A Sala Llena

Fantasías Animadas de Ayer y Hoy…

Ayer miraba las charlas en el Actor´s Studio, las pasan por Film and Arts todos los martes a las ocho de la noche y yo me preparo para verlas, relamiéndome como si estuviera delante de una caja de chocolates. De hecho, no es inocente que diga “caja de chocolates” (…life is like a box of chocolates Forest…) porque el entrevistado de anoche era Tom Hanks y la charla no tuvo desperdicios. Pero, otro día hablaremos de Tom y de lo maravilloso que es, hoy se me ocurre otra cosita. Uno de los pibes sentados en la audiencia, le preguntó al multipremiado Hanks porqué creía que se glorificaba tanto a la profesión de actor y él contestó una cosa interesantísima que no les voy a contar, pero que disparó un par de ideas en mi cabeza.

Convengamos que es cierto, se glorifica, pontifica, idolatra y entroniza a los actores, la gente los ama con devoción y entrega y los pone en una especie de lugar mágico que suele ser el mismo al que van a parar los sueños olvidados o rotos. Es justo decir que, de la casta, los de “Hollywood” se llevan la parte más gorda.  Ellos son la crema de la crema, el Olimpo, los tocados redondamente por la barita mágica, los hombres y mujeres que llegan mas lejos que nadie, mas lejos que Armstrong o Colón, que Marco Polo, que Manuelita y la Hormiguita Viajera, ¡que el propio Kung-fu mirá lo que te digo!  Ellos son los embajadores, los enviados de un arte tan universal que parece haberse apropiado de la emoción y haberse metido, por lo menos una vez y de manera radical, en la vida de casi todos los seres humanos.

Ahora bien, la pregunta es, cuánto de esa veneración se les rinde a ellos y cuánto a sus personajes. 

Cuando una de las pendejas con las que me codeo en los estrenos de Crepúsculo tiembla, se excita, llora y moquea en la función cada vez que aparece Robert Pattinson y, acto seguido grita, “¡Edward te amo”! como una enajenada, yo me pregunto qué haríamos nosotros los mortales si, por un segundo, pudiéramos elegir entre el personaje nacido de la fantasía y el ser humano detrás de la performance, pedorra o magistral, de un actor.

Semejante interrogante existencial, merece por supuesto, una breve y poco seria encuesta, despojada absolutamente de método científico, divertida y arbitraria, que nos saque de una vez y pare siempre de este atolladero (o no, ja ja). Desde ya, la gente que valora desmedidamente su tiempo, deberá dejar de leer esta columna ahora, para no auto flagelarse mas tarde.

Decidí tomar el teléfono y empezar a marcar a números a troche y moche, para ver qué pasaba. El primer número: mi hermana.

A penas empecé mas o menos a describirle de que la iba a ir la columna de hoy dijo, “no me preguntes nada, ya entendí y no lo tengo ni que pensar: ¡Tyler Durden!”

Está casi demás decirlo, pero Tyler Durden es el personaje que hace Brad Pitt en El Club de la Pelea la película de David Fincher que se convirtió en un clásico a penas se proyectó su primer fotograma. Le pregunté si estaba segura, si no prefería al Pitt de carne y me dijo que no, que si de verdad pudiera, sería con Tyler con quien daría suelta a las más bajas pasiones y porqué no, a las mas altas también. Le agradecí y corté para seguir con esta investigación que, por supuesto, quedará en los anales de la historia.

Segunda encuestada: mi gran amiga Luján, que mientras trataba de contestar mi pregunta, renegaba con su hijo y bregaba por que se pusiera a estudiar matemáticas. “¡Separá en términos!” le gritaba mientras me explicaba que el enano no transaba con lo ejercicios combinados.  Después de una larga pausa me confesó que sería por el propio teniente Pete Mitchell “Maverick” por quien optaría, si pudiera. Me confesó que detesta a Tom Cruise, que no le parece atractivo en lo más mínimo, pero que ama a Pete Mitchell y que cada vez que engancha Top Gun, termina haciéndose la cabeza con el joven combatiente. Medio que me quedé helada, si había alguien que esperaba que se decidiera por la cosa verdadera, era Lujan  pero, el asunto fue definitivamente por otro lado. En fin, había que seguir en la faena incansable de marcar números y obtener respuestas. Así que, corté de nuevo y me apronté a llamar.

