A Sala Llena

La Mujer Puerca

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La Mujer Puerca

Dirección: Lisandro Rodriguez. Autoría: Santiago Loza. Vestuario: Jose Escobar, Lisandro Rodriguez. Escenografía: Jose Escobar, Lisandro Rodriguez. Diseño de luces: Matías Sendón. Producción: Elefante Club De Teatro, Natalia Fernandez Acquier. Colaboración artística: Mariano Villamarin. Elenco: Valeria Lois. Prensa: María Sureda.

En esta ocasión Santiago Loza nos presenta unipersonal en la piel de Valeria Lois. Su personaje es una mujer de pueblo cuya vida está dedicada y entregada enteramente a un amor que no la corresponde: el amor de Cristo.

La Mujer Puerca es una obra cargada de emoción, dolor, amor y angustia, pero en especial es una obra cargada de imágenes. El libro de Loza en boca de Lois es poesía, las palabras crean un mundo en la cabeza del espectador.

Es notorio, en obras tan bien logradas como La Mujer Puerca¸ lo necesaria que es la perfecta conjunción entre libro, actuación y dirección. A medida que masticamos el texto de Loza y saboreamos las palabras de Lois entendemos que nada es casual, que cada anécdota encierra un dolor, cada dolor una causa y todo ello crea un ser especial, único e irrepetible, sujeto de este texto maravilloso. Así es como se aprecia el trabajo de Lisandro Rodríguez en la dirección, quién se ocupa de hacer real el texto y toma pequeñas grandes decisiones. El peinado, la iluminación, los colores, el vestuario, el espacio, los silencios, la mirada y la lágrima, todo es preciso, justo y perfecto, en el lugar indicado.

Del mismo modo, no puedo ver a otra que Valeria Lois en este lugar.  Ella se devora el texto, lo trasciende. Hace de la ficción, realidad y consigue trasladar al espectador a su niñez, es posible conocer a sus primos, a sus vecinos, al cura a través de su relato. Lois está sola en un pequeño escenario, sentada en un banquito, junto a una mesa y rodeada de objetos religiosos y frente una audiencia que no está en las sombras, sino que está presente, la mira y  la escucha atentamente. No sólo lo soporta, lo aprovecha: habla al público directamente abandona ese cómodo punto fijo, por detrás y encima del público. Hay presencia y decisión, Valeria mira a los ojos de los espectadores y se involucra para contar su historia.

Esta mujer ha soñado toda su vida con vivir en carne propia un milagro, la manifestación viva del amor y la presencia de Cristo. Pero nada le pasa a ella porque ha estado en los márgenes viendo como la vida misma, los milagros, le sucedían a otros; siempre a su alrededor pero no a ella.

La Mujer Puerca es una historia profunda, de abandono y de amor. El testimonio de una huérfana que sueña con ser amada, ser parte. Anhela ser santa, ser merecedora del amor de Dios, pero no lo merece porque es puerca, llena de la mugre que la hace humana. Una obra que se trasforma en un viaje de ida, merece ser vista, ser reflexionada y debatida. Una joyita más de Santiago Loza.

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Por Paulina Domínguez

Una vez más los textos de Loza conforman, conmueven, atraen, sorprenden y nos pintan universos femeninos desde las entrañas mismas del asunto.

Luego de haber visto Todo Verde en el mismo teatro me quedo con ganas de ver màs de Loza. ¡De ver todo lo que tiene escrito Loza! Por eso me acerco, con gran expectativa, en esta ocasión a ver La Mujer Puerca.

Este dramaturgo, guionista y cineasta contemporáneo viene dando en la tecla con todas sus producciones. Tiene la capacidad de pintar con mucha sutileza, simpleza y humor paisajes que son sin duda dramáticos, evitando caer en lugares comunes y mal gusto, dejando lugar a la reflexiòn y los silencios.

En esta ocasión, nos cuenta la historia de una mujer huérfana. Una mujer marcada por la religiosidad y en busca de la santidad. Su vida junto a su tía, quien le dice “¡Vos sos puerca!” y sus primos, sus andanzas con los camioneros, su profunda entrega a Dios, esperando siempre algún reconocimiento, señal, milagro que le retribuya tantos sacrificios que ha hecho, pero no. Los milagros siempre pican cerca pero nunca le suceden a ella. La búsqueda de un amor. Del amor de Dios.

El camino errante de una mujer tierna e inocente, rodeada de la maldad de la sociedad, sufriendo y tratando de sobrellevar los dolores como un acto de bondad y creyendo que todo esto es parte de la cruz que cree tiene que cargar.

No hacen falta en el escenario màs que una mesita con un atado de puchos, que en algún momento ella intentará fumar nerviosamente, una virgencita y otros pocos objetos religiosos. La iluminación està compuesta por unas luces de bajo consumo bien potentes, muchas, sobre su cabeza.

La actuación de Valeria Lois es genial, provocando reir y conmover, llevando con altura el papel de la mujer devota y hablando con matices a la vez que también representa a los personajes que va nombrando. Su desempeño desde lo corporal también son de gran exigencia (como cuando gira y gira su cabeza narrando una corrida/huida).

Parece que este papel no lo pudiera realizar otra actriz. Lois toma al pùblico, lo mira, le pregunta, haciéndonos partícipes de su niñez, ilusiones y dolores.

El trio Lois, Loza, Rodríguez funciona como un engranaje perfecto, selecto y delicioso.

Cada uno desde su rol y poniendo nuevamente al Elefante Club como un recinto de teatro de calidad.

Teatro: Elefante Club de Teatro – Guardia vieja 4257

Funciones: Lunes 21 Hs

Entradas: $60 y $45

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Por Heliana Rofrano

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