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Cine

Crítica de “La invitación” (The Invite), film dirigido por Olivia Wilde

Después de todo puedo vivir romances

y conservar mi relación principal

y así tener un poco de cada cosa

sin lamentar por no tener algo más

DOS MÁS DOS

En 2022, Olivia Wilde sufrió el primer tropiezo de su carrera como directora. Luego de un exitoso y muy valorado debut en 2019 con Booksmart, Wilde expandió la escala de sus ambiciones con No te preocupes, cariño, una mixtura de drama, thriller y ciencia ficción muy deslucida que quedó envuelta en rumores e insidias: que Wilde estaba demasiado embobada con Harry Styles como para encargarse de dirigir la película, que Florence Pugh y el director de fotografía se habían puesto el proyecto al hombro, que Shia LaBeouf había sido despedido del proyecto por su comportamiento errático, o que él se había ido voluntariamente…

Verdades o no, todo el gossip apuntaba a una sola cosa: menoscabar la imagen de Wilde como directora, poner en duda su competencia a la hora de dirigir una producción relativamente grande y retratarla como una mosquita muerta. Wilde venía de un divorcio con el celebrado Jason Sudeikis, lo cual alimentaba esta imagen en los medios dedicados al mundo del espectáculo.

Cabe mencionar que No te preocupes, cariño no fue, ni de lejos, un fracaso económico. Apenas una decepción en términos de crítica, pero una que condicionaba fuertemente la proyección de Olivia Wilde por los factores antes mencionados

Dedicarle dos párrafos a recapitular la trayectoria profesional de Olivia Wilde sin poder soslayar su vida privada resulta, sin dudas, un síntoma de que la imagen que una mujer proyecta en la opinión pública todavía determina sus posibilidades laborales. Que yo lo mencione probablemente resulte, también, parte del problema. Sin embargo, creo que los hechos anteriores condicionan fuertemente la existencia de La invitación, primera película de Olivia Wilde en cuatro años e implica un volantazo narrativo y estético respecto de las dos anteriores (que eran ya muy diferentes entre sí).

Ahora sí, La invitación. Lo primero que llama la atención es la austera escala del proyecto. Una película de interiores o, mejor dicho, de interior: apenas un departamento y una ventana misteriosa que se ve desde el pasillo. La secuencia inicial involucra también un salón de actos, algún transporte público y las calles empinadas de San Francisco, donde el guion de Will McCormack y Rashida Jones traslada la acción del material de base (la película Sentimental del español Cesc Gay). Sin embargo, la trama pronto se repliega en las cuatro paredes del departamento donde conviven Joe (Seth Rogen) y Angela (Wilde), una pareja muy agria que se prepara para recibir a sus flamantes vecinos Pina (Penélope Cruz) y Hawk (Edward Norton), que hacen saber ruidosamente la gran bonanza sexual que están viviendo.

Lo que ocurre es la típica película de cámara a la que Europa nos tiene acostumbrados (pienso en la italiana Perfectos desconocidos, con sus correspondientes remakes), en la cual el encanto reside en el talento del elenco para sostener el interés en un entorno muy acotado y se pone en juego, a través de elaborados diálogos, algún elemento que compromete la moral, la ética y el statu quo tradicional.

Acá el tema en cuestión es el sexo, o la falta de él, o con cuántas personas se practica, y sin ampliar el abanico sexual ayuda en algo si los problemas de base están resueltos, o no. Todo transcurre más o menos previsiblemente entre porros, alfombras, vinilos de Sade y un flan (que, para el norteamericano promedio, parece que sigue resultando un elemento exótico). Sin embargo, el elenco lo lleva con gracia y Wilde le añade atractivo estético con una preciosa fotografía en 35mm y títulos sobreimpresos que remiten al Hollywood de los 70’ (dedicatoria a Diane Keaton incluida).

El cuidado de Wilde por el aspecto estético, sumado a la inquietud temática por la sexualidad en tiempos de ansiedad e hiperconsumo, aparta a la película de la remake modélico y la inscribe dentro de una reciente tradición de películas norteamericanas que buscan recuperar el espíritu de la comedia romántica: Amores materialistas, The Threesome y  Amores compartidos, todas del 2025. Películas de presupuesto medio que apuestan primero por la experiencia en salas, poniendo al frente el talento (o en su defecto, la fotogenia) de sus intérpretes y las relaciones humanas como motor del relato.

A pesar de sus virtudes, el abordaje de La invitación sobre la apertura sexual como signo de bienestar resultan un poco demodé. Seis años no pasan en vano: lo que en la película de Cesc Gay podía resultar candente (a tono con los cuestionamientos al amor romántico que reflotaron en la más reciente ola feminista) deviene aquí una asimilación tardía por parte del mainstream norteamericano de ciertas conversaciones que se saldaron tan rápido como reaparecieron.

Queda este cine boutique, indudablemente agradable y simpático donde algunos de los mejores actores de Hollywood se divierten y flexionan sus músculos interpretativos entre tantos superhéroes y franquicias. También es un cine que propone audacia para terminar replegándose en cuatro paredes tan herméticas como ese departamento que asfixia. La reafirmación del statu quo, con el moderado sosiego que ofrece haberlo cuestionado.

(Estados Unidos, 2026)

Dirección: Olivia Wilde. Guion:

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