A Sala Llena

El Sobreviviente (Lone Survivor)

(Estados Unidos, 2013)

Dirección y Guión: Peter Berg. Elenco: Mark Wahlberg, Emile Hirsch, Eric Bana, Taylor Kitsch, Ben Foster, Yousuf Azami, Alexander Ludwig. Producción: Sarah Aubrey, Randall Emmett, Akiva Goldsman. Distribuidora: Diamond Films. Duración: 121 minutos.

Chauvinismo explícito/ despersonalización moderada.

Recordemos la situación estándar de un burgués intelectualoide durante el menemismo, esa alimaña que se había tragado a un “enano fascista” de joven y se dedicaba a los tumbos a la crítica cinematográfica: por lo general atacaba a cualquier tanque hollywoodense, trataba de rescatar engendros indies, se mofaba de los simios vetustos de los grandes medios gráficos, y sufría de una inseguridad laboral que con el tiempo abarcó un espectro que fue desde un “buen pasar” en aquellos años de hipocresía social -una hipocresía diferente a la de hoy- hasta una miseria contemporánea parasitaria para con el Estado y/ o los medios virtuales (es decir, su periplo comenzó en distintas revistas grasas que se creían la versión de cabotaje de Cahiers du Cinéma hasta finalmente desembocar en un presente lastimoso en el que mendiga el “pan de la difusión” de maneras coloridas, cada vez más patéticas e hilarantes).

¿Cuál hubiese sido la reacción inmediata de este estimadísimo colega ante un film como El Sobreviviente (Lone Survivor, 2013)? De seguro hubiese escrito un dossier de muchísimas páginas con el fin de defender a otra de esas “propuestas menores” que esta fauna de palurdos consideraban que nadie defendía, típica ceguera del imbécil que no ve más allá de su propia nariz y que se piensa a sí mismo como una especie de antropólogo del devenir actual, como si todavía restasen lenguajes cinematográficos por descubrir. Ya dejando en su tumba a tales esperpentos y con el afán de adentrarnos en la película en cuestión, podemos afirmar que estamos ante un “modelo a escala” de La Caída del Halcón Negro (Black Hawk Down, 2001), aquel recordado convite de Ridley Scott, una obra maravillosa a nivel visual pero vomitiva en lo que hace a su dimensión ideológica, imperialismo mediante.

El índice de fascismo de un film estadounidense puede establecerse con facilidad prestando atención a tres factores interrelacionados: debemos analizar la cantidad de muertes entre las fuerzas enemigas por cada militar yanqui que pasa a mejor vida, la duración concreta de los planos que registran ese instante de “eterno reposo”, y el número de ocasiones en que vemos flamear la simpática bandera norteamericana. En este sentido, esta historia de “otro” pelotón de combatientes -hoy en Afganistán, en 2005, y con la misión de asesinar a un líder talibán- no llega a los niveles demenciales de chauvinismo del opus del británico, sumado a que la infaltable despersonalización del adversario está un poco más apaciguada de lo que suele ser el promedio habitual del cine de acción. El correcto desempeño del cuarteto protagónico ayuda mucho (Mark Wahlberg, Taylor Kitsch, Emile Hirsch y Ben Foster).

Por supuesto que el “mensaje” de la realización, sin lugar a dudas orientado a convalidar el accionar intervencionista de Estados Unidos alrededor del globo, es francamente nauseabundo porque está en función de una política de invasiones transoceánicas en pos de recursos económicos no renovables y destinada a justificar la existencia de una industria bélica gigantesca. Que Hollywood se asocie al gobierno central, de modo implícito o explícito (como en este caso), no es ninguna novedad y obedece a campañas de reclutamiento cíclicas. El Sobreviviente por suerte es más inteligente y va más allá del nacionalismo hueco: hablamos de una propuesta de derecha, por momentos mediocre y por momentos afable, que se aleja de todo fundamentalismo para ampliar el público potencial a través de una trama previsible aunque prolija, que incluye una tibia vuelta de tuerca final.

Claramente la película del actor/ director Peter Berg toma prestada la esplendorosa estética de la primera mitad de La Patrulla Infernal (Paths of Glory, 1957), pero obvia cualquier crítica a la jefatura de las Fuerzas Armadas, intentando reflotar aquel humanismo concienzudo mediante un desarrollo de personajes bastante torpe y “jugándosela” por esa clásica brutalidad formal kubrickiana, hoy aplicada a casi todo el metraje en un enfoque eficiente (debemos destacar en especial las dos escenas de los peñascos y la del helicóptero, ejemplos de remates certeros a secuencias de por sí dinámicas). Si bien es verdad que los logros esporádicos no llegan a tapar los baches ideológicos/ narrativos del principio y el desenlace, el film consigue lo que se propone: explotando el “tono moderado” de La Noche más Oscura (Zero Dark Thirty, 2012), homenajea a los diletantes de la violencia imperial…

calificacion_3

Por Emiliano Fernández

 

Una banda de hermanos.

