A Sala Llena

[20] BAFICI | Season of the Devil

(Filipinas, 2018)

Dirección, guión, montaje y dirección de arte: Lav Diaz. Elenco: Piolo Pascual, Shaina Magdayao, Pinky Amador, Bituin Escalante, Hazel Orencio. Producción: Bianca Balbuena y Bradley Liew. Productor ejecutivo: Gan Hui Yee. Fotografía: Larry Manda. Sonido: Corinne De San Jose. Duración: 234 minutos.

Se suele decir de Lav Diaz que es difícil e intimidante. Sus largometrajes pueden ser eternos, de ocho horas o más. Sus tópicos predilectos no derraman alegría: el terrorismo de estado, la identidad filipina, el olvido. Su estética es áspera: extensos planos, de varios minutos, en blanco y negro, con la cámara fija. Y en Season of the Devil se suma un detalle más: prácticamente todos los diálogos están cantados, como en Los paraguas de Cherburgo de Jacques Demy. Excepto que, en este caso, no hay música sublime de Michel Legrand sino tristes canciones -casi lamentaciones y elegías- escritas y compuestas por el mismo Diaz.

Sin embargo, Season of the Devil es más accesible de lo que parece. Dura “sólo” cuatro horas. Y, como otros films de Diaz, adopta una estructura narrativa relativamente tradicional, que remite a las grandes novelas del siglo XIX. La mirada panorámica del director filipino aborda momentos históricos como si fuera un Victor Hugo o Dostoyevski moderno.

La película está ambientada en 1979, durante el régimen de Ferdinand Marcos. Gran parte de la trama transcurre en un pequeño pueblo rural dominado por paramilitares. En este paisaje selvático, una voluntariosa médica, Lorena, instala una clínica y no tarda en meterse en problemas con los uniformados. En otra localidad la espera su esposo, Hugo, un reconocido poeta de altas convicciones políticas, que, sin su amada, cae rápidamente en el alcohol, la depresión y la apatía. En sus momentos de mayor introspección y ebriedad, comparte el plano con la fantasmal Cuentista, así en mayúsculas, una presencia imaginada o fantástica que lo insta a movilizarse y reencontrarse con Lorena, si es que todavía sigue viva.

Están nítidamente identificados los héroes y los villanos, los opresores y los oprimidos. No hay espacio para los matices o las sutilezas. Sería válida la comparación con, digamos, la recientemente estrenada Ready Player One, que también propone un enfrentamiento entre el pueblo y una fuerza militarizada que actúa como gobierno, policía y juez. El camino del protagonista, del ensimismamiento hacia la responsabilidad social, no difiere tanto del que recorre el gamer estadounidense de Spielberg. (Lo que sí es brutalmente distinto es el final).

Ahora bien, hay obvias diferencias entre una película y la otra. Diaz, como se sabe, extiende la duración de sus planos, alarga los tiempos. Pero también toma distancia de mucho cine contemplativo. En Season of the Devil, la cámara generalmente no se detiene ante las cosas; sí ante las personas. No retrata la inmovilidad (o si lo hace, como cuando Hugo se hunde en la desesperanza, es porque los personajes se resisten al movimiento, es decir, a la revolución). Los planos son largos pero activos: algo siempre está sucediendo o por suceder, aunque lentamente. Incluso, algunos planos, como los que retratan confrontaciones entre pueblerinos y paramilitares, son como microrrelatos. Hay una apertura del conflicto, un ida y vuelta, la música se vuelve una herramienta de poder o resistencia, y todo deriva en violencia o en la promesa de violencia. Es un baile macabro.

En otras ocasiones, la propuesta musical de Diaz no es tan efectiva. Hay escenas que parecen la reiteración de otras. El exasperante conflicto interno de Hugo -si comprometerse o no, si ir en busca de Lorena o no- nos ocupa durante al menos dos horas y varias canciones. En una película de Diaz, nada ocurre sin motivo, pero los motivos no siempre nos rescatan del tedio.

De todos modos, Season of the Devil es una épica envolvente. No es una rock opera, como la describió -probablemente con una sonrisa- el mismo Diaz. Pero sí alcanza el terreno de lo mítico, al que aspira el filipino. Si casi siempre hay personas en el plano, moviéndose o deliberando cuándo moverse, es porque así ocurren los cambios sociales, a través de un dinamismo prolongado en el tiempo.

 

 

© Guido Pellegrini, 2018 | @beaucine

Permitida su reproducción total o parcial, citando la fuente.

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