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CRÍTICAS - CINE

El bufón (The Jester)

 

I’m diggin’ all the way to China with a silver spoon

While the hangman fumbles with the noose, boys

The hangman fumbles with the noose.

ERA JODA Y QUEDÓ

Una película siempre agradece un villano icónico. Ni hablar si responde a los cánones del género de horror. Menos que menos cuando se trata de un slasher, subgénero que está disfrutando una nueva oleada de exponentes que se alejan del ánimo deconstructivo de los últimos años para volver a las raíces, a un ímpetu más urgente y elemental. El bufón tiene un villano icónico: un enigmático personaje de galera, traje naranja y una máscara ensamblada en una fábrica de pesadilla, que asesina con crueles trucos de magia a la vez que mantiene un férreo mutismo. Hay algo que no es de este mundo en el Bufón, algo que parece vincularlo con oscuras fuerzas sobrenaturales y con el cual el director Colin Krawchuk consigue algunas imágenes escalofriantes, especialmente cuando lo filma a distancia. El bufón es un gran villano: acaso también sea la única virtud de la película.

A contramano del slasher seriado al cual nos hemos acostumbrado (en el cual el asesino ultima víctimas más o menos identificables), El bufón busca encuadrarse dentro de un drama familiar. En la secuencia inicial, un padre (Matt Servitto) intenta reconectar por teléfono con su hija Emma (Lelia Symington). Es inútil: años de desidia han alimentado el resentimiento de la hija, que fue abandonada por el padre cuando este decidió conformar otra familia. El hombre se lamenta y detrás de él aparece la sórdida figura del villano, que lo ahorca de tal manera que la muerte parece un suicidio. En el velorio se encuentran Emma y Jocelyn (Lelia Symington), la hija del otro matrimonio del fallecido padre. Entre ellas hay tensión e interés: comparten la sangre, pero la preferencia del padre es para Emma una ofensa demasiado dolorosa. Alrededor de ellas empezará a merodear el siniestro Bufón, una especie de manifestación del estigma familiar que enreda a las hermanas en una elaborada broma macabra, manipulando sus peores sentimientos alrededor del vínculo.

Le premisa es atractiva pero la ejecución es, por momentos, lamentable. Entre los créditos de producción aparece el nombre de Eduardo Sánchez (responsable junto a Daniel Myrick de aquel hit inmenso que supuso Proyecto Blair Witch hace 25 años), del cual Krawchuk parece haber aprendido poco. Hay maximalismo dramático, con actuaciones muy afectadas que vacían de intención a los diálogos de por sí precarios; hay muertes, algunas realmente creativas, en las cuales Krawchuk es generoso en vísceras e imágenes desagradables (aunque muy lejos de Terrifier, de la cual resulta casi un producto derivado); también hay un amague interesante de final trágico, que termina reculando para ofrecernos uno tranquilizador, sin siquiera la sugerencia de una posible secuela. Menos genérica de lo que parece pero igualmente mala, con sugerencia o no de continuación, es casi inevitable que nos crucemos con alguna secuela de El bufón en el futuro cercano, mientras el género continúe su bonanza y un villano icónico siga siendo valorado.

(Estados Unidos, 2023)

Guion, dirección: Colin Crawchuk. Elenco: Michael Sheffield, Lelia Symington, Delaney White, Matt Servitto. Producción: Brian Clarke, Patrick Ewald, Carlo Glorioso, Ted Hentschke, Chad Horn, Cory Okouchi, Katie Page. Duración: 90 minutos.

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