A Sala Llena

El Cielo Otra Vez

(Argentina, 2014)

Dirección y Guión: Gustavo Alonso. Producción: Noemí Fuhrer, Jorge Rocca y Graciela Mazza. Distribuidora: Independiente. Duración: 65 minutos.

Un nuevo documental fantasma.

Hay un vendaval de documentales argentinos que tiene como único posadero al cine Gaumont, frente al Congreso Nacional. Casi nadie se entera de la existencia de estas obras y además pasan a un estado vegetativo: se ubican entre el puñado de proyecciones en el cine y la salida incierta a un formato hogareño. Lamentablemente, muchos de ellos no evidencian méritos para un estreno en salas de cine, más bien parecen productos de un medio televisivo. Lamentablemente, El Cielo Otra Vez se inscribe dentro de esta clase de documentales- espectros, y probablemente opere algún tipo de injusticia porque la temática elegida es innegablemente urgente.

Más allá de mostrar el esfuerzo del Dr. Luis Jacome en liberar a los cóndores andinos criados en cautiverio bajo su dirección en el Zoológico de Buenos Aires, la historia se pierde en un intento por nutrir a este vector narrativo de carriles secundarios, que engloban -a su vez- ciertas cuestiones como lo espiritual o el significado de la prolongación de la existencia de un ave en peligro, como lo es el cóndor. Ciertamente estos carriles no entorpecen la historia pero parecieran mostrar otras posibilidades para un mismo tema, y no funcionan como liberadores de presión para la trama principal, la del mencionado Dr. Jacome. Pero como en la gran bolsa de documentales estrenados en este último tiempo, El Cielo Otra Vez descansa en el modo “piloto automático” de su historia hasta alcanzar el final previsible despojado del dramatismo pertinente, casi una constipación del relato que deja a la historia atorada, en el mismo tono fantasmal que sus compañeras del formato documental que se estrenan semanalmente en la cartelera argentina… o más bien sólo en el cine Gaumont.

calificacion_2

Por José Tripodero

 

Las alas del deseo.

El crítico de cine James Agee decía que el cine nos acerca al mundo. A veces nos aproxima a un mundo que ya conocemos pero, como los ojos ajenos ven distinto a los propios, ese mundo no es el reflejo que observamos cotidianamente. Y también existe ese otro mundo que atesora la mirada de la cámara, el mundo oculto, desconocido. El director de El Cielo Otra Vez elige filmar aquel mundo que no vemos, un mundo totalmente virgen para nuestro intelecto. El tercer documental de Gustavo Alonso -en 2003 estrenó La Vereda de la Sombra, película que recorría la vida del periodista Fabián Polosecki, y en 2007 llevó a la pantalla Rompenieblas, una Historia de Psicoanálisis y Dictadura, película que, como el título lo indica, explora la tarea de la escuela freudiana durante el proceso- pone el foco en un ave de color negro: el cóndor andino. Lo cierto es que ese bellísimo e hipnótico animal que según los incas transporta el alma del muerto al cielo, no sería protagonista de la película sin el Dr. Luis Jacome, impulsor principal del Proyecto Cóndor, cuya misión es incubar y criar a los pichones en cautiverio para conservar la especie. Cada uno de los integrantes del equipo que lleva adelante esta ardua tarea le habla al espectador sin intermediarios ya que el director no interrumpe la palabra de los entrevistados. El abanico de voces dibuja plano a plano las diferentes etapas de la reinserción del cóndor en la meseta y -a través de esas anécdotas- se filtran algunas historias personales muy valiosas.

Con más de 20 años de continuidad y 49 pichones nacidos, el Proyecto Cóndor también se ocupa de difundir esta problemática y, en ese sentido, El Cielo Otra Vez adquiere un rol más importante: concientizar al espectador sobre un conflicto silencioso. El problema de la funcionalidad del cine es que el lenguaje queda reducido a un plano didáctico, convirtiéndose en un programa televisivo sin mirada autoral como La Aventura del Hombre: el qué por sobre el cómo. La música original de Lolo Micucci invade los planos aturdiendo las imágenes, olvidando que los sonidos de la naturaleza también componen melodías. La decisión de musicalizar las secuencias en donde las aves planean nos distancian de ese árido paisaje impidiéndonos escuchar los silbidos del viento. “La naturaleza habla y uno nada más tiene que escuchar”, cuenta uno de los entrevistados. Sin embargo, y a pesar del tono educativo, varias escenas del documental logran conmover a un espectador de corazón helado: el respeto que siente el Dr. Luis Jacome y su equipo por el cóndor andino es tan inabarcable que consigue amigar a la ciencia con la espiritualidad. Cada vez que nace un pichón, rezan en conjunto y piden por su liberación. “Es un trabajo espiritual, con uno, con los compañeros de trabajo, con los animales y con el entorno”, afirma con emoción uno de ellos. La mayor virtud de la dirección de Alonso reside en hacer visible la labor de quienes forman el Proyecto Cóndor, haciéndonos creer que (casi) nada es imposible.

calificacion_3

Por Maia Debowicz

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