A Sala Llena

Esquinas en el Cielo

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Dramaturgia y dirección: Mariana Mazover. Producción ejecutiva: Natalia Slovediansky. Asistencia de dirección: Camila Peralta. Asistencia de dramaturgia: Ornella Dalla Tea. Diseño de escenografía e iluminación: Félix Padrón. Asistencia de escenografía: Mauro Petrillo. Diseño de vestuario: Pia Drugueri. Diseño de maquillaje: Ana Pepe. Música original: Mariano Pirato. Fotografía: Luiza Lunardelli. Arte gráfico: Julieta Mora. Actúan: Daniel Begino, Alejandra Carpineti, Lala Mendia. Prensa: Simkin&Franco

“Mientras tenga preguntas y no haya respuestas

continuaré escribiendo. […] Si esta historia no

existe, pasará a existir.”

Clarice  Lispector. La hora de la estrella

La imaginación como refugio de la libertad

La mirada ansiosa, extraviada de Lucrecia nos recibe al entrar en la sala: nos invita a conocer su mundo e instantáneamente aceptamos la invitación.


A primera vista, la habitación en la que se encuentra –que es también la sala de juegos y el único espacio que conoce– parece inofensiva, pero pronto se descubrirá que ha pasado allí demasiado tiempo, encerrada, esperando el regreso de una madre que no volverá, bajo el cuidado de un padre que no tiene reparos a la hora de alimentar ese deseo. Quien intentará llevar a esta habitación la realidad del afuera será Adela, la nueva institutriz.

Con el correr de los minutos, el espectador comenzará a experimentar el encierro y se verá atrapado en el mismo mundo que Lucrecia y Adela. La relación entre ambas estará marcada por una angustiante tensión: Adela hará todo lo posible para que Lucrecia pueda ver más allá del mundo que ha inventado su padre para ella… su presencia alterará para siempre ese microcosmos. La institutriz quiere irse desde el momento en el que entra en esa habitación, pero pronto descubrirá que, al haber ingresado al mundo de Lucrecia, es su propio destino el que está en otras manos…

Es necesario destacar la importancia de la escenografía a la hora de construir este encierro: una habitación con desgastadas paredes grises, una cortina que cubre una ventana que no existe…y una puerta sin manija, cerrada por fuera, con una abertura inferior a través de la que Lucrecia recibe la comida e intercambia objetos y cuentos con el exterior; no sabemos quién está detrás de esa puerta, sólo vemos una mano con guante blanco… El acento puesto en el sonido de las trabas de la puerta al cerrarse le recuerda al espectador que no hay manera de salir a menos que así lo decida quien está del otro lado…De esta forma, veremos quién ostenta el poder y maneja –o intenta manejar– los hilos de ese pequeño mundo, cual titiritero.

El espectador es testigo de un momento de la vida de Lucrecia en el que pasan muchas cosas “nuevas” y ante las que reacciona de distinta forma, siempre tratando de adecuarlas al mundo al que pertenece. En su mundo son muy importantes los cuentos que ese guante blanco le da para leer… y su imaginación vuela tan alto que ante una hoja en blanco decidirá crear su propio cuento. En esta historia el poder de la imaginación es igual de importante que el poder que le permite al padre decidir sobre la vida de su hija y de la institutriz; son los juegos, las historias, Matilda, su amiga imaginaria, los que le permiten vivir dentro de esa habitación.

En Esquinas en el cielo hay un excelente trabajo actoral en el que sobresale Alejandra Carpineti, quien nos regala una composición exquisita. Lucrecia resulta un personaje verdaderamente complejo y Carpineti encuentra tanto en su voz como en su expresión corporal la inocencia, lo infantil, lo lúdico; pero también la ironía, la manipulación, lo siniestro… Y logra hacer carne ese constante debate entre lo real y lo imaginario, lo fantástico, en esa habitación-mundo que es su prisión. Daniel Begino (el padre) y Lala Mendía (Adela) completan este perfecto mecanismo con notables interpretaciones.

La riqueza y profundidad del texto de Mazover hacen que al salir resuenen en uno distintas líneas y que sigamos pensando en ellas en el viaje de regreso a casa y aún días después. Las primeras conexiones que uno establece durante la obra se abren paso hacia la psicología o la literatura –Mazover menciona que autoras como Silvina Ocampo y Clarice Lispector, así como también Cortázar, le han servido de disparadores en el proceso de creación–, pero una vez terminada, el poder de esta pieza impacta tanto que esas primeras relaciones desaparecen para dar lugar a los sentimientos y a la interpretación que cada uno le da a partir de sus propias experiencias de vida.

Al concluir la función a la que acudimos, se brindó una charla-debate con la directora, los actores y el público en la que se habló sobre el proceso de creación de la obra, los ensayos, las improvisaciones que fueron tomando forma y que, junto con un trabajo de ida y vuelta con los actores, dieron lugar al texto final, y luego respondieron a las preguntas del público. Es realmente muy interesante conocer el detrás de escena, la elaboración y la preparación de una obra, así como también las opiniones de los intérpretes y de la autora/directora. De esta forma, todas esas preguntas e ideas que quedan luego de la función pueden ser expresadas, complementadas y por qué no, respondidas…

Teatro: La Carpintería. Jean Jaures 858

Funciones: Domingos 18hs (Hasta el 25/05/14)

Entradas: $80 / $60 estudiantes y jubilados

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