A Sala Llena

[20] BAFICI | Expiación

(Argentina, 2018)

Dirección, montaje y sonido: Raúl Perrone. Guión: Raúl Perrone y Damián Zeballos. Elenco: Cristian Jensen, Inés Urdinez, Gustavo Marzo, Daniela Cometo. Producción: Raúl Perrone y Pablo Ratto. Operadores de cámara: Raúl Perrone y Lara Seijas. Dirección de arte: María Paula Trota. Música: Andrés Villaveiran. Duración: 87 minutos.

Todo encierro es político. El territorio cercado puede ser una prisión, una casa, una ciudad. Pero el encierro implica un límite, y el límite lo marca alguien. Entonces hay una disputa por la ubicación del límite. Y también se debate quién cae de qué lado.

El nuevo film del mutante Raúl Perrone, Expiación, trata sobre cuatro personajes enclaustrados en una casona antigua. No sabemos por qué, pero descubrimos, con el correr de los minutos, que el año es 1976 y acaba de estallar la dictadura militar. Suponemos que los protagonistas se están escondiendo. Seguimos su rutina diaria y escuchamos sus reflexiones y conversaciones.

Por momentos densa e hipnótica, Expiación construye un espacio enrarecido. Lejos del cine mudo con el que coqueteaban P3ND3J0S y Samuray-S, acá nos adentramos en un universo distinto, más hablado, gélido, inerte. Los personajes parecen existir en un sueño o un limbo. Son como fantasmas o muertos vivientes. La cuestión no es sólo sobrevivir sino, más bien, revivir.

Hay mucho cine sobre el encierro y el aislamiento. Y casi siempre incluye una dimensión política. En Tsai Ming-Liang, los taiwaneses que pululan por cines antiguos o departamentos decrépitos son seres olvidados, por el tiempo o el sistema. Los lituanos mudos de Sharunas Bartas, recluidos en mansiones o pueblos decadentes, sufren el trauma de la transición poscomunista, sin horizonte, voz o historia. Y en Nostalgia y El sacrificio, las dos últimas ficciones del ruso Andrei Tarkovsky, ambas rodadas desde el exilio, la locura y el hermetismo aparecen como respuestas ante el inminente fin del mundo.

En Expiación, con el país en llamas, los protagonistas construyen una nación alternativa. Hay dos países, el de la casona y el de Videla. En un caso, el tiempo se detiene; en el otro, continúa sin piedad. Por eso las dudas y planteos: qué hacer, por qué luchar, cuándo darse por vencido.

La forma de trabajo de Perrone, siempre activo y experimental, le confiere a sus películas el encanto -y las debilidades- de un borrador. Su cine se hace rápidamente, a veces improvisadamente. De su método surgen obras vitales, no necesariamente redondas. En el caso de Expiación, pueden resultar irritantes algunos monólogos, obvias algunas metáforas, inconsistente el ritmo. En lo personal, este rumbo estético no me entusiasma tanto como la etapa abierta por P3ND3J0S en 2013. Pero, aunque un film de Perrone sea ocasionalmente tedioso, nunca es verdaderamente aburrido. Sólo lo predecible aburre.

 

 

© Guido Pellegrini, 2018 | @beaucine

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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