Cuando Tim Burton estrenó Mars Attacks! en 1996, la película tenía mucho de familiar. Los platos voladores, los marcianos con enormes cerebros dentro de cascos transparentes, el presidente de los Estados Unidos buscando ser el salvador, su ejército prometiendo la defensa del planeta entero, los científicos intentando comprender qué quieren los visitantes, las multitudes corriendo mientras explotan edificios y la pregunta acerca de si vienen en son de paz o quieren exterminarnos.
Por todo eso podría decirse que Mars Attacks! ya era un clásico antes de ser hecha.
La película, escrita por Jonathan Gems y dirigida por Burton, tenía un origen bastante particular, porque no era la adaptación de un libro o una remake; estaba basada en unas trading cards de los sesentas, una colección de figuritas que narraba una invasión marciana a través de imágenes bastante brutales para la época. Los extraterrestres destruían ciudades, quemaban personas con sus armas, experimentaban con seres humanos y avanzaban sobre la Tierra con una crueldad que estaba mucho más cerca de una historieta de terror que de la ciencia ficción mainstream.
Burton tomó esas figuritas y las mezcló con cosas que pasaban en el cine de la década anterior. Durante los años cincuenta, mientras se daba la Guerra Fría, el cine hollywoodense y clase B de ciencia ficción se llenó de extraterrestres. Llegaban en naves, se infiltraban entre nosotros (o entre ellos, los del Norte), reemplazaban seres humanos o amenazaban directamente con destruir el planeta. Detrás de muchas de aquellas criaturas podía reconocerse el miedo a una otredad comunista que amenazaba la perfecta forma del american way of life.
Invasion of the Body Snatchers (1956), por ejemplo, admite interpretaciones bastante más complejas que la simple equivalencia entre extraterrestres y comunistas. Pero resulta difícil separar aquellas películas del clima de paranoia de la Guerra Fría. El miedo a la infiltración, a que el vecino pudiera haberse convertido en otra cosa, a la desaparición de la individualidad y a una amenaza exterior capaz de destruir el orden conocido estaba ahí.
Lo que estaba claro es que cuando los extraterrestres invadían la Tierra, siempre aterrizaban en Estados Unidos y su presidente hablaba en nombre del planeta. El ejército estadounidense defendía a la humanidad. Los científicos estadounidenses intentaban comprender la amenaza. Washington decidía qué debía hacerse.
Estados Unidos era la Tierra.
Mars Attacks! usa toda esa tradición como base, pero lo hace desde la comedia. Burton recupera prácticamente todas las piezas del viejo cine de invasiones extraterrestres y vuelve a colocarlas sobre la mesa barajando de nuevo. Allí están el presidente, el científico, el general, los periodistas, el empresario, la familia “americana”, y están, por supuesto, los marcianos.
El juego consiste en observar qué pasa cuando cada uno intenta cumplir la función que el cine le había asignado durante décadas. Y lo mejor es que (casi) todos fracasan.
El presidente James Dale, interpretado por Jack Nicholson, intenta establecer una relación diplomática con los visitantes. El profesor Donald Kessler, interpretado por Pierce Brosnan, está convencido de que una civilización capaz de desarrollar semejante tecnología necesariamente debe haber alcanzado también un grado superior de racionalidad y, por ende, es pacífica. El general Decker quiere resolver el problema a los tiros.
Ninguno entiende nada. Entonces la política fracasa, la ciencia fracasa y el ejército fracasa.
Y acá aparece una de las inversiones más divertidas de la película, porque Mars Attacks! no dialoga solamente con el cine anticomunista de los años cincuenta. También parece tomar uno de los grandes clásicos pacifistas de aquella década y darlo vuelta.
En The Day the Earth Stood Still (1951), de Robert Wise, Klaatu llega a la Tierra con un mensaje destinado a la humanidad. Cuando baja de su nave y extiende un objeto, un soldado interpreta que se trata de un arma y le dispara. Después descubriremos que aquello que llevaba era un regalo para el presidente.
El mecanismo es claro: el extraterrestre viene en paz y nosotros (ellos), dominados por el miedo, somos incapaces de comprenderlo.
Burton invierte exactamente el problema. En Mars Attacks! los extraterrestres parecen asegurar venir en paz y las autoridades estadounidenses quieren desesperadamente creerles. Solo que esta vez el error humano fue otro. Si Wise planteaba una malinterpretación del mensaje pacifista alienígena, Burton inventa un traductor defectuoso que traduce todo al revés.
Después de la primera masacre, Kessler todavía intenta encontrar una explicación. Quizás hubo un malentendido. Quizás los marcianos interpretaron que la paloma era una amenaza y por eso la destruyeron. Quizás sus códigos culturales son diferentes a los nuestros.
No. Son unos hijos de puta. Y ahí está buena parte del chiste.
Pero Burton tampoco le concede la razón al militar que quería disparar desde el comienzo. El general Decker no se convierte retroactivamente en el hombre que había comprendido todo antes que los demás. También es una caricatura y forma parte de un sistema incapaz de resolver el problema.
Y si la política y el ejército no sirven, tampoco parece haber demasiada esperanza en el poder económico. Porque ahí aparece Art Land, también interpretado por Nicholson, que es probablemente uno de los personajes que mejor resume esa idea. Mientras el mundo comienza a desmoronarse, él continúa imaginando oportunidades comerciales. Hasta una invasión extraterrestre puede convertirse en un negocio. Si los marcianos destruyen Las Vegas, alguien podrá construir algo sobre las ruinas.
