A Sala Llena

La Mirada Invisible, Según Jose Luis De Lorenzo

El crecimiento de un cineasta.
Como cinéfilo siempre he encontrado/elegido distintos caminos en la elección de ver films a través de los años. Esas búsquedas las he visto relacionadas a las etapas mismas que uno vive a lo largo de su vida, los cambios de ánimo, la necesidad del momento. Los mapas de ayuda para empezar estos recorridos a veces se vincularon a ir conociendo el cine a través de las entregas de premios como lo ha sido en mi infancia, principalmente los Oscars, la llegada a mis manos de revistas especializadas en cine, video, las críticas de los diarios en sus dias jueves (de estrenos), secciones apartadas a espectáculos en revistas, los festivales de cine, hasta llegar a mi modo de autopiloto actual y más disfrutable hasta el momento, el seguir una filmografía de directores, en forma cronológica.


Estos distintos caminos y forma de recorrerlos a su vez, generan nuevos lazos, algo así como las actuales redes sociales, donde uno termina enterandose que un amigo es a su vez el amigo de la amiga de otro amigo, los seis grados de separación.
A qué quiero ir con esto?
En el camino que recorre la filmografía de Diego Lerman, se denota un crecimiento exponencial en materia cinematográfica; desde el filmar con escasos recursos y obtener resultados más que satisfactorios (así llegaron Tan de Repente al BAFICI 2002, seguida de Mientras Tanto)  hasta ahora, con La Mirada Invisible, film presentado en la sección Quincena de Realizadores del reciente Festival de Cannes.
Tan de Repente abordaba un tema local: el despertar lésbico latente de la protagonista, una chica gordita de carácter pasivo, frente a otra completamente opuesta, marginal, autoritaria, rebelde, junto con una amante. De modo violento, terminan manteniendo una relación particular. Filmada en blanco y negro, poco convencional, Indie, bizarra.
Con el salto a La Mirada Invisible, Lerman crece; muestra habilidad y un trabajo sobre un estilo completamente diferente a sus anteriores incursiones cinematográficas. ¿Es aquí donde puede perfilarse como una nueva promesa del cine argentino?
La Mirada…va de una chica (excelente Julieta Zylberberg) que entra al Colegio Nacional Buenos Aires bajo la categoría de preceptora. El año es 1982, ya casi abandonando la dictadura militar, con Galtieri al mando de un país embarcándose en la nefasta Guerra de Malvinas. Las esquelas de la época nefasta, se hacen ver en el cotidiano de la institución, jerarquizada y de renombre con historia propia, lugar donde los mismos próceres argentinos pisaron el establecimiento; un lugar donde hacer historia. Uno de los principales (Osmar Nuñez), es de aquellos que están a favor del régimen, que quedó al mando de la institución, los modales y conducta impuesta hacia el alumnado y que es característica de un orden militar. El tomar distancia, las reglamentaciones sobre el uniforme, el pedido de documentación frente a cualquier altercado o conducta sospechosa denotan una modalidad que tanto eran sostenidas tanto internamente, bajo las paredes que rodean la institución, como también en su exterior.
María Teresa (Zylberberg) vive reclusa de sus pasivas actitudes. Ve a los hombres tomando una distancia de represión tal que su vida sexual es nula. Mira, observa desde un lugar voyerista para saciar su interrogante y necesidad. No encaja con sus pares, va a una fiesta y es distante, pasa desapercibida. Quizás el grado de separación entre el espectador y Lerman, es la excelente actuación que ha logrado sacar de Zylberberg; su personaje tan sombrío y apagado es el mayor pilar del film.
El extenso patio del instituto juega con sus baldosas intercalando blancas y negras como un tablero de ajedrez, una representación de las miles de almas involucradas en aquella época. Los pasillos fríos, el cemento gris; un colegio cuyas semejanzas a un centro de detención no son pocas.
La Mirada…está basada en la novela Ciencias Morales de Martín Kohan, y es de esos films cuya primera visión deja al espectador analizando y repercutiendo por días, intentando poder digerir los acontecimientos vistos. La experiencia de utilización de las miradas plasmadas con los fuera de campo, una herramienta empleada minuciosamente, son efectivas.

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