A Sala Llena

Las Viudas de los Jueves, según Matías Abramowicz

Las Viudas de los Jueves es un libro fácil de leer, inclusive me acuerdo casi devorarlo durante dos o tres tardes en la playa. Eso, igualmente, no le quita mérito a la hora de contar una historia que tiene las dosis justas de misterio, suspenso, un poco de bajada de línea y como siempre, algunas partes que uno quiere matar a la autora.

Desde el vamos es una novela difícil de adaptar cinematográficamente. El libro cuenta como durante toda la década del noventa los personajes van transformándose en una suerte de oligarcas de country, como los nenes y las nenas mimadas de un micromundo con reglas propias.  La primera decisión de adaptación que tomaron es la de trasladar todo este desarrollo de personajes en tan sólo unos meses. Es así como muy mordidamente comprendemos que estos personajes son hijos del menemismo y que eso es lo que lentamente los empuja a la ruina. Sin embargo, desde mi punto de vista noté como una mirada superficial sobre este mundo. Todos sabemos que son guachos, juegan al tenis, toman whisky del mejor, se ponen ropa de la mejor y van a cenar a restoranes caros. Pero a la hora de profundizar, los conflictos de los personajes no son muy hondos. La única pareja que parece salvarse de esto es la de Toscano-Sbaraglia, que se maneja bastante fresca por estar un poco abierta a todo el quilombo en el que están expuestos.

Luego está la poca sutileza a la hora de mostrar las cosas, como por ejemplo la escena donde la adolescente va a comprar droga y termina con un travelling hacia arriba donde se descubre una villa con cumbia de fondo; o porque no, la escena del embotellamiento donde todos escuchan el caos del 20 de diciembre por radios a todo lo que da y el personaje de Alterio está inmutable en su coche.

La visión de Piñeyro acerca de la rebelión en la juventud es un tanto liviana. Los hombres son bisexuales y se desnudan enfrente de toda la gente y las chicas son rebeldes, se cagan ante sus padres e inclusive fuman paco (un tanto extremista esto).

Sin embargo, narrativamente la película tiene buenos pasajes y un misterio bien plantado acerca de que le pasó a los tres cadáveres que descansan en el fondo de la pileta. Otra cosa para rescatarle a Piñeyro es la factoría técnica y estética que tiene su obra. Es más, la fotografía y el uso de los colores funcionan en perfecta sintonía con lo que se quiere contar. Un mundo supuestamente perfecto de la casa de afuera, pero que dentro está corrompido, todos tienen sus trapos al sol, pero nadie los va a mostrar.

Las actuaciones son en general bastante buenas. Como dije antes, destacan la pareja Sbaralagia-Toscano y luego Echarri-Celentano. Viale (la nieta de los almuerzos), Carrá y Botto están aceptables también. Sin embargo, hay algo muy raro en el personaje de Alterio, uno no termina de saber como ese personaje tan caído y perdedor (sumado a una forma de hablar rarísima) pudo haber sido abogado de una multinacional.

La Viudas… no es una gran película y tiene cosas objetables, pero no hay que dejar de lado que Piñeyro es unos pocos directores que sigue haciendo un cine clásico y estéticamente perfecto y que en mayor o en menor medida, siempre se le rescata algo como realizador.

 

 

 

 

 

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

También te puede interesar...

X

LEER MÁS →

Andor

LEER MÁS →

Argentina, 1985

LEER MÁS →