A Sala Llena

Libreta de apuntes (14) | Incaa otra vez

Cada tanto el INCAA pasa de ser ese organismo público de fomento al cine que solo nos incumbe a muy pocos y se convierte en foco de atención de los medios y la opinión pública en general. Siempre son escándalos los que producen este fenómeno. Alguna vez fueron denuncias de corrupción; en este caso se trató de los disturbios en la manifestación frente al edificio del INCAA y la represión policial. Hacía tiempo que las entidades venían reclamando por la falta de reacción de esta gestión, pero la verdad es que solo el escándalo hizo que la crisis trascendiera. Es muy posible que esto traiga cambios en las autoridades del INCAA e incluso en las medidas de fomento que viene reclamando el sector, sobre todo el más vinculado a la producción independiente. Puede pasar, incluso, que en un mediano plazo se avance en las dos instancias legislativas que todas las entidades consideran más urgentes: la anulación del artículo de la Ley 27432 que fija la caducidad de la asignación de fondos para el fomento del cine (y de otras actividades culturales); y, por otro lado, la imposición de un gravamen a la exhibición audiovisual en plataformas. Que estas instancias legislativas se cumplan será justo y necesario. Más allá de muchas malas gestiones, la corrupción y la falta de transparencia en muchas de las etapas, las lógicas burocráticas habituales y los vicios corporativos de la ley de cine, el fomento a la producción cinematográfica es una tradición política argentina virtuosa. Es absurdo que un artículo metido a los apurones por quién sabe quien haga morir de golpe aquello que ayudó a la subsistencia del cine argentino a lo largo de tantas décadas con coyunturas económicas generalmente desfavorables. Por otra parte, el reclamo para que se grave impositivamente a las plataformas es pertinente, ya que sigue la lógica filosófica de la ley de cine, que considera que el cine se subsidia a través de lo que se recauda impositivamente en los distintos medios de exhibición. 

Sin embargo, creo que es un error quedarse solo en un reclamo económico, más allá de que los argumentos se basen en slogans como “soberanía cultural” o “soberanía audiovisual”. Lo que deja en evidencia este último escándalo es que se ha perdido el consenso social y cultural que sostenía la existencia del fomento al cine. Hasta no hace mucho, los que se oponían a la existencia del INCAA eran minorías fanáticas o ultraliberales ortodoxos. Por fuera de los directamente interesados por formar parte de la industria, directa o indirectamente, que obviamente defendimos siempre el fomento, la mayor parte del resto de la opinión pública avalaba sin opinar, apoyaba explícitamente o se mantenía en una omisión desinteresada. Pero desde hace un tiempo ese consenso ha desaparecido y ya solo los que formamos parte creemos que el fomento a la producción debe sostenerse. Gran parte de lo que se escucha y se lee por ahí son burradas simplificadoras: “son todos chorros”, “si sus películas las ve poca gente que se jodan”, “el INCAA no sirve para nada”, “sólo filman los K”. Pero aún siendo burradas, hay que admitir nuestra derrota cultural; no hemos sabido sostener ese consenso y siento que todavía no nos hemos dado cuenta. 

Tal vez esta sensación de punto límite al que hemos llegado sea una oportunidad. El sistema que venía sosteniendo la producción cinematográfica a través del fomento del INCAA ya era frágil desde hace años. Sobrevivía con respiración artificial. Solo recibimos malas noticias, pero en cierto sentido son una suerte de baño de realidad. Si nos quedamos solo en el reclamo de más plata para el sector solo vamos a lograr un estiramiento de una agonía anunciada. Una reforma de la lógica del fomento al cine debería tener como objetivo recuperar ese consenso perdido, debilitar el estado de sospecha permanente acerca del destino de los fondos, pero no desde el ocultamiento sino desde la transparencia y reglas de juego distintas. El INCAA puede reclamar para sí una tradición gloriosa, pero hoy es solo un edificio viejo feo e inútil, demasiado desgastado por la burocracia y la ineficiencia. Tal vez no sea más que una muestra de lo que es el estado en su conjunto: una estructura burocrática enorme, cooptada por fuerzas ajenas a las funciones que debería tener, a la que todos le reclaman pero a la que nadie le cree.

Me preocupa la inminencia de la caducidad del fondo de fomento y que el INCAA esté desfinanciado, pero más me preocupa que no estemos en condiciones de dar la discusión para aprovechar esta crisis y empezar de nuevo, reconstruir el fomento al cine con objetivos más nobles y sólidos, asumiendo responsabilidades y pensando en un futuro más luminoso. 

 

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