocen, se enamoran, se aman, entran en crisis y bueno ¿les cuento el final? Podría incluso ser buena si confiara en el género, si creyera en el arte y no en el discurso, en el entretenimiento y no en la bajada de línea. Podría si fuera una película honesta pero en cambio apuesta a ser una lección de vida. Y lo hace cargada de solemnidad. Porque claro, es una película de Carnevale, no vaya a confundirse con “una comedia ligera”. Entonces trata temas importantes, esta vez: la discriminación. Delante de la forma está el mensaje: ¡la lección! ¡la moraleja! ¡Crear conciencia!

Como grita el personaje de Jorgelina Aruzzi: “somos nazis”. Se lo dice a Ivana, nos lo dice a nosotros. Esa es la tesis aleccionadora: demostrarnos que aunque tenemos una respuesta políticamente correcta para cada situación, discriminamos. Y ahí estamos, somos espectadores, somos quizá otra forma de la banalidad del mal. Por qué no. Y también lo es mencionar esa idea sobre la extrema maldad humana para hablar de esta película. Sí, una hipérbole antojadiza. Sí, es caprichoso y exagerado. Pero Corazón de León es un cúmulo de groserías y crueldades puestas en escena: los planos y el guión al servicio de convertir al espectador en un hijo de puta. León salta para sentarse en una silla, un sillón, un banco y los pies siempre, cada vez, le quedan colgando; Ivana usa unos tacazos de mínimo 10 centímetros; León usa un banco para llegar a las cosas en su casa; maneja un auto enorme y su cabeza apenas llega a sobresalir de la ventanilla al costado, del volante en el frente. Pero además pedirle realismo en estas circunstancias parecería una exigencia de mal gusto. Menciono dos detalles: ¿es posible que alguien maneje a esa altura sin chocar o atropellar diez personas por cuadra? ¿León, que es un arquitecto muy exitoso,  se construyó su casa a proporción de un gigante de la NBA? Y una y otra vez la repetición y sobre explicación de cada chiste. Y ese piano sentimentaloide reforzando cada idea, cada sentimiento, cada moraleja. Como si León no bastara para las intenciones aleccionadoras Carnevale incorpora al marido de la madre de Ivana (Nora Cárpena), un hombre sordo que tiene dificultades para hablar. La discusión de madre e hija llega a la maldad de preguntarse ¿qué es peor: un enano o un sordo?

En este sentido no hay mucha diferencia entre la película de Carnevale y De Martes a Martes, el primer largometraje de Gustavo Triviño que compitió el año pasado en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Ahí el tema importante era la violación. Y mientras la historia que cuenta la película y a la que nos expone como espectadores es un hombre enorme que mira como un flacucho viola a una joven y no hace ni previene ni alerta ni denuncia, sobre el final de los títulos una placa advierte sobre la cantidad de violaciones en Argentina, las pocas denuncias, y deja el contacto de una asociación. Nuevamente el discurso por sobre el cine como lenguaje. La dedicatoria del libro de Aguilar cerraba con un deseo: “Disfrutá las películas. Disfrutá la vida”. Me corrijo. Tal vez Corazón de León merezca la frase de Truffaut. El problema es, una vez más, qué piensa Carnevale del cine y de la vida.

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Por Luciana Aon

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