A Sala Llena

Mentira la verdad

Pocas películas más hermosas que ET. Pocos films más evocativos de una época, más tiernos y más emocionantes. Y pocas, pero muy pocas cintas, más pura y sinceramente cinematográficas, que ET. Estoy acá, echada en mi sillón, en jogginta y patas de oso. Afuera llueve. Me hice un cafecito mientras pensaba en esta columna y en cómo les hablaría de la maravilla de ir al cine, mientras me regodeo con la belleza calma y silenciosa de mi casa. Mi casa hermosa, mi casa hospitalaria, mi casa mía, mi casa de mis gatos, mi casa de mi hombre. Y hay una emoción dulce en el ambiente. Un estado de apacible tranquilidad y chocolatitud (si, es una palabra, acabo de inventarla) que hace que todo se vuelva sensual, apetecible y tibio.

Agarré la película de Spielberg en Cinecanal HD. La perfecta e impoluta versión original, que se ve de puta madre. Últimamente la vengo cachando seguido, y siempre me la quedo viendo. Tiene un poder sobre mí. Un fuerte y profundo encanto, que no me ha abandonado jamás, desde que la vi por primera vez. Y tal vez sea, porque cuando pienso en cine, siempre pienso en ET y en su despliegue rutilante de recursos y artilugios cinematográficos.

En esta columna, siempre decimos que vamos al cine a que nos cuenten una historia, a que nos encanten y, por supuesto, a que nos engañen. Uno de los atributos más grandes y jugosos que tiene esta forma de arte, es su maravillosa y siempreviva capacidad de mentir. Y hablo de la mentira real, de la mentira humana, honesta, frontal y descarada. Esa mentira que Wilde defendía a capa y espada. La que destierra la imitación de la naturaleza, la que crea nuevas formas de expresión, a las cuales termina imitando la vida, y no al revés.

La verdad y la felicidad a veces no son compatibles. A menudo me pregunto cuál elijo cada día, de las dos. Es decir, creo que todos los seres humanos hacemos una elección, como mínimo semanal, entre la verdad y la felicidad.

Henry David Thoreau decía: “Antes que el amor, el dinero y la reputación, denme la verdad”. “Antes que el amor… “No sé, che… ¿Qué querés que te diga? Yo sigo fatigando mi copia precaria de La vida en los Bosques tratando de decidir. Lo extraño es que, en diferentes traducciones del chabón, se suelen incluir la fe y la justicia a la lista antes enumerada, como valores inferiores a la verdad, pero en ninguna con la que yo me haya cruzado, el tipo chifla: “Antes que el arte, denme la verdad…” Jejeje, ¿por qué será?

¿Cuántas son nuestras ganas reales de encontrarnos con la verdad?

Yo todavía estoy tratando de contestarme esa pregunta. Y si hay algo que el cine acaso sea por excelencia, no es otra cosa que UN ANTÍDOTO CONTRA LA VERDAD.

La mentira que el cine despliega, es tan enorme y perfecta, que reemplaza a la verdad con una nueva forma de realidad, con una nueva forma de construcción de la sensorialidad, de la emoción, del pensamiento e, incluso, de lo sueños. Y le exige a ese “nuevopensamiento” que se ponga al día a cada instante, para poder aprehender la resultante infinitamente variable. Y lo hace, vaya si lo hace…

Estaba observando los bosques de neblina espesa de la película, la claridad artificial de la noche, el humo del agua caliente saliendo de cualquier lado menos de las canillas, las sombras proyectadas artificialmente sobre el asfalto, las piruetas en bicicleta, los “astronautas zombis” entrando en la casa… Y me revolvía de alegría y regocijo. Tomaba placer pensando en Spielberg, en su amor por el cine y en su profundo conocimiento de lo que se trata. Porque este hombre angelado, sabe cuál es la verdad de las cosas y, por ende, conoce al dedillo su mentira.

Steven creó un mundo entero para Elliot y ET y lo hizo con sus propias leyes y reglas. Los planos están hechos casi todos a la altura de los ojos del niño y, de esa manera, la historia no puede más que ser contada a través de su mirada. Los adultos, salvo la madre, siempre aparecen cercenados, desconocidos, anónimos, hasta el descubrimiento de ET. De esa forma, la mentira se vuelve más honesta que nunca. Porque lo brillante que tiene la cinta, es que pone al espectador no a hacer la paces con el artificio, si no a desearlo, a buscarlo, a demandarlo y a no aceptar otra cosa en su lugar. La mentira se convierte entonces en la única verdad posible y en el único camino hacia la felicidad. Y vaya que esa felicidad es real…

¿En qué piensan ustedes? ¿Cuál de las verdades prefieren? Me encantaría saberlo…

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