A Sala Llena

El Lugar

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El Lugar

Puesta en Escena y Dirección General: Omar Ottomani. Dramaturgia: Carlos Gorostiza. Producción: Laura Piñeyro. Escenografía: Agustín Rojo. Banda Sonora: Tonio Elese. Intérpretes: Sonia Pepe, Omar Ottomani, Jorge Alarcón, Marcelo García, Iván Steinhardt, Mónica Rossi, Abel Lisman. Prensa: Renato Elese.

No hay lugar para todos

El absurdo es el teatro más cínico y crítico que existe. El absurdo no se puede encasilla dentro de la comedia, aunque puede provocar risa, el absurdo contiene humor negro, pero puede tratarse de humor negro en un contexto dramático. El absurdo se opone al naturalismo, el realismo, al efectismo, al costumbrismo. El absurdo tiene un lenguaje propio que hace que cada obra sea única, y por lo tanto genere múltiples lecturas. Hace pocas semanas hablábamos de la contemporaneidad que siguen teniendo las obras de Harold Pinter hoy en día, uno de los máximos representantes de este movimiento. Si aún después de 50 años, Pinter nos parece actual, ¿que podemos decir de Carlos Gorostiza, que sigue vivo, vigente y es de nuestros pagos?

El Lugar es una obra escrita hace 41 años, pero bien podría haber sido redactada ayer. Su valor cultural y político no se ha modificado.

La pieza empieza en forma bastante costumbrista. Mario llega con su caña de pescar y su bolso a un lugar vacío, que solo tiene sillas, un baño y una ventana. Parece que va a estar tranquilo hasta que llega Ángela. No es un error. Un tal Morgan los puso ahí. Y así van cayendo otras personas: Ortiz, el que busca salir de la rutina, la pareja que no está de luna de miel, el joven guitarrista y un viejo que no es abuelo. Todos, en realidad se presentan por lo que NO son. Lo que SON cobra poco sentido en realidad. Y la obra parte de esta base absurda para hablar de la NO identidad. El ser con mayor identidad, en realidad, es Morgan, una suerte de Gran Hermano dionisio, que al igual que Godot, todos conocen pero nunca se hace presente.

Crítica social acerca del encierro y los prejuicios sociales, la falta de memoria de los pueblo, la ausencia de una identidad colectiva, El Lugar es una obra oscura, muy oscura, que comienza teniendo altercados divertidos para convertirse en un texto siniestro, casi aterrador, sobre la banalidad de la vida y la muerte para el “otro”. Existencialista y metafórica, El Lugar muestra personajes comunes, demasiado comunes, marginalizados de la sociedad, y Gorostiza con un poco de sadismo y morbo, los va juzgando y ejecutando uno por uno. Seres olvidados, abandonados, patéticos.

En clave costumbrista que se va convirtiendo en grotesca la puesta de Omar Ottomani es fidelísima al texto original y agrega elementos surrealistas de una puesta de 1981, que acentuaron el nivel de absurdo de la original de 1971.

Siempre en tono simbólico, Gorostiza ha sabido esquivar con inteligencia la censura de los gobiernos de turno, para darle un tono atemporal y universal a su obra.

La puesta de Ottomani respeta dicho tono especialmente con la dirección de actores en donde brilla principalmente el mismo Ottomani como Mario y Jorge Alarcón como Ortiz en un duelo interpretativo con momentos notables.

Sin embargo, el director e intérprete incrementa la tensión y el suspenso innecesariamente con efectos lumínicos y musicales, que terminan por darle un impacto redundante a la acción y el texto que se sostienen sin necesidad de agregarle elementos extra narrativos. El uso de apagones es aplicable y esta perfectamente usado, pero en cambio generar anticipación a través del cambio lumínico y musical termina por develando la sorpresa, y por lo tanto, la misma pierde efecto. Por otro lado, en varios momentos el volumen de la banda sonora está  demasiado fuerte y por lo tanto, los intérpretes deben esforzarse demasiado para hacerse oir, y esto en un teatro con tanta reverberancia como el de Luz y Fuerza es contraproducente, porque el sonido rebota demasiado, y por lo tanto los diálogos por momentos se pierden en la inmensidad de la sala.

Y si de música hablamos, es una lastima que la canción que figura en el texto original haya sido llevada a una interpretación rockera y no melódica como deja entrever Gorostiza, pero se trata de una lectura relativa y mirada diferente entre el director y este redactor, no solamente de la función de la canción en el texto, sino del personaje del joven guitarrista – como visión personal, dicho personaje era más divertido en el original, cuando se trataba de un típico hippie setentoso que ahora, que se parece a un rockero sin demasiada identidad musical.

Pero estos adicionamientos no le quitan poder a un texto maravilloso, que interpretado al pie de la letra por un elenco sólido y de gran nivel como el que tiene Ottomani entre manos, logran sacar adelante una obra extensa, difícil, contradictoria, repleta de códigos internos y simbología. Celebremos, pues, el regreso de una obra de Carlos Gorostiza al teatro porteño.

Teatro: Teatro Luz y Fuerza – Perú 823

Funciones: Viernes y Sábados 23:00 Hs

Entrada:  $80 – $70

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