A Sala Llena

El Dictador, según Nicolás Spalek

You are the last great dictator

Por esas cosas que tienen las fechas de estreno, en una misma semana llegan dos comedias que emplean motores totalmente distintos para generar risa. Por un lado, la versión Farrelly de Los 3 Chiflados; por otro, una nueva provocación de Sacha Barón Cohen: El Dictador. Pero la segunda es la que importa en este caso. Honestamente,  no sabía qué esperar de esta especie de trilogía dirigida por Larry Charles y protagonizada  por Baron Cohen -que también fue coguionista-. Primero vino la sorpresa que fue Borat y después la decepción de Brüno -el padre de la criatura que deja de lado los experimentos sociales que buscan la “reacción genuina” para dar lugar a la ficción-.

Esta vez tenemos a un dictador -llamado Aladeen- que gobierna desde los 7 años un país africano tan autoritario como rico en petróleo. Adulto pero con actitudes de adolescente, su custodia privada está formada por mujeres que tranquilamente podrían ser parte de un desfile de Victoria’s Secret. La posición de Aladeen se ve obstaculizada cuando la ONU amenaza con desplegar sus fuerzas si no abandona su ambicioso plan nuclear. Obligado a viajar a Estados Unidos, conocerá lo que es una verdadera “democracia”.

Si bien el protagonista va evolucionando hasta convertirse en un ser algo más simpático, El Dictador se rige por la incorrección política y el absurdo para motorizar la comedia. Otros pilares son los juegos de palabras, los diálogos ingeniosos y algo de slapstick. La película también funciona porque es autoconsciente de que es un elemento pop, y por la forma en la que se burla desde ese lugar: al reírse del movimiento feminista/pacifista/igualitario o de otros dictadores contemporáneos; al hacer humor con una Megan Fox calificada como una mujer “que hizo valer hasta el último centavo”; y en el final cuando repasa los beneficios de una dictadura como la de su país frente a los de la democracia estadounidense en un afilado monólogo.

No estamos ante un ejemplo revolucionario del género pero sí ante un film con influencias Allenianas en el guión, y con un personaje que no es antipático en toda su dimensión. Todo encastrado en menos de hora y media. Eso ya es algo.

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