A Sala Llena

Luca

FELLINI EN PÍXELES

No hay revolución que dure 25 años. La de Pixar, por ejemplo, terminó probablemente con Wall-E, donde integraba tres registros diferentes: animación hiperrealista, animación caricatural, acción en vivo en un todo coherente. De allí en más, la firma que cambió el cine de modo definitivo (y necesitamos un libro para explicarlo, solo crean la premisa) se convirtió en un estudio más dentro de una empresa aun más grande (Disney). Eso no es malo ni bueno en realidad: simplemente, es. De Pixar podemos esperar siempre perfección técnica pero no siempre buenas películas. Lo que alguna vez fue casi infalible, hoy ya no. La revolución terminó, y como el término implica, hemos dado una vuelta completa. Pasa con todo hallazgo y toda vanguardia triunfante: se vuelve lo normal.

Desde hace un tiempo, sin embargo, Pixar parece tener tres tipos de películas: aquellas en las que intenta innovar, las franquicias (Toy Story, Cars, Los Increíbles, Monsters Inc., Buscando a Nemo, todas con secuelas a veces excelentes, a veces, no) y aquellas donde solo cuenta una historia. Con excepciones (porque la excelencia técnica muchas veces hipnotiza el ojo), las mejores siguen siendo las últimas. Hemos hablado ya de Soul y su intento de explicar el Sentido de la Vida con una moraleja aleccionadora imposible, que dinamita las propias reglas que impone su guion, Y también hemos dicho que Unidos es mucho mejor, una película a la que habría que prestarle atención porque, como pocas en los últimos años, hunde el cuchillo en el sentido de nuestra relación con la fantasía. Luca está en la misma vena que Unidos, ambas declinaciones del principal tema de Pixar como factoría de ideas: el contacto entre un universo fantástico y otro, cotidiano. El de los monstruos con los humanos, el de los juguetes con los niños, el de los superhéroes con la sociedad, el de los cocineros y ¡las ratas!… fíjense que de la ruptura de esa membarana que separa la fantasía de la realidad siempre nace el relato, el drama y la comedia de cada una de las (muy buenas y excelentes) películas de Pixar. Uno de los grandes problemas de Intensamente y Soul es considerar que la mente y el Más allá son lugares con una lógica de acero que puede narrarse. En particular el segundo caso es complicado: en su afán por no quedar mal con nadie disuelve lo que no es más que religión en seudociencia new age de póster. 

Pero con Luca esto no pasa: es apenas un cuento sobre chicos que transcurre en una islita italiana. Hay chicos “monstruos marinos” que quieren conocer el mundo “de arriba”. Todo transcurre en los años cincuenta de La Strada (hay un visible póster de la película) y ese pop/jazz peninsular que recorre gran parte del cine de esos años. El sueño de uno de los chicos/monstruos es una Vespa; y todo recuerda sobre todo el ambiente de las primeras películas de Fellini. De hecho, el plano final de la película proviene directamente de Los Inútiles, y algo del espíritu de esa película se cuela en el “villano” del filme. Por supuesto, todo gira alrededor de la aceptación de los diferentes. Es raro: eso es lo que viene pasando justamente desde Wall-E. Si gran parte de la potencia de las películas de Pixar consistía en que el contacto, un vez establecido y resuelto el drama, se cerraba, desde la historia del robotito con alma eso cambió. No por nada Los Increíbles 2 termina con el regreso de los superhéroes (la primera culminaba con mantenerlos ocultos). Luca es una película buena porque el cuento y sus habitantes viven por sí mismos, sin necesidad de volverse instrumentos de la moraleja (exactamente el gran error de Soul, un equívoco antes que un film). Y porque, como el mejor Fellini, también, transmite la melancolía por un mundo perdido por eso tan normal como el paso del tiempo.

Pero es cierto, la revolución ha terminado con el cierre de la grieta entre lo fantástico y lo cotidiano, que por otro lado -y quizás aquí hay algo pesimista- no lleva a la Humanidad a vivir en el mundo de la magia sino a la domesticación de lo fantástico. Es un regreso, una vuelta completa. De aquellos juguetes que sabían que el paso del tiempo iba a dejarlos fuera de juego a estos monstruos marinos que optan por ir a la escuela lejos de las fascinantes profundidades del mar, hemos recorrido todo el camino hasta el fin. Si hasta el universo definitivo de la Muerte es parte ya de nuestro día a día (Coco). Probablemente, entonces, Pixar seguirá proveyéndonos de buenas y excelentes películas, de imágenes emocionantes, de personajes únicos. Pero el mundo de lo posible, de lo inventado, de lo que quizás no ha sido definitivamente domesticado. Luca demuestra, finalmente, que la animación se ha vuelto una vestimenta para la nostalgia, y no ya un campo donde todo es posible.

calificacion_4

 

 

 

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

(Estados Unidos, 2021)

Dirección: Enrico Casarosa. Guion: Jesse Andrews, Mike Jones. Voces: Jacob Tremblay, Maya Rudolph, Jack Dylan Grazer. Duración: 95 minutos.

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