A Sala Llena

El Precio de la Codicia, según Uriel De Simoni

El cero absoluto

Poco casual resulta un paralelismo entre este filme que me lleva a redactar las líneas que en este momento leen, para con el plan del reset económico/social que plantea el Fincher de El Club de la Pelea (Fight Club, Estados Unidos, 1999). Es que así, con sus diferencias y accidentes del causal y el efecto, se plantea una reforma y una vinculación al orden y estatuto monetario mundial por pertenecer el carácter central al epicentro mismo del control y auge financiero de la principal potencia.

El Precio de la Codicia es una película en sí, hablada. Y es perfectamente correcta a su planteamiento y basamento en cuanto a la intención de narrar ya que, con recursos más literarios que cinematográficos, logra contar un cuento acerca de un estadío, una situación desencadenante y la ola de atrocidades a causarse a partir de la falta y término de un trabajo de un empleado recién expulsado de la corporación bancaria por recorte de presupuestos.

Acción/reacción, como la gota que colma el vaso, descompone el aparato original de la empresa constituida como una entidad familiar en progreso, en donde el buen resultado es bienvenido pero, ante un mal desempeño grupal, la purga es la solución para continuar la senda interna hacia el exterior desde la frialdad numérica o el determinismo extremo hacia un mal que no se puede acallar.

En términos fílmicos, El Precio de la Codicia es funcional desde el suspense que genera desde la empatía para con sus caracteres: personajes frágiles y verticalistas, en los cuales opera la obediencia de vida a nivel militar, pero llevado al amable campo de estudio de los números y la responsabilidad de  la estabilidad del bien de cambio mundial. Si los personajes se destruyen, destruyen el entorno y el entorno el todo que lo rodea. Una acción en cadena que conlleva el cero absoluto que encabeza esta nota.

Es entonces que, fotográficamente y jugando a no mostrar el mundillo en su totalidad, la capacidad directiva de J. C. Chandor, se construye en plenitud con su hijo en celuloide para generar, siempre a partir del impacto y comparando la causa con el todo cotidiano, un thriler en potencia y en esencia de acción a través de las líneas que interactúan en palabras entre los personajes dentro del edificio bancario.

Es claro que, tomando los elementos del análisis aislado, El Precio de la Codicia se ve a sí misma como una totalidad que puede tranquilamente operar en calidad de crítica social en base a un estamento actual, o bien, a la implementación del intercambio como fuente originaria de todo poder, a la construcción del valor, al origen del dinero y a la historia tan endeble como poderosa que sufrió el papelito verde. En términos más que inteligentes sin necesidad de la metáfora pseudo-adulta que muestra la ya nuestra y muy bien recibida  ganadora del Oscar a mejor filme animado, Rango (Estados Unidos, 2011).

Crítica social constituida y fiel a una historia atemporal, El Precio de la Codicia también funciona en paralelismo a la construcción mágica, inteligente y hábil del genial Aaron Sorkin, responsable de la genial Red Social (Social Network, Estados Unidos, 2010) y en la actualidad a cargo de narrar la creación de Machintosh. Cómo entonces rechazar en filme de tales características. Simple: Su fuerte, también  constituye su debilidad. El dialogo es por excelencia la excusa perfecta para la falta de narración en imágenes, es decir, la esencia del arte cinematográfico. Así pues, vemos como la carencia de cine como tal, quiebra lo perfecta que puede resultar la creación de una línea hablada o una conversación entre dos caracteres que, si bien suele recrearse cada cierto tiempo como en The Sunset Limited (Estados Unidos, 2011), no llega a sostenerse por el mismo ruido que genera su pretensión de romper una estructura y una arquitectura del a-b-c que nació con el cine: el movimiento liso y llano.

¿Bien? Sí. ¿Cine? Tal vez. ¿Entretenido? Sí. Pero vuelve la cuestión, ¿estamos o no viendo cine? En ustedes está la respuesta a tales acusaciones.

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