En este bendito sector del continente americano nos encantan este tipo de películas. La utilización del verbo encantar no es casual ni caprichosa. Naturalmente tiene un sentido, o tal vez varios: social, político y dramático. Afecta susceptibilidades, altera valores y hace resurgir emociones y sentimientos que siempre están allí, a punto de emerger. Sólo falta esa chispa que haga encender la mecha para que la moral, la ética y la exageración de los nacionalismos y anti imperialismos aparezcan en cada discurso y texto. ¿Peter Berg pensó en elló? Inocente sabemos que no es. Conoce la fuerza de las industrias culturales. Pero creo que también busca distanciarse de la propaganda barata, clásica y repetitiva. Lone Survivor nos cuenta una historia más allá de la guerra. Rescata temas que salen de la órbita de este conflicto. Y no hace falta ser un historiador ni tampoco un ciudadano muy informado (o completamente desinformado) para que el Director logre que los efectos de esta película hagan ruido en el espíritu.

Entonces hay básicamente dos opciones. La primera es ver la cinta sabiendo (o suponiendo) de antemano todo lo que te vas a encontrar, haciendo gala de tu conocimiento del cine “yankee” y creyendo que a esta altura ya nada te afecta ni sorprende. Por lo tanto los estereotipos aparecen con facilidad: los americanos son una verdadera fraternidad que luchan por un ideal y el enemigo es malvado y cruel, sin ningún tipo de misericordia, que busca inevitablemente su destrucción (o la del enemigo) como único e irrevocable destino; el inmenso y desgarrador dolor que se produce en las filas norteamericanas ante la pérdida de un compañero/ amigo/ hermano contra una simple baja más en el bando opuesto que no se llora ni lamenta. La bandera de USA flameando siempre, aunque a veces con sangre, contra un adversario que parece no tener nación ni ideal alguno, sólo quiere poder y matar. Si creés que la vida, o tus estudios, han desarrollado en vos la capacidad de identificar siempre con cierta facilidad estos ítems entonces la película no va a mover mucho en tu interior y rápidamente irá al olvido.

La otra opción es intentar dejar de lado, al menos por unos minutos, tus prejuicios -sin que ello implique una mirada desnuda e inocente- y permitir que la trama te seduzca, que las escenas te maravillen y que las actuaciones logren conmoverte. Esto es lo que Peter Berg busca durante toda su obra. Con las primeras imágenes del sacrificado y crudo entrenamiento de los soldados parece querer adentrarnos en ese mundo tan cruel y doloroso. Sentir la angustia junto a ellos, percibir el dolor del llanto desgarrador, compartir la soledad y tener a la esperanza como único e invalorable sostén, “nunca dejes la lucha”, frase que se repite en la mente y corazón de los personajes. Detrás de toda la sangre, las balas, la muerte y el sufrimiento está la amistad, la fraternidad y la autorrealización. Estos ideales son los que guían a los cuatro soldados americanos que llevan adelante la operación que les fue asignada. Su fuerte ligazón como grupo los hace sentir verdaderos hermanos, que no sólo se preocupan por el enfrentamiento armado sino por otros temas. ¿Cómo es posible hablar en pleno campo de combate sobre el casamiento de uno de ellos? El gran amor que sienten uno por el otro lo hace real. Si uno puede sentarse a ver y disfrutar de esta película de esta forma, seguramente la obra va a mantenerte cautivo hasta el final.

Lone Survivor va siempre hacia delante. No se detiene. El Director apuesta en buena forma por estos cuatro actores, por buenas escenas de dramatismo como la decisión de vida o muerte de unos prisioneros, entre otras, y también excelentes secuencias de acción, tales como las caídas por las montañas o los enfrentamientos, realmente dolorosas. En el desenlace vemos como la dimensión simbólica de la amistad y la redención toman forma, “cosas buenas le ocurren a la gente que hace cosas buenas” es una frase que resonará en el espectador en los últimos minutos. Más allá de que el final sea un tanto previsible y obvio no deja sin embargo de ser emotivo y funcional a aquello que Berg pensó. Lone Survivor definitivamente no quedará en la historia, pero sí será una buena fuente de consulta para posteriores discursos que analicen esta parte de la historia contemporánea.

calificacion_4

Por Darío Cáceres

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