AMARGO Y MELANCÓLICO
Los caminantes de la calle es una rareza por el simple hecho de plantear el tema de la migración china en Argentina, una problemática casi inexplorada, existen películas sueltas que, en cantidad, no representan un corpus significativo. En este terreno inexplorado se suma una particularidad mayor: la historia transcurre en Mendoza. Dos bandas de triadas distintas se disputan sus territorios donde tienen bajo extorsión a diferentes comerciantes chinos, también tienen otro negocio oscuro relacionado a la “trata de blancas” con jóvenes traídas de China. La arista local está en la fiscal Belenguer, interpretada por Victoria Almeida, encargada de investigar uno de los crímenes de estas bandas, para ello solicita la colaboración de un agente llamado Li, quien oficia de enlace cultural y policial.
El thriller en Los caminantes de la calle aparece en forma de puntapié inicial para dar lugar a las preocupaciones temáticas de su director Juan Manuel Hsu, un descendiente de taiwaneses, acerca de los conflictos vividos por los inmigrantes. Los perfiles de los personajes parten de esos padecimientos de ser extraños expatriados en una tierra diferente, ni hablar de las mujeres cooptadas para trabajar contra su voluntad en prostíbulos. Sin embargo, la amargura desposeída de la lejanía territorial está en todos, incluso en empleadas de un bazar o en los que tienen un poder ejercido dentro de la mafia, aún en esos personajes despreciables hay una melancolía por el destierro.
El entrecruce cultural es, también, otro andarivel temático sobre el cual se pone el foco. El relato en paralelo sobre la investigación en curso se empantana al encontrarse con ciertas dificultades al tener escuchas telefónicas de los sospechosos, pero en un idioma que nadie habla. Ambas historias convergen en una sola cuando ciertos personajes se ubican en una intersección dramática, allí hay conexiones posibles con otras películas más convencionales y estructuradas sobre policías y delincuentes a los que vemos de manera alternada dentro de una organización del relato, el cual no responde a ninguna ansiedad narrativa ni mucho menos a un modo actual de consumo.
Tanto en el armado del guion como en ciertas decisiones estéticas hay referencias a Infernal Affairs de Andrew Lau y a retazos de muchas películas del cine de Hong Kong de la década de 1980. Si bien las escenas de acción tienen una quietud en los movimientos, tanto de los personajes como de la cámara, hay una semblanza de ese cine asiático en particular a contracorriente de la espectacularidad de Hollywood. Algunos podrían señalar, además, que existe una conexión con los tonos azules y violetas que tanto le gustan al danés Nicolás Winding-Refn, especialmente en el último tramo de su filmografía. Lo cierto es que Hsu escapa de esa fotografía de “telo” que para muchos es un síntoma de buen uso de la luz solo porque hay colores pasteles, en los pocos momentos en los que ese tono aparece existe una búsqueda de reflejar ese instante en un espacio determinado, no se traslada a la totalidad de la película.
Dentro del sintagma “cine argentino” hay una variante atendible que es la del cine filmado por migrantes o por descendientes de otros países, en sus lecturas también se puede seguir trazando aquello tan firme e inestable que es la identidad nacional. Así como Hijo mayor de Cecilia Kang, un estreno también de este año, planteaba un recorrido hacia atrás para pensar la vida de un padre migrante en Los caminantes de la calle la historia es hoy, desde ahora y para siempre.
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(Argentina, Perú, 2025)
Dirección: Juan Manuel Hsu. Guion: Juan Manuel Hsu, Marcelo Pitrola. Elenco: Victoria Almeida, Chien Min Lee, Andrés Alberto Tan He, Alex Kawen León Yee, Yam Pin Kon. Producción: Bárbara Herrera, Mariana Luconi. Duración: 90 minutos.









