A Sala Llena

Farsantes

Anoche tuve que trabajar
hasta tarde. Mail va, mail viene, ajustes van, ajustes vienen, nervios que te
comen a la ida y nervios que te comen a la vuelta…  No sé si fueron esos mismos nervios, o un
poco de frío que agarré, la cuestión es que me descompuse y me fui por el
inodoro.  Toda una faena complicada que
me obligó a estar despierta hasta tarde, encadenada a la computadora,  al teléfono y con un libro bajo el brazo,
como para poder salir pertrechada  rumbo
al baño si la naturaleza llamaba estrepitosamente y ameritaba una corrida. No
es cuestión que la diarrea te sorprenda sin material de lectura viste… En fin,
una de esas nochecitas que solo pueden coronarse con insomnio o con pesadillas
(o, en este caso, con las dos cosas).  A
la mañana logré dormirme, pero lo único que conseguí  fueron sueños infernales y asquerosos.  Me desperté con terror de morir o de estar
enferma de algo horripilante. ¡Ay Dios mío! ¡Cómo se pianta la vida del
muchacho calavera! Entre boludéz y boludéz, te despertás y cumpliste ochocientos.  Para colmo alucinás y alucinás con el
chaboncito de Superman y te agarra una fiebre de padre y señor nuestro. ¡Qué
bárbaro! Mi capacidad e inclinación hacia todo tipo de superficialidades
lujuriosas y supercherías vergonzantes, no deja asombrarme.  Pero me estoy yendo por las ramas, todo esto
venía a cuento de que, para aplacar el asunto, anoche  me puse a mirar televisión y, para mi buena
sorpresa,  enganché el lanzamiento de la
nueva tira del trece Farsantes.

La tira la va de un estudio
de abogados con límites morales medio “desdibujados” que se dedica a trabajar
en casos complejos, en los que el cliente suele ser, mayormente, culpable. De
esa manera, incurren en coloridas y altamente astutas artimañas, para ganar sus
oscuritos casos. La cabeza del equipo, el benemérito Julio Chávez, nuclea a un
grupo de tipos en apariencia más que competentes, para elaborar todo tipo de
artilugios y cochinadas simpaticonas.  De
esa manera, hay una doble línea argumental por capítulo (muy a la americana):
una es el caso que los convoca ese día y su resolución, y la otra, todos los
tejes emocionales que se dan en la convivencia de los personajes.  La primera línea es el gancho en lo
inmediato, la segunda, el gancho a largo plazo. Una buena estructura, no muy
frecuentemente dada en la tele argentina en la que se acostumbra a que la
totalidad de la tenaza narrativa, pase por las relaciones.  En este caso la apuesta es doble y funciona, a
priori, muy bien. 

Como suele suceder en casos
como este, la efectividad del relato descansa en dos patas fundamentales: la
construcción de personajes y la solides narrativa que, esperemos, no se diluya
con el trajinar que conlleva mantener interesante una tira diaria.

Está casi de más señalar que
Julio Chávez construye una performance del carajo. Después de todo, nos tiene
habituados a eso. Por ahora, la 
composición toma riesgos sutiles que prometen volverse realmente
explosivos, conforme se vaya horneando la masita. Esto aumenta exponencialmente
el gancho de todo el ensamble.  Más que
nada, los detalles tintineantes que indican que, el romance centrar de la tira,
tendrá lugar entre dos hombres.

El resto del elenco se ufana
en conseguir cosas copadas: Alfredo Casero, por su parte, se la juega por una
construcción lúdica, muy dinámica y refrescante, gloriosa en el resultado,  que le va como anillo al dedo.  Facundo Arana, transpira la camiseta. Lo que
natura no le dio, lo compensa con entusiasmo feroz y rigor compositivo. Está
esforzándose en traer a la vida al “brazo muscular” del bufete, con un grado
interesante de complejidad y con economía en la verborragia. Evitando así  descansar en su extenso carisma y caer en las
muletillas de siempre. Arana toma riesgos y está muy bien encaminado. Se corrió
de su lugar de confort y, si lo cuidan y lo dirigen, le van a sacar jugo de lo
lindo.  Benjamín Vicuña es un buen actor.
Tiene estirpe genuina. Es sensible, atento, intuitivo a morir, elegante en sus
elecciones y se lo ve apuntando para la exquisitez.  Hay que sacarse cualquier prejuicio de
“galancito” que se tenga a su respecto y empezar a mirarlo detenidamente,
porque se las trae y para bien. Va a ser en extremo interesante si, como
parece,  va a erigirse en el interés
romántico de Julio Chávez.  

El casting femenino es
efectivo. Griselda Siciliani es una actriz bastante completa y con el grado de
carisma justo para destacar entre estos hombres,  sin virtuosismos ni rimbombancias. Hace lo
que tiene que hacer y lo hace bien. Aunque es justo especular que la horda
masculina es la que llevará el barco a destino, es también atinado dejar
espacio para que la muchacha meta una patriada. 
Leonor Manso  hace otra vez de
madre sofocante y algo “tócame un tango”. Particularmente me tiene medio finita
con esas elecciones. Si me lo preguntaran, la dosificaría bastante. Solo así va
a funcionar todo lo bien que ella sabe sin llenarnos la paciencia. Los demás
personajes, todavía no me pegaron tanto en la retina, pero supongo que lo irán
haciendo paulatinamente y que se irán desarrollando con justeza, como parece
ser el rumbo inicial de la aventura. Estaremos atentos, por supuesto, siempre y
cuando no nos aburran y no se abaraten las elecciones. Ya para eso están las
tiras de las nueve y media…

Así que, mis queridos
amigotes, hoy me atrevo a recomendarles que le den un voto de confianza a Farsantes y se manden a verla. La
cuestión promete bastante y parece estar bien sustentada. No es una sorpresa
porque sabemos que esta tierra está llena de talento destellante. Pero se
festeja casi como tal. Es excitante pensar en una tira que mantenga su calidad
hasta el final, sin reventar en el intento.  
Ya tomaron envión, ahora hay que ir a ellos y confiar en que tienen “el
ancho” para ganar la partida.

Cariñitos…

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