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Cine

Crítica de “El corazón de la bestia” (Heart of the Beast), film dirigido por David Ayer

EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE

“Soy hombre y por lo tanto ninguna cuestión humana me es ajena”, sentenció hace más de dos mil años, Terencio, aquel lúcido poeta cartaginés.

En el reciente opus de Ridley Scott, La guerra de los últimos, existía un destacado rol para el perro del protagonista. En un mundo devastado, con gran parte de la humanidad diezmada, cuanto más lugar puede ocupar un animal fiel junto a la idea de sobrevivir a toda costa.

En este caso, El corazón de la bestia, la idea es llevada más al extremo. ¿Qué ocurre entonces sí el fiel acompañante del hombre: vive, siente, recuerda y sufre a la misma medida que su amo? Aquí la humanidad no fue diezmada, ni se vivió una pandemia o un acontecimiento fatal, si no que el huraño James, el personaje de Brad Pitt –en estado de gracia– deambula por las lejanas y despobladas tierras de Alaska en un pequeño avión preparado para amerizar. En el filme de Scott el perro también se movía en el avión de su amo, con total soltura, casi como un copiloto humano.

Tanto David Ayer como su productor y hacedor del proyecto Damien Chazelle –el genial director de Whiplash y La La Land– tuvieron de seguro en su mente varios filmes de supervivencia extrema. Es interesante el punto de contacto con una película medio olvidada de 1997, con guión de el gran David Mamet, como fue Al filo del peligro (The Edge) con Anthony Hopkins y Alec Baldwin, cuya avioneta se accidentaba también en Alaska y debían sobrevivir, entre otras adversidades, al acecho de un oso.

James es un sargento retirado de la fuerzas especiales, con varias terribles guerras en sus papiros, junto al recuerdo de su batallón asesinado, que conserva a Odín, su perro de rastreo especialmente entrenado. Juntos, se mueven por esa vasta naturaleza, que al lado del agua se siente aún más especial. Toda la trama se desarrolla en Alaska aunque gran parte fue filmada en Nueva Zelanda.

El director norteamericano David Ayer, que fue Marine y submarinista, fue responsable de producciones como Corazones de acero (Fury) que lo unió a Pitt por primera vez en 2014, y alguna de las últimas mejores incursiones de Jason Statham, pone todas su habilidades en la trama de un debutante guionista como Cameron Alexander, para darle un vuelo y soltura a la unión del hombre y la bestia, que deben sobrevivir a todo tipo de adversidades, en un terreno que se va volviendo cada vez más hostil, a medida que las circunstancias se van complicando.

Pese a algunos subrayados sobre todo en la parte final, podría aventurarse que el filme de Ayer y también de Pitt, ambos a su vez son productores, resuena como antibelicista, donde la historia posee ecos sobre la inutilidad de la guerra, el stress post-traumático, la brutalidad de la humanidad y de los animales, pero también la bondad y buen espíritu de ambos.

Especial mención merece Brad Pitt, que a sus casi 63 años no tiene por que demostrar algo nuevo para ser considerado como una de las leyendas del cine de los últimos 30 años. Quizás fue a partir de El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford de 2007 que su dotes actorales comenzaron a tomar otro vuelo. Aunque siempre lo intentó y se fue superando película tras película: allí están Kalifornia, 12 monos (ganó un Globo de Oro y logró su primera nominación a un Oscar) y El club de la pelea para demostrarlo.

Aquí, en El corazón de la bestia, Pitt logra despojarse de cualquier sobreactuación y artilugio para estar completamente rendido a la historia de un militar retirado, que hasta refunfuña por cruzarse a un viejo sabio entre tanta inmensidad –pequeño y gran papel de J. K. Simmons–, y a las dotes de Odín, el ovejero alemán, quizás el verdadero protagonista de esta conmovedora película que deleitará, tanto a los amantes del género de la supervivencia como a cualquier persona que pudo haber experimentado alguna vez el amor y entrega incondicional de un animal.

(Estados Unidos, 2026)

Dirección: David Ayer. Guion: Cameron Alexander. Elenco: Brad Pitt, J.K. Simmons, Anna Lambe. Fotografía: Mauro Fiore. Edición: Dody Dorn. Música: Jared Michael Fry. Duración: 101 minutos.

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