A Sala Llena

Las Voces

Las Voces (Argentina, 2012)

Dirección y Guion: Pablo Torre. Producción: Silvana Jastreb. Elenco: Jean Pierre Noher, Ana Celentano, María Socas, Wanda Brenner, Alejandro Awada. Distribuidora: Duración: 93 minutos

Si anteriormente hablé de La Plegaria del Vidente como un policial negro fallido -que respondía al género desde su estética y estructura narrativa pero era deficiente a nivel actoral y, en algunos tramos, en su montaje-, Las Voces es un thriller que pareciera erigirse dentro del estilo solo desde su imaginario visual pero que transita, errante, una historia que se vuelve más y más incoherente a cada minuto. Desde el comienzo, todo parece indicar que estamos ante un relato tétrico con elementos dignos del terror: una anciana en coma (Ana Celentano pésimamente maquillada), voces siniestras que provienen de su audífono y una niña que asegura que su abuela -pese a su estado- le habló de su abuelo perdido -un misterioso ventrílocuo (Jean Pierre Noher en su papel menos creíble)-; todo esto mientras la película divide, mediante un montaje alterno, el pasado y el presente.

Todos los misterios que el guión propone invitan al espectador a jugar -como lo haría cualquier film de suspenso-, pero cada escena en apariencia clave para el desarrollo de la historia queda trunca, convirtiendo a la película en una sucesión de situaciones inconclusas que, ya bastante antes de promediarla, la vuelven aburrida y estática, haciendo que el espectador pierda el interés por tratar de descifrar su trasfondo. Es que una vez llegado el final, nada se altera y se dejan miles de cabos sueltos que deberemos armar a fuerza de un gran ejercicio de imaginación que Pablo Torre parece haber olvidado.

Se comete un crimen, interviene la policía (en una única escena por demás ridícula), se insinúa un secreto familiar inquietante, hay una niña espectro que persigue al protagonista y que resulta ser idéntica a su nieta en el futuro; todas son piezas sueltas que nunca encajan. Además, las actuaciones resultan, en general, sobreactuadas e inverosímiles, echando por tierra cualquier intento de generar tensión; las únicas rescatables (como la de Alejandro Awada) ocupan roles demasiado secundarios que no pueden salvar la película.

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