A Sala Llena

Espiando

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Espiando

Idea, Puesta en Escena y Dirección General: Alejandra Rubio. Trabajo Corporal: Leticia Vota. Dirección Actoral: Leticia Vota, Walter Bruno, Alejandra Rubio. Elenco: Marcela Peña, Silvia Merli, Gisell Badín, Stella Trezza, Mónica Ascar, Juan Antonio Fleitas, Rosalía Padías, Delfina Conde, Verónica Roux, Gabriela Harrison, Carlito Gluck, Jade, Nicole Balella, Agustina Navonne, Luly Palacio Acosta, Lu Lerman. Actores invitados: Alejandro Álvarez, Victoria Arderius, Diego Benedetto, Franco Kuma La Pietra, Maribel Chiapetti y Raquel Ameri.

Experiencia Íntima

En la búsqueda de una forma de representación diferente a lo habitual, el trabajo experimental Espiando de Alejandra Rubio contiene numerosos puntos de interés para aquellos que busca extraerse de la teatralidad habitual y encontrarse una suerte de limbo donde conviven una suerte de imitación a la realidad y surrealismo, en espacios clásicos y espacios no habituales de representación.

Shakespeare decía: “el mundo es un escenario”. Se podría decir que toda una casa podría ser un escenario, solo que el espectador debe elegir lo que ver y que cosas sacrificar ver, en pos de animarse a atravesar la cuarta pared.

Sí, porque si hay algo que caracteriza a Espiando es el hecho de que es el espectador el que atraviesa, si lo desea, la línea que lo separa de los personajes, de la ficción, y cuando está adentro es arrancado habiendo visto solo un fragmento de la vida de los mismos.

¿Demasiado complicado? En absoluto. Todo comienza en la fiesta del cumpleaños número 13 de Nicole. Dos supuestas primas/amigas (dicho vínculo no se aclara, pero tampoco importa) de la agasajada llevan al espectador de las gradas a una habitación donde se resuelve una pequeña representación infantil que mostrará los primeros signos de la desazón de la protagonista. Volvemos a la sala principal que simula ser el living de la casa, y somos testigos de los preparativos y primeros intercambios entre los personajes.

En este momento la obra se separa en dos espacios. Uno visible, donde las acciones son muy sutiles, y otro, acaso más interesante donde se suceden los conflictos más fuertes, que es el patio, al fondo de la sala.

Si en el living, los personajes deben mostrar su cara más simpática (cara de foto, podríamos llamarla) es en el Patio donde se empiezan a entretejer las mayores tensiones. Vale aclarar que el espectador tiene entrada prohibida al patio, y por lo tanto solo puede llegar a entender lo que sucede poniendo atención a algunos gritos y acciones que se destacan, aún cuando hay otra escena (quizás no tan interesante dramaturgicamente) en primer plano, lo cuál acentúa el efecto de misterio.

Lo que se genera en el espectador es una clara expectativa. El hecho de que no se explique ni se manifiesta realmente porque Nicole odia a su familia y amigos, impulsa al espectador a meterse en la historia de esta familia disfuncional, especulando raíces a los conflictos. El rol que cumple el público es el de un invitado ajeno a todo, que como bien dice el título, “espía” un instante, un segmento de vida, en este caso un festejo de cumpleaños.

Si bien no hay una estructura narrativa clásica o conservadora. o sea no tiene un principio, un desarrollo, un final, sino que se trata de una escena que empieza y termina, en apariencia, caprichosamente, es interesante ver el arco que atraviesan los personajes, la manera en que las máscaras van cayendo, depende el espacio en el que se encuentren.
Sin embargo, hay un tercer (o cuarto) espacio donde se genera tensión: el baño. Y acá se deposita el factor más original y arriesgado de la obra.

No es la primera vez que se ejecuta una obra de recorrido. O sea que los espectadores caminan guiados por un personaje en diversos rincones de la casa encontrando escenas íntimas. Savignone lo está haciendo en el Konex con Detrás, de hecho. Lo interesante es que siendo el baño un espacio muy reducido solo pueden ir grupos de tres personas y ver solo tres minutos de la escena. O sea, aquel que elija ir al baño se va a perder los conflictos que suceden al mismo tiempo en el living y el patio. O como le sucedió al redactor de la nota, perderse el final de la “puesta”. Una puesta, que en sí dista de ser tradicional porque la sensación que queda es que si uno se pierde algo, en realidad puede reconstruirlo con lo que venía viendo o lo que verá después.

En el baño, sucede cosas íntimas que no valen la pena develar. Pero son jugadas para el intérprete, y para el espectador por la intimidad y proximidad que se tiene con los personajes. Uno puede prácticamente tocarlos, pero ellos están en un universo paralelo. Como si nos hubiésemos perpetrado en otra dimensión o cumpliéramos un rol fantasmal. Las situaciones en el baño, además juegan con la sensibilidad y la moral del espectador. Si bien tienen cierta cotidianeidad, se apuesta por una osadía sexual que rompe con las costumbres. Hay que verlo para sentirlo.

Pero acá también hay mucho de azar. Porque cuando nosotros entramos la escena está empezada y cuando salimos la escena sigue. Por lo tanto, y este es un gancho, acaso el mayor atractivo de la propuesta, el espectador siempre se queda con las ganas de seguir viendo, y con la incertidumbre de si no se estará perdiendo las escenas más jugosas cuando vuelve al “cumple” o si por esperar delante del baño, no se pierde escenas jugosas del “cumple” (porque siendo el teatro bastante reducido espacialmente, uno puede escuchar desde cualquier parte, lo que sucede en el living.

Es inteligente y arriesgado elegir no mostrar toda la teatralidad al espectador. Aquel, que esté acostumbrado a un teatro tradicional, siendo o no naturalista en su tratamiento, le va a costar entrar en esta propuesta lúdica, aunque por otro lado va a vivir una experiencia distinta y osada, experimental.

Es atinada la decisión de poner la música constantemente en un nivel alto para que los diálogos se puedan escuchar a medias y no tomen preponderancia, generando un realista clima de fiesta de cumpleaños moderna. La reflexión acerca del desmembramiento de la institución familiar, de los prejuicios sociales y sexuales, las hipocresías, la falta de comunicación con los hijos, son temas que aún con la “distracción” del mecanismo teatral que propone Espiando, son tratados con profundidad, seriedad e incluso un dejo de ironía y humor negro.

El elenco está conformado por intérpretes profesionales, amateurs y no actores. Las elecciones no son fortuitas y dependen del riesgo, que tiene la escena y el personaje. Sin embargo, y más allá del desnivel (que se relaciona más con un tema de formación), se logra una lógica armonía y coherencia entre todos los actores, y, lo que es más importante de todo, se consigue dar verosimilitud y credulidad al hecho de que estamos viendo un retrato de una familia que podría bien ser la nuestra. Las situaciones y los personajes, en realidad son tan comunes, que podemos generar empatía con las escenas e identificación con los mismos.

Si bien la representación del lunes 10 de septiembre fue única, por ahora, la idea del taller de Alejandra Rubio es seguir explorando las limitaciones teatrales de la propuesta, que parecen inagotables. Ni bien se corrijan algunas comprensibles desprolijidades de la coordinación de los diferentes espacios, sin duda estaremos frente a una de las propuestas más radicales que dio el teatro off porteño en muchos años.

Teatro: Inboccalupo Teatro – Virrey Arredondo 2495

Funciones: Lunes 10 de Septiembre 20 Hs

Entrada: $20

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