A Sala Llena

La Aparición (The Apparition)

(Estados Unidos, 2012)

Dirección y Guión: Todd Lincoln. Elenco: Ashley Greene, Sebastian Stan, Tom Felton, Julianna Guill, Luke Pasqualino, Suzanne Ford. Producción: Alex Heineman, Todd Lincoln, Andrew Rona y Joel Silver. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 82 minutos.

I ain’t afraid o’ no ghost.

Argumento básico: experimento en los ‘70 para invocar espíritu de persona muerta. Experimento funciona, los muebles se mueven, las cosas tiemblan. Años más tarde, jóvenes estudiosos de la parapsicología (?) y con grandes inquietudes (??) repiten el experimento con más éxito. Uno de ellos, habiendo perdido a una rubia tetona en dicho experimento, decide olvidar todo y rehacer su vida con una morocha no tan voluptuosa a la que le gusta andar en ropa interior, pero ello durará lo que un suspiro ya que el ente al que despertaron no parará hasta destruirlos a todos. Bujajá.

Últimamente, pareciera haberse puesto de moda el uso de la subjetiva como recurso para “provocar” miedo. Desde Blair Witch hasta Actividad Paranormal, pasando por REC y varias otras, todas se valieron de este artilugio para brindar al espectador ese único punto de vista, que va develando los misterios junto con el personaje principal. En los mencionados films, el recurso funcionaba porque era una decisión pensada en función de la historia. En La Aparición no hay decisiones tomadas, no hay un director que elija nada en función de nada; más bien estamos ante una serie de copias truchas de otras cosas, un pastiche interminable de referencias a otro cine de terror, sin ninguna consistencia o solidez argumental, un mejunje caprichoso de elementos que terminan desembocando en la nada misma. No hay elementos interesantes en este film; no hay susto, no hay miedo que sentir, nada que llame la atención por ningún lado, excepto para algún fan de la saga Crepúsculo, que podrá disfrutar de ver a Ashley Greene en ropa interior durante el 80% de la película.

Gran parte de la trama transcurre en la casa de los tortolitos Ben y Kelly, mientras son perseguidos por este ente que, por momentos se materializa en manchas de humedad, por momentos, en ruidos, por momentos, en hologramas. Para combatir a estas ánimas, nuestros protagonistas decidirán sabiamente huir… ¡¡al patio de la casa en una carpa!! Y pegarles con un bate de béisbol. No pedirán ayuda, no escaparán, no hablarán con ningún vecino (claro, porque el lugar está misteriosamente desierto); se refugiarán en una carpa y luego llamarán a un amigo de Ben para que resuelva la situación. Habrá, además, vueltas de tuerca que no cerrarán por ningún lado, desapariciones extrañas, mujeres con largas cabelleras lacias negras y deformaciones de las caras como en La Llamada.

Todo con el mismo criterio o, mejor dicho, con la misma falta de criterio, lo que también se aplica a ciertos elementos que podrían haber funcionado pero que, en manos de este director que nada conoce acerca del terror, terminan siendo un fiasco. Por ejemplo, la locación. Las afueras de Palm Desert constituyen un escenario potencialmente interesante. Estamos en una especie de suburbio en el medio del desierto californiano, en el condado de Riverside. Más allá del barrio, solo hay desierto y más desierto, lo que contribuye con esta idea de aislamiento y falta de comunicación con el mundo exterior. Ahora bien, los infinitos e iterativos planos de establecimiento terminan atentando contra la efectividad del recurso, el cual se agota a la tercera toma.

Otro ejemplo de esto son los ruidos. Si bien el reino de lo auditivo juega un rol preponderante a la hora de crear suspenso y clímax, el abuso del recurso distrae. La Aparición está sobrecargada de golpes, impactos, ruidos y sonidos puestos para hacernos saltar de la butaca; de nuevo, la repetición agota el efecto y uno, en vez de saltar, se acomoda plácidamente en la butaca y espera que los escasos 82 minutos sean aun más sucintos.

Vi mucho cine de terror en mi vida, especialmente cuando era chica y amaba experimentar esa sensación primitiva y hermosa de miedo, de verdadero miedo, y sentir el escalofrió en mi cuerpo, que después me causaba pesadillas y gritos en la noche. Y al ver películas como éstas, no puedo evitar preguntarme, con toda la circunspección que el caso amerita: ¿Por qué, por qué, por qué? ¿Cuál es el objeto de filmar estos excrementos infumables? ¿Alguien me lo puede explicar? Mientras encuentro la respuesta, me quedo con una frase linda que encontré por ahí, surfeando la web: “La Aparición hace que mirar cómo se seca una pared recién pintada se sienta como una vuelta en montaña rusa”.

calificacion_1

Por Cecilia Martínez

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