EL PODER DE LA MÚSICA, DESDE LOS OJOS DE LOS GALLAGHER.
El poder que tiene la música sobre nosotros, los seres humanos, es constantemente subestimado. Escuchar a nuestros artistas favoritos nos provoca emociones que van más allá del simple gusto o entretenimiento personal. La música tiene la capacidad de sanar a la persona más herida y acompañar al más solitario; es un poder inexplicable, pero real. Ir a un concierto, por otro lado, transforma el poder de la música en una experiencia sublime y especialmente universal. En el concierto de tu artista favorito, te olvidas de tus problemas y de que el resto del mundo existe por una o dos horas, dedicándote a desahogar emociones y a gritar las letras a todo pulmón acompañado de cientos de desconocidos unidos únicamente por el fanatismo.
Hablar de lo que generó el retorno de Oasis – probablemente la banda de rock británica más importante de los últimos años – y, sobre todo, del reencuentro de los hermanos Gallagher, Noel y Liam, no significa sólo revisitar su gira por el mundo el año pasado, sino volver a 2024, donde tal como dijo Noel, el hermano mayor, el mundo debía tomar una breve pausa de todos los males y conflictos del momento para distraerse y animarse aunque fuera por un rato. Si tuviera que elegir una escena que definiera ese mensaje y además, representara la esencia del sentimiento de estar en un concierto y principalmente, lo que significó el regreso de la banda, sería sin lugar a dudas aquella que vemos en el primer concierto en Cardiff: entre la multitud que se va dispersando por el estadio tras el fin del show, la cámara se detiene en un joven de campera verde que, tras llorar de emoción, se echa en el piso y se desplaza sin rumbo. Después de una experiencia de tal magnitud, queda un vacío momentáneo que solo se puede llenar por los recuerdos de lo vivido.
La mejor parte de Oasis: Don´t look back in anger, documental que retrata la vuelta de los Gallagher a los escenarios tras quince años de su separación, es que no se limita a ser un simple recopilatorio de los mejores momentos de sus conciertos o un detrás de escenas. El documental escrito por Steven Knight (Peaky Blinders, Locke) y dirigido por Will Lovelace y Dylan Southern, tiene como protagonistas a nosotros mismos, las personas que fueron a sus conciertos o que nada más disfrutan de su música. Es una carta de amor no solo al grupo y a sus seguidores, sino también a la devoción por el arte y en última instancia, a la humanidad. Por lo tanto, puede disfrutarse tanto por fans como por quienes recién se acercan a su música.
Gran parte del film se aparta del foco en los Gallagher y se centra en fanáticos de distintas partes del mundo: un niño en el espectro autista que no habla nunca salvo para tararear Talk Tonight; un grupo de fanáticos irlandeses que se juntan a observar el show desde una colina; una nadadora asiática cuya amistad con una colega nació de compartir el gusto por la banda; una mujer brasileña que asegura que la música de Oasis la ayudó cuando atravesaba por una depresión (incluso tiene un perro llamado Bonehead en honor a Paul Arthurs, guitarrista de la banda); una hinchada de San Lorenzo en Argentina que inventa una barra tomando el ritmo de Wonderwall y una joven en Manchester que perdió seres queridos en un accidente. Esta comunidad universal convierte a Oasis en algo más que un grupo de rock: en una comunidad entera donde no importan las diferencias. Cada uno de estos personajes resultan tan identificables y entrañables como los propios Gallagher.
En cuanto a los Gallagher, aunque la comunidad sea la esencia del film, el foco principal sigue recayendo en Liam y Noel. Por su historia y personalidad, tranquilamente podrían ser personajes de ficción con un arco de desarrollo evidente, reforzado por el material de archivo de sus inicios. El cualcompara sus facetas rebeldes, confiadas y hasta cierto punto irreverentes de su juventud, en pleno éxito, con lo que se muestra en el presente, donde presenciamos una versión mucho más calmada y madura de los dos, donde ya no tienen nada que demostrar al mundo, pero sin perder su esencia característica. Fragmentos como Noel cantando Slide Away en el Festival ITunes de Londres en 2009, dejándolo todo mientras Liam lo observa con frustración y envidia, poseen una gran carga cinematográfica. Si no existe un film de ficción de los Gallagher, es porque no habría nadie capaz de interpretarlos mejor que ellos mismos. Lovelace y Southern juegan con esta dinámica: durante uno de los primeros ensayos tras el regreso, Liam, tal como un villano o anti-héroe de película, entra pateando la puerta a la mitad del ensayo luego de haber faltado los días anteriores. Es imposible no amar a Liam a distancia, porque de tenerlo cerca, lo más probable es que sea muy difícil de soportar.
Las peleas entre los hermanos, tan constantes que hicieron inevitable la separación, son parte del mito de Oasis, tal como se muestra al principio, similar a un reportaje televisivo. Por eso, la imagen de los dos hermanos saliendo juntos al escenario tomados de la mano resulta tan poderosa como conmovedora.
El film se sostiene por sí mismo, presenta a cada personaje y a su contexto histórico sin ser muy expositivo, no asume que todos en la audiencia conocen ya la historia. De todas maneras, los realizadores saben perfectamente que su audiencia principal son los fans. Escuchar Wonderwall, Roll with it, Don´t look back in anger, Morning Glory, The Masterplan, entre otros éxitos, en una sala de cine es un deleite, pero los momentos más valiosos del film se encuentran en los silencios: Noel y Bonehead esperando en el estacionamiento del estadio mientras oyen los cánticos del público, o cuando están ensayando y se detienen a la mitad de la canción para discutir ideas y hacer correcciones.
La reconciliación de Liam y Noel llegó en el momento justo. A pesar de todos sus problemas, lograron arreglarse y tocar juntos de nuevo, enviando un mensaje esperanzador al mundo entero. El título Don´t look back in anger, no solo remite a la canción de la banda, resume su tesis y mensaje final: saber perdonar, lo cual no significa olvidar el pasado, pero sí seguir adelante y pasar página, básicamente, no mirar hacia atrás con enojo. Tal como en el concierto, el film termina con Champagne Supernova mientras oímos las palabras emotivas de cierre de Noel sobre el perdón, que como punto negativo, sí se pueden sentir sobre explicativas debido a lo notorio que es el mensaje visualmente.
Oasis: Don´t look back in anger no destaca por un uso de los recursos cinematográficos más destacables, pero cumple. El color y la fotografía dan vida a los shows, que sumado al montaje que alterna entre planos del público y de la banda tocando, los cuales se ven como obras pictóricas individuales, otorga la experiencia de estar ahí en vivo. Lo más valioso es su exploración de la banda detrás de los escenarios y de cómo cinco personas – Liam, Noel, Bonehead Arthurs, Andy Bell y Gem Archer – fueron capaces de crear una comunidad capaz de unir al mundo entero, aunque fuera por unas horas. Steven Knight logró plasmar en dos horas lo que significa la música para la gente, tomando a Oasis como ejemplo. No hace falta ser devoto del grupo para poder gustar de este documental, porque todos tenemos nuestros gustos y artistas favoritos que nos han acompañado en los momentos más difíciles y nos podemos identificar. Los Gallagher son los Caín y Abel del rock n roll, pero con un buen final, al menos por ahora.
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(Raino Unido, Estados Unidos, 2026)
Dirección: Will Lavelace, Dylan Southern. Guion: Steven Knight. Con: Noah y Liam Gallagher. Producción: Sam Bridger, Guy Heeley. Duración: 122 minutos.









