A Sala Llena

La Bicicleta Verde (Wadjda)

(Arabia Saudita/ Alemania, 2012)

Dirección y Guión: Haifaa Al-Mansour. Elenco: Reem Abdullah, Waad Mohammed, Abdullrahman Al Gohani, Ahd, Sultan Al Assaf, Alanoud Sajini, Rafa Al Sanea. Producción: Roman Paul y Gerhard Meixner. Distribuidora: Alfa Films. Duración: 98 minutos.

La bicicleta rebelde.

Haifaa Al-Mansour, de 39 años, es una mujer nacida en Arabia Saudita que se dedica a la dirección de cine. Parecería un dato informativo más, pero no lo es. Su primer largometraje, La Bicicleta Verde (Wadjda, 2012) tiene la particularidad de ser el primer filme realizado por una directora en este país. Logro que toma total dimensión cuando se lo analiza junto a aquella cultura y además teniendo en cuenta que no hace tantos años atrás las salas de cine estaban completamente prohibidas allí.

La historia que nos cuenta es pequeña, simple, fácil de entender y entretenida en ciertos aspectos. Por otro lado, la directora ofrece también una mirada crítica a la sociedad conservadora de la cual forma parte, haciendo especial acento en el rol de la mujer, tanto en su niñez como en su etapa de madurez. Esto le valió varias críticas locales muy fuertes, sin embargo el reconocimiento a nivel mundial no tardó en llegar.

La Bicicleta Verde nos introduce en la vida de Wadjda (Waad Mohammed), una inteligente niña de 10 años que desea con todo fervor comprarse una bicicleta verde que ha llegado hace unos instantes a una tienda de su ciudad. El uso de este medio de transporte es monopolio del hombre y no es bien visto que una mujer lo utilice. Pero a la pequeña no le preocupa su cultura, ni tampoco acata las palabras de su madre (Reem Abdullah), quien encuentra en el deseo de su hija algo totalmente indigno, capaz de hacerle perder su buena condición de mujer e incluso su santa virginidad.

Wadjda entonces comenzará su carrera por conseguir su objetivo. Para ello tratará de obtener dinero de diversas formas. Trabaja preparando pulseras que las vende a sus compañeras y realiza favores a cambio de dinero, como la entrega de cartas de amor entre adolescentes. Todo siempre al margen de las buenas costumbres y lo permitido, lo cual muchas veces la coloca en una grave situación de riesgo.

La autoridad a la que más teme y respeta está representada en la imagen de la directora de su colegio, Ms. Hussa (Ahd): “la voz de una mujer es su desnudez”, le dice con tono amenazante para amedrentarla. La pequeña es acompañada en su camino por su vecino Addulah (Abdullrai Iman Algohani), que en cierta forma la alienta a continuar con su difícil empresa e incluso le presta su bicicleta para que comience a aprender.

Haifaa Al-Mansour no podrá evitar que se lea su filme en términos de una crítica al rol de la mujer en la sociedad. Duramente reprimida y limitada en sus actividades, el papel de la madre de Wadjda simboliza esa noción. Una mujer sin perspectivas mayores, completamente sumisa a un marido que nunca está en la casa; una madre que expresa su tristeza cuando se encierra sola en su casa para llorar. Esa angustia acumulada muchas veces se trasladará a su pequeña hija en forma de retos y prohibiciones.

La Bicicleta Verde es una historia de rebeldía inocente. El amor y la valentía son valores que se expresan en esta obra. Wadjda es su exponente máximo. Sin ellos no podría ni siquiera haberse animado a tratar de conseguir sus objetivos, colocando al coraje y el esfuerzo como motor del alma y escudo que protege de lo imposible. Más allá de vestir jeans, usar zapatillas y escuchar “canciones satánicas” -tal como le dice su madre- Wadjda representa la oportunidad de, a través de pequeñas luchas, plantearse una oportunidad para pensar y reflexionar acerca del orden establecido de las cosas.

calificacion_3

Por Darío Cáceres

 

Recitando en la oscuridad.

La vida de Wadjda (Waad Mohammed), una jovencita alegre en Arabia Saudita con inclinaciones occidentales, no sigue los mandatos de la moral musulmana al pie de la letra. Criada por una madre que debe trabajar como maestra en una escuela muy lejos de la casa y un padre ausente de una familia tradicional, la niña que se va convirtiendo en adulta (según los cánones árabes) comienza a sufrir las férreas reglas sociales que la religión musulmana le impone a la mujer.

El padre se encuentra en una encrucijada. La madre de Wadjda no puede tener más hijos pero la familia paterna y el honor le exigen un heredero masculino para continuar con el apellido, el linaje y la tradición. Mientras la madre intenta mantener su matrimonio seduciendo a su idolatrado e idealizado marido, el padre de la niña se ausenta por semanas para volver cada tanto y pasar muy poco tiempo con Wadjda y su madre.

En el colegio, la situación es aún peor. Wadjda raramente usa el velo islámico mientras va por la calle despreocupada en una ciudad cuyos gobernantes se interesan más por los grandes hoteles y los exuberantes shoppings que por la pavimentación, la iluminación y el bienestar de sus ciudadanos. En este contexto a las niñas se les enseña a sentir vergüenza de ser mujeres, a vivir de forma recatada según los antiguos mandatos de El Corán y se las castiga públicamente por su transgresión pecaminosa.

Obsesionada con tener una bicicleta para jugar con su vecino, Abdullah, Wadjda intenta por diferentes caminos conseguir la suma que le permita adquirirla y la oportunidad se le presenta en un concurso sobre conocimiento general y recitación de El Corán de la escuela.

La película expone los abusos psicológicos a los que las mujeres musulmanas son sometidas desde pequeñas para construir un retrato sobre una situación en permanente tensión en el mundo islámico. La obra es una crítica sobre la condición femenina en la sociedad árabe actual que retrata la situación de desigualdad que va exactamente en el camino opuesto al de occidente y es una de las causas más importantes de la falta de democracia en la región. La diferencia entre el occidente agnóstico, protestante cristiano, lugar del surgimiento y consolidación de los movimientos feministas que lograron instaurar el voto femenino, la igualdad de derechos, obligaciones y salarios, y el oriente árabe es cada vez más pronunciada a los ojos occidentales y decanta en circunstancias cada vez más ignominiosas.

La pretendida costumbre o tradición es solo una justificación perversa de una dominación masculina que representa el temor de los hombres musulmanes a perder su estatuto despótico y autoritario. La calidad estética, la claridad ideológica, las actuaciones extraordinarias, la calidez de los personajes y la valentía de Wadjda la convierten en un manifiesto contra la injusticia que realza la vitalidad e inocencia de la niñez para enfrentar un sistema que no debe ser aceptado ni tolerado en ninguna parte del mundo.

calificacion_5

Por Martín Chiavarino

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