A Sala Llena

La Chispa de la Vida

(España/ Francia/ Estados Unidos, 2011)

Dirección: Álex de la Iglesia. Guión: Randy Feldman. Elenco: José Mota, Salma Hayek, Blanca Portillo, Juan Luis Galiardo, Santiago Segura, Fernando Tejero. Producción: Andrés Vicente Gómez, Ximo Pérez. Distribuidora: Distribution Company. Duración: 94 minutos.

El triunfo del cinismo.

A lo largo de toda su carrera -y más allá de tropiezos estrepitosos como Perdita Durango o Los Crímenes de Oxford– Álex de la Iglesia se ha mostrado como un director talentoso y conocedor del oficio, capaz de manejar la puesta en escena y los tiempos del relato para generar suspenso y humor (elementos centrales en sus obras) de manera muy efectiva. Pero este manejo formal nunca fue acompañado por una visión o punto de vista que termine de completar ese círculo al que todo film debe aspirar.

La Chispa de la Vida vuelve a poner de manifiesto -y de manera muy clara- estas características. Por un lado, tenemos un manejo impecable de la puesta en escena en su aspecto superficial. Difícil resulta cuestionar la puesta de cámara o algún travelling. Es más, mucho de ellos son muy elogiables (por ejemplo, hacia el final, cuando se decide la suerte del protagonista, De la Iglesia emplea un travelling elegante que evita el golpe bajo y el exceso de sentimentalismo). Sin embargo, hay algo que falta. O que sobra, mejor dicho: cinismo. Aquí es donde está el problema de La Chispa de la Vida y de la filmografía del director vasco en general. Su visión no es la de un pesimista, sino más bien la de un cínico. Y para peor, la de un cínico profesional.

Vayamos por partes. La película se centra en Roberto (José Mota), creativo publicitario que supo ser exitoso pero que lleva dos años desocupado (reflejo de la actual crisis económica española). Un día decide ir a ver a viejos compañeros que manejan una importante agencia de publicidad y cuyo éxito se debe en gran medida a una campaña creada por Roberto. Luego de recibir una respuesta negativa, Roberto decide ir al hotel en el que pasó la luna de miel con su esposa para reservar una habitación. Al llegar, descubre que el hotel dejó de existir y que en su lugar se está inaugurando un museo. Allí, el protagonista tiene un accidente y -pese a seguir con vida- termina con una barra de hierro clavada en la cabeza.

Durante los primeros minutos vemos lo mejor que De la Iglesia tiene para ofrecer. El periplo de Roberto por los interiores de la moderna y espantosa agencia de publicidad y el posterior derrotero por el museo, generan una extrañeza y una inquietud dignas de un buen relato fantástico. Roberto es un extraño en el mundo, del que ha sido expulsado y donde ni siquiera puede encontrar su añorado pasado. Durante estos quince minutos iniciales hay promesa de una buena película, sin embargo, luego del accidente, todo se vuelve pose cínica profesional. Todos los personajes serán interesados, egoístas e idiotas. Hasta el propio Roberto mostrará alguna de esas características. De la Iglesia simplifica demasiado construyendo solo figuras grotescas, destinadas aparentemente a transmitir una mirada oscura sobre la sociedad pero que por falta de matices se convierten apenas en vehículos de su cinismo. El vasco se divierte con sus personajes idiotas y con la miseria reinante, y prefiere quedarse allí, haciendo de su película un himno a la obviedad y el infantilismo. Podría decirse que el personaje de Salma Hayek (la mujer de Roberto), es la contracara de todo esto, pero su peso es insuficiente para nivelar una balanza que el director -sonriente y guiñando un ojo- se empecina en desequilibrar de antemano.

calificacion_2

Por Sebastián Nuñez

 

Roberto (José Mota) supo ser un creativo publicitario exitoso, pero ahora está desempleado y debe mantener a su familia. Luego de una fallida entrevista laboral, decide volver al hotel en donde pasó la luna de miel con Luisa (Salma Hayek), su esposa. Grave error. Primero, descubre que donde estaba el edificio ahora hay un museo. Segundo, dentro del lugar tiene un accidente en el que termina  con una vara de hierro clavada en la cabeza. Nadie se atreve a sacarlo, ya que podria ser mortal. Pronto tendrá a su alrededor periodistas, curiosos y empresarios inescrupulosos, con quienes Roberto tiene en mente sacar provecho de la situación para ganar algo de dinero.

Álex de la Iglesia vuelve a demostrar que es uno de los directores (de España, de Europa, del mundo) más personales, cinematográficos y audaces. Su nueva comedia negra y satírica se mete con la situación actual de la sociedad española, afectada por la crisis económica y la falta de trabajo.  Están las situaciones desopilantes y la incorrección política de siempre, aunque en un nivel más bajo que en otras de sus obras.

José Mota lleva muy bien el rol, que lo obliga a permanecer casi toda la película acostado en una posición incómoda. Salma Hayek cumple como la sufrida Luisa, pero, como en todos los films de realizador, son los personajes secundarios quienes se roban muchas escenas.
Sin llegar a ser genial, La Chispa de la Vida sigue mostrando a un Álex de la Iglesia en buena forma y, de paso, sirve para conocer un poco más la problemática de los españoles.

calificacion_4

Por Matías Orta

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