A Sala Llena

El Pacto (The Pact)

(Estados Unidos, 2012)

Dirección y Guión: Nicholas McCarthy. Elenco: Caity Lotz, Kathleen Rose Perkins, Haley Hudson, Sam Ball, Mark Steger, Agnes Bruckner, Casper Van Dien. Producción: Ross M. Dinerstein. Distribuidora: Cinemátiko. Duración: 89 minutos.

Sobre la dialéctica visual…

No cabe duda que el terror no sólo funciona como una serie de engranajes narrativos que pueden expandirse o contraerse según los caprichos de los realizadores de turno, más allá de la superficie podemos hallar dos capas internas complementarias. Por un lado es posible considerar su régimen discursivo subyacente, de raigambre nihilista, para el que “el otro” es casi siempre un agente destructor que desencadena la locura, la muerte o una “reinvención ideológica”. También se puede pensar el núcleo más fiel de su público, el cual se mueve como una gloriosa secta masoquista para la que las sorpresas de antaño suelen escasear.

Así como toda “pulsión cinematográfica” no es más que un eterno volver al placer de los relatos modelizadores de la infancia, el horror para muchos queda empardado con lo desconocido, lo inaprehensible del mundo circundante. De un tiempo a esta parte es sabido que las propuestas más valiosas -ya sea en términos clasicistas o renovadores- llegan desde geografías alternativas a Hollywood o a veces provenientes del marco independiente norteamericano. De hecho, este es el caso de El Pacto (The Pact, 2012), una obra interesante y bastante eficaz que combina distintos ingredientes por demás habituales.

La historia es muy sencilla y se centra en Annie (Caity Lotz), una mujer desesperada en busca de su hermana y su prima, ambas desaparecidas misteriosamente. Como en otras ocasiones, aquí una vez más un oscuro pasado familiar y una presencia fantasmal se entrelazan en un desarrollo progresivo que toma prestados motivos tanto del J-Horror de la década pasada como del thriller hardcore de los 90. Demostrando que no hacen falta de por sí presupuestos inflados ni grandes estrellas, la ópera prima de Nicholas McCarthy se destaca por su meticulosa ejecución de una premisa melodramática tan antigua como el ser humano, vinculada al dolor, la injusticia y aquella proverbial necesidad de venganza.

Resulta notable que un proyecto deseche en buena medida los diálogos y se juegue por el apuntalamiento de una dialéctica visual en la que cada plano está perfectamente cronometrado, conformando en conjunto un todo armónico que incrementa la tensión en los puntos exactos a partir de un minimalismo formal de inclinación ascética. Exprimiendo los resortes prototípicos del género para reducirlos a su esencia más pura, carente de los artilugios más bobos de los que el mainstream hace uso y abuso, McCarthy construye un film muy ameno que va mutando con solvencia y sin traicionar su estructura, principalmente gracias a una fotografía en plena consonancia con la dimensión temática…

calificacion_3

Por Emiliano Fernández

 

A mitad de camino.

Las pocas virtudes de El Pacto ya están presentes en su primera secuencia. Una joven llega a la casa de su madre –recientemente muerta- para pasar la noche allí hasta el momento del funeral. El manejo del tiempo, el clima generado, la construcción del espacio, todo contribuye para que en pocos minutos entremos en ese estado de extrañeza que todo relato de horror-fantástico debe ofrecer. Este comienzo prueba que el director debutante Nicholas McCarthy maneja muy bien ciertas cuestiones formales, y hasta incluso se muestra imaginativo para resolver algunos momentos, como por ejemplo el del diálogo entre la joven protagonista de esta primera secuencia y su pequeña hija, que resulta sugestivo y aterrador.

Estos aciertos, que a lo largo de los minutos se irán repitiendo, no alcanzan sin embargo para que El Pacto sea un film de horror-fantástico valioso. ¿Por qué? Porque así como acierta en el aspecto formal, McCarthy no consigue ir más allá de la mera representación, limitándose a poner en circulación elementos consignados para provocar susto y nada más que susto. Se trata, claro, de un signo de los tiempos: el del cine a medio camino, a medio hacer, destinado a errar sin rumbo porque no tiene un centro del cual partir ni al cual volver. Muchos podrán decir que alcanza, en el caso específico de una película de horror-fantástico, con que genere una buena dosis de espanto. Siguiendo ese razonamiento, a una comedia le alcanzaría simplemente con generar risas, y podríamos continuar así con el resto de los géneros. Pero de aceptar este planteo, estaríamos empobreciendo de manera imperdonable los fines del arte y la riqueza simbólica que puede alcanzar. Y también desperdiciaríamos –negaríamos- nuestras propias capacidades de apercepción y de lectura de esa dimensión simbólica.

El Pacto se queda en la superficie. Es verdad que circulan en la puesta muchos elementos (cuadros, figuras, cruces, nombres, una iglesia) que remiten al catolicismo, y que en ellos podría haber un más allá de lo puramente superficial. Pero todo eso no es más que un maquillaje, porque en realidad no son más que piezas agregadas para que disimulen, con su propio valor en sí y exterior al relato, la total ausencia de una “segunda historia” que parta de la propia de la puesta en escena de la película.

calificacion_2

Por Sebastián Nuñez

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