A Sala Llena

LOBO, una promesa que no se cumplió…

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Estos últimos días he estado, vaya a saber por qué, un poquitito furibunda. Con la menor de las estupideces salto como leche hervida y, ni hablar, si alguien me atiza un poco. Digamos que, como mínimo, le muerdo la mollera. Es una de esas semanas en las que la mostaza está más subida que de costumbre y me encuentro, frecuentemente, transformada en una especie de criatura intratable. Y hablando de criaturas intratables, parece que por estos días termina LOBO, la tira de canal 13 protagonizada por Gonzalo Heredia. Debo decir con una pizca de rabia, que no me sorprende en lo más mínimo que sea levantada finalmente, porque los creativos, primero fueron osados y se metieron con un género que podría haber pegado el batacazo del año, y después se comieron los mocos.

He hablado muy poco en este espacio de la televisión local y pensé que era hora de hacerlo un poco más, aunque solo fuera para pegar un par de patadas karatekas.  Y qué quieren, si esta gente no se ponen las pilas, los chongos en camiseta no les van a salvar cualquier papa que se les esté quemando…

Ustedes saben que soy una fanática de las historias fantásticas, los cuentos de hadas, las leyendas, los mitos y la mar en coche. Así que, cuando me enteré de que iban a hacer una tira cuyo protagonista era un hombre lobo, salté de una pata a la otra (porque no era como para saltar en una sola) de lo contenta que estaba. Pensé que la cosa iba a tener un vuelo muy interesante.  Por otra parte, el hecho de que la saga de Crepúsculo haya dejado una especie de “viento de cola” para el género y la tele local lo aprovechara, me resultó remarcablemente ingenioso.  Qué puedo decirles: me adelanté con la chochera. El material que produjeron no estuvo a la altura de las circunstancias. Es más, con cada capítulo la cosa empeoraba y empeoraba irremediablemente. Parecía que las escritoras (Lily Ann Martin y Cecilia Guerty, hacedoras de grandes éxitos anteriores para la pantalla del 13) no estaban amigadas con el material y no sabían para qué lado rumbear. Llegaron a un estado de fatiga tal, que las escenas comenzaron a repetirse, una y otra vez hasta el tedio más absoluto, con enemiga e involuntaria minuciosidad y con una ausencia casi total de sentido narrativo.  De esta manera, todos los capítulos se parecían a tal punto, que ya no daban ganas de seguir viendo nada de lo que pasaba. Y ojo que lo digo habiéndola aguantado unos cuantos capítulos más después de que se hiciera realmente dura de ver.

Si nos metemos con el desarrollo de los personajes y con la dirección de actores, no encontramos nada mucho mejor tampoco. Teniendo un elenco de verdadero talento y de nombres más que interesantes como Gerardo Romano, Adrian Navarro, Vanesa González, Esteban Pérez, Laura Azcurra, Viviana Saccone, Luis Machín, Luisana Lopilato y Osvaldo Laport (entre otros) la tira se quedó en las medias tintas y no despegó nunca, desaprovechando notablemente la fortaleza de la comparsa artística que la componía. El pobre Navarro debe estar redondamente harto de que lo hagan emborracharse en toma. No había escena entre los hermanos Díaz Pujol, que no involucrara un vaso de whisky, una pelea de tinte más bien pedorro y la palabra “carajo” cada tres segundos.  Los directores, Jorge Montero y Jorge Bechara (también impulsores de grande éxitos) dejaron al cast completamente huérfano y a la buena de Dios. Era obvio que no había un solo rasgo de contención verdadera desde la dirección, que apoyara las composiciones de los actores que estaban poniendo el cuerpo. De esta manera, cada personaje fue volviéndose unilateral, estereotipado, duro, desprovisto de humanidad genuina y, por lo tanto, poco interesante. El propio Heredia fue abandonado a su suerte, condenado a repetirse escena tras escena, dejando atrás cualquier rasgo de profundidad y complejidad que su “Lucas Moreno” pudiera tener. Una verdadera pena, porque el pibe, bien dirigido, puede rajar la tierra tanto por sensualidad, como por veracidad y vitalidad. Y su compañera Vanesa González, una actriz de raza,  fue desplazada a un lugar bastante monocorde y sombrío, que le robó a su rol de “chica de la novela”, todo el ángel que hace falta para sostener una tira diaria y para ganarse la identificación de la gente. Tal vez Laport, con su instinto de zorro viejo, haya sido el que tomó más riesgos, el que jugó más en el borde, el que trató de llevar las cosas a un nivel diferente. Su composición de Lisandro Díaz Pujol, es la más aventurada de la tira y tal vez la más matizada y colorida. Sin duda, la única que se recortaba del fondo, de esta fotito desprovista de gracia. Ni Machín, con su desbordante e innegable talento, pudo hacer demasiada fuerza para salvar el asunto. Pero lo que realmente le jugó chueco al producto, fue el desconocimiento profundo e insalvable del género, de parte de la gente que debía llevarlo adelante, y eso es imperdonable. Porque de verdad han desperdiciado una idea maravillosa y un sinfín de recursos (los efectos especiales estaban más que dignos) en una intentona irresponsable y poco comprometida, que ha dejado el campo minado por buen tiempo, para cualquiera que venga atrás con ganas de invertir en arenas similares.

Ustedes se preguntarán por qué me estoy metiendo con este tema ahora y con tanta libido y la respuesta es simple: porque me da bronca. Porque conozco un millón de escritores interesantes que podrían haber hecho algo realmente genial con LOBO y haber reventado las pantallas de todos los hogares con algo nuevo, excitante, estimulante e inteligente. Porque no me gusta que me subestimen, porque no me banco más a los chongos terciados en camiseta corriendo por el campo, porque quiero ficciones que tomen riesgos, que sean nuestras y de calidad verdadera. Porque detesto que dejen a los actores desnudos y por la tierra, a ver cómo le encuentran la vuelta a la recta, y porque de verdad me jode, que algunas ficciones argentinas se conformen con el medio pelo y la sacada de taquito.

Si, LOBO muerde el polvo en estos días y con ella se esfuma la generosa idea de llevar el género fantástico a nuestra pantalla chica.  No vamos a tener tiempo de extrañarla, porque se viene Tinelli con su aplastadora popularidad y va a embestirlo todo nuevamente. Pero los responsables de que esta tira no funcionara, no tienen un fracaso menor entre sus manos, tienen la responsabilidad de haberle cerrado la puerta a algo que podría haber sido de dimensiones épicas.

Iba a haber un antes y un después de LOBO, pero no nos va a quedar ni el recuerdo.

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