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Cine

Crítica de “Los nadadores”, film dirigido por Sol Iglesias SK

BAJO ESTE SOL TREMENDO

Hace un calor espantoso. El chico de paso cansino recorre la ciudad vacía con una coca cola hirviendo en la mano. En un televisor se informa que estamos en el día 368 del verano, 47 grados de sensación térmica. Los que pueden abandonar el país, ya lo han hecho. Los que no, no se sabe muy bien dónde están. El aspecto general de las calles es de abandono, dejadez. Edificios y ventanas tapiadas, vegetación abundante y frondosa y chapas derruidas por todas partes. Nada que envidiarle a los sets de las distintas Mad Max. Después de atravesar este páramo digno de un fin del mundo, el chico cansado se encuentra con tres amigos. Ellos, que se cuentan historias para no desmayarse, emprenden su travesía para escapar del calor. Estamos en el comienzo de Los nadadores, ópera prima de Sol Iglesias SK, un filme donde una narrativa postapocalíptica sirve de vehículo para hablar del exilio.

En esta obra parece volver a aplicarse el famoso axioma de Mark Fisher, que de tanto repetirse ya parece un slogan: “Es más fácil imaginarse el fin del mundo que el fin del capitalismo”. Estos cuatro chicos, interpretados por Joaquín Fretes, Tobías Reizes, Valentina D’Emilio y la mismísima Sol Iglesias SK, deambulan por calles vacías, en busca de piletas donde refrescarse un poco. En principio, el viaje de estos pibes consiste en este proceder. Al igual que los anarquistas de Los Edukadores, intrusan casas para escapar del calor con sus piscinas, ventiladores o bebidas que hayan dejado atrás las familias. Pero todo este recorrido tiene un corolario final en una fiesta. O más bien, en un after. En este punto, las cosas se empiezan a enrarecer. Entre drogas, música electrónica y chetos que desprecian el país no viendo la hora de irse, se empieza a vislumbrar el verdadero sentido de la película, o por lo menos de la metáfora. Entre los que se quedan y los que se van, es posible leer algunos de los muchos vaivenes de la historia argentina.

La estética del filme es bastante particular y tiene su impronta coyuntural. Entre el sudor de los cuerpos y su desplazamiento a través de las ruinas de la modernidad, se posibilita una sinergia de atmósferas que van desde un erotismo crudo hasta la paranoia o la desesperación más recalcitrante. De a momentos, Los nadadores parece un fashion film, una publicidad de AY NOT DEAD. Estos sobrevivientes, con sus curvas delgadas y sus rostros hegemónicos, no generan ningún tipo de inquietud. La distorsión, o perturbación si se quiere, aparece en la escenografía trash en la que se los inserta: el consumo de estupefacientes, el ambiente enrarecido, la cámara que se bambolea. Son todos elementos que aportan un matiz específico a la trama y contribuyen al clima apocalíptico de la película. En ese borde entre la belleza y los escombros se genera algún tipo de distorsión.

En un plano general, a grandes rasgos, el valor principal que tiene el largometraje de Sol Iglesias SK es el de ser un retrato de época, un holograma en movimiento de la crisis existencial de nuestros jóvenes contemporáneos. Hay un desconsuelo palpitante en los ojos de estos protagonistas, que ya no se puede ocultar detrás de unos lentes de sol Ray-Ban. Tanto en Los nadadores como en la vida, la fiesta parece estar en otra parte. Todo siempre indica que nos estamos perdiendo de algo. Que el que se va, prospera; y el que se queda, desespera. Esta película problematiza aquellas premisas. En un mundo que se cae a pedazos en todas partes, quizás no haya salvación alguna en ningún lado.

(Argentina, México, Estados Unidos, 2026)

Guion, dirección: Sol Iglesias SK. Elenco: Joaquín Fretes, Tobías Reizes, Valentina D’Emilio, Sol Iglesias SK, Iván Ursul. Producción: Juan Manuel D’Emilio. Duración: 76 minutos.

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