La pregunta esta vez, iba dirigida a un grupo de jóvenes hombres, cuya testosterona inflamable, podía olfatearse aún estando al otro lado del teléfono. Si, mi marido y su horda de compañeros de trabajo, contestaron honesta y espermatosoicamente, la pregunta que yo tenía para hacerles.  Aquí debajo enumeraré las respuestas.

A)      Sujeto: El Flaco, mi marido, compañero sexual y parador crónico de olla en mi casa. Respuesta: “La bigotuda en La Máscara del Zorro. Traducción, el personaje de Helena, que hace Catherine Z Jones, en susodicha película. Por supuesto le pregunté si no prefería a la chica real y rotundamente dijo que no.

B)      Sujeto: Jason (no estoy inventando, así se llama el chabón) camarada trabajador de mi media naranja. Respuesta: Uma Turman en Pulp Fiction. Como dijo Uma Turman, me permití soñar con que, tal vez, la que le gustaba era en efecto Uma, pero aclaró que no, que era Uma Turman en Pulp Fiction, bien separadamente, o sea, Mia Wallace, la bella y misteriosa mujer de aquel gangster de antología creado por Tarantino.

C)      Sujeto: Guillermo, otro ejemplar de cuidado. Respuesta:Tina Carlyle, aquella rubia cruza con bomba sexual, un poquitiiiiiito entrada en carnes, que hacía Cameron Díaz en La Máscara. En el fondo, simpaticé con esta elección, me pareció un poquito ñoña y la ñoñez siempre me cae bien.

D)      Sujeto: Gerardo, a este lo conozco bien porque es mi cuñado, ¡mi cuñado! El santo varón al que le gusta la noche y le gusta el bochinche y ya es una leyenda debido a  su capacidad superlativa para la bebida y su predisposición remarcable a la chanza, la broma de alta velocidad, la ocurrencia vaqueana y la exposición al ridículo. Respuesta: Erin Grant, o la pechugona Demie Moore en aquella performance tan inolvidable como “ ¡devuélvanme la guita de la entrada o les rompo todo loco!”, que hizo en Striptease. Mi cuñado se iría derecho para la enramada con la chica del caño más famosa del mundo, algo usual si, pero honesto.

E)      Finalmente pero no último, se viene el muchacho que nombró a la mujer que me quita el sueño, la mujer más hermosa que la tierra haya visto jamás, la mujer más chiflada, más sexy, mas border, mas fatal, por lo menos de los tiempos que corren. La brutal Angie. Sujeto: Lucho, uno que primero fue también con Cameron Díaz pero que, después e igual que Brad Pitt hizo con J. Aniston, escapó con Mrs. Smith. El personaje que unió en Señor y Señora Smith, la realidad y la ficción sentimental de sus intérpretes y, en este contexto, eso es una  brutal y muy bienvenida paradoja.

 

Cuando corté con los muchachos después de mucha charla, quedé cansada, pero como en esta encuesta yo decido cuando es suficiente, me dije que solo faltaba una cosa, preguntármelo. La respuesta demoró bastante, soy una mina complicada o, como me gusta decir para no sonar tan rompe bolas, una mina sofisticada.

Tuve que pensar un buen rato y la fila de tipos y minas  en mi cabeza se hacía cada vez mas larga, por lo que me pareció que iba a fracasar en esta tan trascendente como

fundamental empresa. Y de golpe, ¡boom!, se hizo la luz o la sombra o lo que sea, y la respuesta me golpeó en la frente: A mi también me gusta la fantasía. Si, lo acepto, me gusta el cotillón, las campanas, el artificio, la emoción glorificada y el sexo sublime, por eso, con pata y todo voy por Aragorn, el hombre más groso de la Tierra Media de Peter Jackson. El tipo que nació de la piel de Vigo Mortensen y se volvió absolutamente irresistible.

En cuanto a la realidad, creo que está sobrevaluada.

¡Ah!, ¿saben lo contestó Tom Hanks cuando Lipton le preguntó que otro oficio a parte del suyo le gustaría ejercer? ¡Columnista semanal!  Otra paradoja aplaudida y festejada en este contexto casi demencial, en fin, todo se resume a un acto de fe.

Tom querido, cuando quieras cambiamos tu realidad por mi fantasía. Beso, Laura.

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