El fin del mundo como emprendimiento inmobiliario.
Burton coloca así en el mismo territorio a dos poderes que durante décadas habían organizado buena parte del imaginario estadounidense: el político y el económico. Y esta vez ninguno va a salvar a nadie.
Pero hay algo que Mars Attacks! no modifica con respecto al viejo cine de la Guerra Fría: Los extraterrestres efectivamente son una amenaza.
Eso es importante. Porque la película puede ridiculizar el género, pero no elimina la otredad hostil sobre la que el género había construido buena parte de sus historias. Los marcianos son crueles, asesinos, mentirosos y aparentemente imposibles de integrar. No existe un gran malentendido que pueda resolverse mediante el diálogo. Lisa y llanamente vienen a matar y conquistar.
En ese sentido, Mars Attacks! conserva una de las estructuras fundamentales del viejo cine de invasiones: existe un Otro exterior que amenaza a la comunidad y esa amenaza obliga a la comunidad a reaccionar.
Lo que cambia es quién constituye esa comunidad. Y para entenderlo es fundamental la estructura coral de la película.
Mars Attacks! no tiene realmente un protagonista. Tiene muchos.
La Casa Blanca, el ejército, los científicos, los periodistas, Las Vegas, la familia Norris, los empleados, los jubilados. La película va saltando de unos a otros mientras la invasión avanza y conecta historias que inicialmente parecían separadas.
Es también una estructura heredada del cine catástrofe, especialmente de aquellas grandes producciones de los años setenta que reunían elencos repletos de estrellas para después ponerlas frente a un terremoto, un incendio, un naufragio o cualquier otra cosa capaz de matarlas.
Burton utiliza el mismo mecanismo y además se divierte con una ventaja adicional: nosotros conocemos a los actores. Jack Nicholson, Glenn Close, Pierce Brosnan, Annette Bening,
Sarah Jessica Parker, Michael J. Fox, Danny DeVito, Martin Short, Jack Black, Natalie Portman y hasta Tom Jones.
En una película tradicional, reconocer semejante cantidad de estrellas debería ayudarnos a descubrir quiénes son importantes y quiénes van a sobrevivir. Pero en Mars Attacks! no sirve para nada. Todos pueden morir. Y la mayoría lo hace.
La película va eliminando de esa manera no solamente personajes sino posibles protagonistas. Cada vez que creemos haber encontrado el centro de la historia, los marcianos pueden aparecer y destruirlo.
Hasta que queda Richie Norris. Richie es justamente quien menos condiciones tiene para convertirse en el héroe de una película estadounidense sobre una invasión extraterrestre. No es presidente. No es militar. No es científico. No tiene dinero. Ni siquiera ocupa un lugar importante dentro de su propia familia. El héroe familiar debería ser su hermano Billy-Glenn, el soldado interpretado por Jack Black, quien representa aquello que, dentro del imaginario tradicional “americano”, debería protegerlos.
También fracasa.
Richie, mientras tanto, trabaja en una tienda de donuts y mantiene una relación con su abuela Florence, otra de las figuras que la película había colocado en los márgenes. Una anciana en un geriátrico escuchando música que parece pertenecer a otro tiempo.
Y precisamente de ahí sale la solución. “Indian Love Call”, interpretada por Slim Whitman. No una bomba atómica. No un arma experimental. No una súper computadora. No una estrategia militar. No un descubrimiento realizado en un laboratorio secreto.
Una canción… y las cabezas de los marcianos explotan.
Es difícil imaginar una resolución que destruya con mayor eficacia la solemnidad de todo lo que la película venía parodiando. Pero debajo del chiste hay algo bastante más poderoso, porque finalmente la invasión sí consigue producir una unidad frente a la adversidad. Y esa unidad ocurre por fuera de quienes tradicionalmente decían tener las soluciones. Cuando desaparecen el gobierno, el ejército, los empresarios y los científicos, lo que queda es la gente.
Los sobrevivientes son personajes que pertenecían a historias secundarias y terminan ocupando el lugar que antes correspondía a las instituciones protagonistas. Por eso la escena de las medallas al final resulta tan contundente. Taffy Dale, hija rebelde del presidente muerto, entrega condecoraciones a Richie y Florence como si todavía existiera toda aquella maquinaria institucional capaz de decidir quién es un héroe. Pero prácticamente no queda nadie.
Ahí Mars Attacks! termina de invertir el modelo clásico sin destruirlo completamente.
Como en aquellas películas de los años cincuenta, existe una otredad hostil y la aparición de esa amenaza produce finalmente una unión enfrente. Pero eso ya no ocurre alrededor del presidente, del ejército, de los científicos o de los grandes poderes económicos. Ocurre después de su fracaso.
Es una unidad desde abajo. Una comunidad formada por gente de a pie que descubre que puede encontrar alguna manera de sobrevivir por su cuenta.
Por eso Mars Attacks! ya era un clásico antes de ser hecha. Porque Burton no necesitó inventar casi ninguna de sus piezas fundamentales. Los marcianos estaban en las figuritas de los sesenta. Los platos voladores llevaban décadas atravesando el cielo del cine estadounidense. El miedo al Otro estaba en la ciencia ficción de la Guerra Fría. El extraterrestre incomprendido estaba en The Day the Earth Stood Still. La infiltración estaba en Invasion of the Body Snatchers. Los enormes repartos estaban en el cine catástrofe. El presidente, el científico y el general habían intentado salvarnos cientos de veces.
Burton simplemente volvió a reunirlos y después empezó a matarlos.










