A Sala Llena

El Ultimo Elvis

El Último Elvis, Armando Bo, Argentina, 2012

Larga Vida al Rey

Tras realizar el guión de Biutiful de Alejandro González Iñarritú con Nicolás Giacobone, Armando Bo, hijo de Victor y nieto del director de India (que también se presenta en el Festival), inaugura el BAFICI con una ópera prima de bastante producción que cuenta con el apoyo de Telefé y del director de Amores Perros.

El Último Elvis tiene un gran personaje: John McInerny, uno de los mejores imitadores de Elvis en el mundo. ¿Cuánto hay de verdad en la historia de John (actor) con la del personaje que interpreta, Carlos Gutierrez? No lo sé. Lo cierto es que el imitador convertido en actor hace un debut devastador y es el motor principal de un film oscuro, melancólico que gana gracias al carisma del intérprete que vive y respira como Elvis, y la química que tiene con el personaje de su hija, fascinante y natural Margarita López.

Carlos Gutierrez se cree Elvis en todo sentido, pero vive en Avellaneda. Le adeudan plata de varios shows, tiene un carácter fuerte e impetuoso, y le debe plata a su ex mujer Priscilla (Griselda Siciliani) por la custodia de su hija Lisa Maire. Mientras prepara, según anuncia, su mejor show, debe cuidar a Lisa Marie mucho más tiempo del que suele hacerlo, mostrando otra faceta de su personalidad.

Armando Bo arma un dramón, que logra conmover y no desbordarse a pesar de los golpes de efecto, gracias a las interpretaciones. Los números musicales en que se muestra a Carlos/ John imitando a Elvis, son realmente asombrosos, por la energía y el parecido que guarda actor/personaje con el rey del rock.

Pero la película no se queda solamente con el drama de su protagonista, que vive como si fueran los años ’60 o ’70 (sino fuera porque usa celular se podría decir que la película sucede en tiempos de la dictadura casi), sino que muestra el universo de los imitadores musicales, crea incluso un sindicato de imitadores por donde rondan Freddie Mercury, Axel Rose, John Lennon e incluso Britney Spears. Dicho tema fue visto, con una reflexión similar en Mr. Lonely de Harmony Korine, pero a diferencia de esta película, Bo se centra en un solo personaje divido en su fanatismo por su alter ego, el padre responsable, el hombre que quiere recuperar su familia.

Bo cuida mucho la imagen de la obra. Javier Juliá (Iluminados por el Fuego) hace un gran trabajo estilístico con la fotografía, es notable el diseño de vestuario, el sonido, el clima lúgubre que logra Bo. Está muy cuidada la búsqueda de locaciones, acorde con el tono melancólico y cierta nostalgia. La película tiene una imagen parecida al color casi ocre de las fotos de los ’70. Pero dejando de lado los aspectos técnicos, se trata de un drama intimista clásico.

Lo que hace más ruido, acaso de la película, es el guión. En la última media hora, a la historia le faltan un poco de ideas narrativas. Se apela a un registro casi documental del deambular del personaje, y la escena final está un poco forzada para generar la emoción fácil. Aún así, el producto final no desentona. El resultado, aún con su lado melancólico es positivo y la sensación que deja en el espectador, agradable.

Prestar atención a muchos detalles que son guiños para los fanáticos del rey.

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El Trono del Rey

Difícil que algo caiga si nunca subió. El Último Elvis es la historia de un hombre en busca de reconocimiento, de gloria, estados a los que nunca arriba por relegar su vida intentando llevar a cabo la de otro, muy distante. Carlos Gutiérrez (John McInerny) es un obrero que reside en la provincia de Buenos Aires, separado, con una hija a la que sólo lo conecta su nombre: Lisa Marie (Margarita López). Es que Carlos no sueña con ser Elvis, lo es. Porque está en cada detalle, y sigue siéndolo aún en las instancias más dramáticas de su vida. Una vida que fuera de su imaginario resulta ser monótona y gris. No queda muy claro si Carlos quiso tener una hija, a la que impone gustos que corresponden a la verdadera hija del Rey, o si buscó tenerla para conformar el cuadro de su vida alterna.

La premisa resulta muy interesante, quizás la primera mitad de la cinta abunda y redunda en escenas repletas de dobles de otros artistas, aunque se podría justificar por ser el entorno en que se mueve el protagonista. Todos ellos laburantes del entretenimiento, brillando bajo las luces de fiestas de 15, geriátricos, clubs barriales y casamientos. La necesidad de complacencia, contrastada por una vida real sombría, con una iluminación de tono bajo, una música lúgubre y un Carlos/Elvis que carga con un gran pesar: el de su propia existencia.

El problema reside en que a partir de la segunda mitad, la película se vuelve lenta y monótona. Argumentalmente no crece, puede surgir algún que otro momento tenso, pero no hay un in crescendo dramático. Eso hace que termine pareciendo más larga de lo que es, perdiendo el interés que muy bien genera al comienzo.

El debut de John McInerny como actor hay que destacarlo. Sin dudas es un gran imitador y sabe representar la decadencia de Carlos y del mismo Elvis en sus últimos días. A Griselda Siciliani me cuesta creerle, no sé si por su operación, por su actuación o porque es la mujer de Suar, pero hay algo en ella que nunca logra conectarme, sin embargo la pequeña Margarita López corrige cualquier molestia y funciona mucho mejor cuando está con él.

 

Por Nuria Silva

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