A Sala Llena

Esperando la Navidad

¡Otra Navidad juntos, amiguitos! ¡Qué lindo! Acá estoy, ya pellizcando un turrón de maní con miel a las nueve y veinticinco de la mañana. Ya el Espíritu de la Navidad me está entrando por todos lados, especialmente por la comida. Ya tengo toda mi casa decorada y tengo una caja llena de golosinas navideñas. Ya me pertreché con bebida y ya tengo planeado al dedillo el menú del 24. Este año, mis viejos con el ímpetu que los caracteriza, me llamaron a principios de mes comunicándome la decisión de que la flía completa la pasaría en mi casa, y como a mí me encanta todo el asunto de hacer de comer y poner las lucecitas y las velas, colocar regalos en el árbol, echarme garrapiñadas al coleto etc., etc., no opuse resistencia alguna. Así que andaré mañana, culo al norte con el Chuchi, meta cocinar y hacer cosas ricas para recibir a la parentela. Habrá que sacar la platería, pulir un poco los vasos, lavarse los dientes y disponerse a chupar y morfar descosidamente. Tener una Hepatalgina o un traguito de fernet a mano y chau Pinela.


Como ustedes saben, una de las cosas que me más me gusta de la Navidad, son las películas que trae consigo para ver en la tele. No me canso de ver año tras año las mismas cintas y puedo decir sin sesgo de duda, que cada vez las disfruto más. Las he nombrado mil veces: Un Cuento de Navidad, Una Navidad de Locos, Elf, Mi Pobre Angelito, Un Hombre de Familia, El Descanso, The Nightmare Before Christmas, El Regalo Prometido, Qué Bello es Vivir, Gremlins, Sintonía de Amor, Mujercitas, De Mendigo a Millonario, El Expreso Polar, Felicidades, Bad Santa, Batman Vuelve, Duro de Matar, Santa Claus, Realmente Amor, La joya de la Familia, Mejor solo que mal Acompañado, El Joven Manos de Tijera, Medianoche en el Jardín del bien y del Mal, Smoke, Enamorarse, Navidades Blancas… En fin, ya las conocen y, además, la lista podría extenderse y extenderse hasta el Año Nuevo.

Ustedes me dirán: “Laura, todas las navidades escribís la misma columna.” Y sí, puede que tengan razón. Es que la columna de Navidad es mi preferida, porque la adoro y porque adoro el cine. Y me encanta hablar de películas. ¿Y acaso no todas las Navidades se parecen? Van repitiéndose y repitiéndose hasta mezclarse y volverse una especie de gran y colorida anécdota que se ablanda con los años y que forma algo así como un chorizo en donde se mezclan caras, vasos, panes dulces, regalos… Y aun así, cada fiesta es diferente. Cada entusiasmo irrepetible. Es magia, magia pura.

Yo todavía espero las doce con entusiasmo infantil y casi abro a dentelladas el papel que me separa del regalo que me trajo Papá Noel. Y me siento frente a esta máquina, a compartir mis deseos con ustedes, con el mismo entusiasmo y con la misma alegría. ¿No paladean ya esa extraña sensación agridulce de la Noche Buena? ¿Recuerdan cuando eran chicos y a la vez se excitaban y asustaban con la llegada de Papá Noel? En la casa de mi abuela apagaban las luces y todos gritábamos como locos. Y sí, ya sé, eso también probablemente ya se los conté. Pero, ¿qué importa? Es tan hermoso visitar y re visitar esas emociones, como volver y volver sobre las mismas películas. Porque cada vida es una película y los recuerdos se proyectan en el negro de la mente, en lo oscuro del pensamiento, como un film sobre la pantalla. Y siempre hay algo nuevo por descubrir.

Imagino que ustedes estarán todos tomando carrera para la caravana. Habrá algunos ya en la ruta, viajando a visitar parientes y otros, preparándose para recibirlos. También pienso en los que ya se emocionan por los que faltarán este año y para siempre, y también en los que esperan la llegada de los nuevos, cocinándose en los vientres maternos, temblando de futuro y posibilidades. Pienso en los que laburan en Noche Buena, en los que no festejan, en los que se encierran en sus casas a llorar algún dolor, en los que destinan la noche a hablar por teléfono o Skype o lo que sea, con alguien que está al otro lado del mundo. Pienso en los que creen que la Navidad es un invento del mercado para hacernos consumir, pienso en los que se compran hasta los calzones colorados y verdes, pienso en los que cuelgan las medias, pienso en los camioneros, pienso en los corresponsales de guerra y en los soldados. Pienso en los buenos del mundo y pienso en la Misa Criolla. Pienso en el Papa, pienso en los panaderos, pienso en los proyectoristas de cine, pienso en los pendejos que quieren salir rajando después de las doce para bailar y aparearse como locos, celebrando la vida y la juventud. Pienso en los artistas de circo, pienso en Jesús naciendo, pienso en el amor que nos une sin rendirse, pienso en los milagros, pienso en la bondad, pienso en las luces del alma que se niegan a apagarse, aun cuando la fustigamos con broncas mundanas. Pienso en el ego disolviéndose, pienso en la alegría naciendo; deseo, pienso y confío en los abrazos sinceros.

¡Feliz Navidad!

¡Cómo me gustaría que ustedes mismos compartieran sus deseos aquí! Me encantaría que comentaran en qué y quiénes piensan en esta Navidad, qué agradecen, qué desean, qué anhelan, qué sueñan. Cómo quieren festejar, qué les anda pasando. ¿Hay alguno que anda solo? Pues venga a este espacio y comente, júntese, amúchese en esta columna. ¡Todos son bienvenidos! ¡Todos somos personajes dickensianos en estos días y tenemos algo que decir, una historia que contar junto al árbol! Hablemos de películas, de series, de parientes, de viajes, de tristezas y alegrías. Brindémonos y brindemos. ¡Emborrachémonos!

Y que Dios nos bendiga a todos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio está protegido por reCAPTCHA y se aplican la política de privacidad y los términos de servicio de Google.

También te puede interesar...

BUSCADOR

Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors

CATEGORÍAS

Seleccionar:

ÚLTIMAS ENTRADAS