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Cine

Crítica de “Amarga Navidad”, film dirigido por Pedro Almodóvar

Con la voz ronca y llorada, entre los remolinos de tu corazón

Olga Orozco

Pedro Almodóvar, entre muchas de las capacidades y talentos que posee, es su enorme facultad para conmover y emocionar. En particular en este melodrama -la música ad hoc recorre todo el metraje- que permite al espectador desarrollar un torbellino de sensaciones, que van a la par de los propios protagonistas.

Amarga Navidad es una obra para descubrir y para seguir reflexionando mucho tiempo después de abandonar la sala. Para ver, sentir y apasionarse.

“Está bien que nos vampirices, pero esto ya es demasiado”, le espeta una enojada Mónica (Aitana Sánchez-Gijón) a Raúl, reconocido y famoso director español. Que no es otro más que un alter ego del propio Almodóvar. Así como lo era Antonio Banderas en la colosal Dolor y gloria de 2019. Banderas ganó ese año al mejor actor en Cannes. Era un personaje que recorría toda la película. Ahora, en la piel de Leonardo Sbaraglia, el director manchego, elige dotar a su alter ego de menos escenas y contar, fiel a su estilo, historias que se entrecruzan y van y vienen en el tiempo.

Estas recorren desde la atormentada vida de su asistenta y primera lectora durante veinte años, pasando por sus amigos y personas cercanas. Sin embargo, el hilo conductor de mas de la mitad de la película es la historia de Elsa (Bárbara Lennie), una directora con tan solo dos películas, que no han tenido éxito, y está volcada a vivir de realizar publicidades, mientras comienza con ataques de pánico, derivadas de un duelo no realizado. Elsa perdió a su madre cerca de los días del feriado puente de navidad, mientras ella estaba trabajando.

A Elsa, la llaman al inicio del rodaje desde el hospital con la triste noticia, empero, no abandona sus tareas y decide ir más tarde a visitar el cuerpo de su madre. Situación que recuerda al personaje de Anthony Hopkins en Lo que queda del día, basada en el libro homónimo del ganador del Nobel Kazuo Ishiguro. El deber ante todo, la emocionalidad a un costado.

Almodóvar logra, una vez más, conmover con las armas más nobles. Películas así, son la razón por la que el cinéfilo está agradecido y el cineasta también.

Exorcizar los demonios, los duelos, los dolores a través de la ficción, pero con grandes consecuencias, dentro y fuera de la pantalla.

Lanzarote es una isla volcánica con playas negras, que contrasta de manera muy fuerte con todos los colores blancos de las casas, y los tonos almodovarianos -estampados en las blusas, los sweaters- y los espacios barrocos de otras épocas, ahora se han convertidos en minimalistas. La vida de las criaturas de Pedro se han complejizado, sin embargo los ambientes se han relajado.

Lanzarote, es parte de las Canarias, es a su vez el sitio a donde Elsa concurre para descansar y encontrar así su reconstrucción (volver a escribir). La isla fue la segunda patria del Nobel Portugués José Saramago, donde decidió vivir y donde hasta su estilo literario se modificó. “Lanzarote no es mi tierra pero es tierra mía’”, declaró.

Almodóvar  logra reírse de si mismo, de sus repeticiones y obsesiones. Con grandes personajes y otros a desarrollar más. Permite a sus fans ser parte del proceso creativo. Como la escena donde un mozo, en el parque del retiro, involuntariamente asiste a una pelea donde se discute el film dentro del film. También habrá lugar para la voz ronca y llorada de la gran Chavela Vargas. Para poner blanco sobre negro en las criaturas de su ficción. Tan reales que el espectador, en esas casi dos horas, se creerá que realmente existen. ¡Que fascinante es el cine!

Cuando va a dar finalización a la película, logra un epílogo fuerte y descarnado y cuando llega el final, tampoco es el final. Toda esta historia sigue en construcción. ¡Bienvenido sea!

(España, 2026)

Guion, dirección: Pedro Almodóvar. Elenco: Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Victoria Luengo, Milena Smit, Patrick Criado, Quim Gutiérrez. Producción: Agustín Almodóvar. Duración:  111 minutos.

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