A Sala Llena

Locos por los Votos (The Campaign)

Locos por los Votos (The Campaign, Estados Unidos, 2012)

Dirección: Jay Roach. Guión: Chris Henchy, Shawn Harwell. Elenco: Will Ferrell, Zack Galifianakis, Dylan MacDermott, John Lithgow, Brian Cox. Producción: Will Ferrell, Zack Galifianakis, Adam McKay, Jay Roach. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 85 minutos.

VCA (Vieja Comedia Americana)

A priori la dupla formada por Will Ferrell, Zach Galifianakis y la producción de Adam McKay nos hacían pensar en otro nuevo episodio glorioso de la nueva comedia americana. Estos personajes fueron algunos de los responsables de sacarle la solemnidad y la complacencia a la comedia yanqui, tipos que anularon la formula tranquilizadora de la comedia sub normal que hizo desastres en los ochenta y en gran parte de los noventa. El Anchorman construido por McKey y Ferrell y que decir de la aparición anárquica de Galifianakis en ¿Qué Pasó Ayer? eran ejemplos de una nueva comedia que sepultaba a la ya olvidada comedia vetusta que tanto le gustaba hacer a Chevy Chase (recuerden las infumables European Vacation y Nothing But Trouble entre otras) y que había hecho del genero el peor de todos los géneros del cine americano.

Pero en Locos por los Votos ni Ferrell ni Galifianakis recorren el nuevo camino construido. Más bien, están en piloto automático, haciendo morisquetas y regodeándose del nuevo mito creado. La dirección de Jay Roach no los ayuda en absoluto. El director, más acostumbrado a comedias profesionales tipo La Familia de mi Novia o a esa horrible parodia de James Bond llamada Austin Powers lleva a contener en un molde a los dos anarco actores y a que desencadenen el relato en construcciones complacientes. Roach quiere hacer nueva comedia americana y no puede. Engaña. Efectivamente Ferrell le pega una trompada a un niño, pero el destinatario del golpe era otro, o sea lo golpea por accidente apelando al más redundante de los efectismos. En Todo un parto el sacado de Todd Phillips hace que Robert Downey Jr piense y ejecute darle una piña a un chico. Mientras en la película de Roach la piña se da como enredo, en la de Phillips la trompada se da de verdad. Esa es la diferencia entre la vieja comedia y la nueva comedia americana, en la NCA no sabemos cual es el límite y de donde vienen los gags, son impredecibles. La repetición del gag por parte de Ferrell golpeando a “el perro de el artista” nos llevó a lo peor de los ochenta, la falta de ideas como anulación de la comedia.

Roach pareció más preocupado en el sub texto político de dos locos compitiendo por ser senadores bancados por dos empresarios chupasangres que por hacer comedia, que fue, como ya dijimos, previsible, obvia y aburrida. No mencionaremos el final, otra vez tranquilizador. Apenas algunas cositas destacables de Farrell (el que sirve, el que tiene sexo en un baño químico) pero no alcanzan para alimentar otro capitulo de la tan mentada nueva comedia americana, quizás el mejor genero que tiene el cine el día de hoy.

Por Carlos Federico Rey

 

Fair Play

En una entrevista, Barry Sonnenfeld (director de Los Locos Adams, Hombres de negro) dijo que el fracaso de Wild Wild West se debió al hecho de haber juntado a dos cómicos (Will Smith y Kevin Kline) en los roles protagónicos. Para él, la unión de estos actores provocaba una especie de rechazo casi químico entre ellos (y por ende en el espectador con la película) ya que provenían de un mismo género. En este sentido, el realizador aclaraba que, por el contario, Hombres de Negro era más efectiva porque fusionaba a un actor de comedia como Smith con otro acostumbrado a un registro dramático como Tommy Lee Jones. Es decir, era una buddy movie que respetaba las diferencias que surgen entre los opuestos. Wild Wild West (además de ser mala en casi todos sus aspectos) no lograba generar una conexión con el público porque había más competencia que unión, más rivalidad que afecto.

Locos por los Votos se contradice todo el tiempo. Pero esto se encuentra lejos de ser un defecto. Por un lado, hay un relato que claramente opone a dos personas a combatir en un espacio determinado: dos políticos se candidatean para ser congresista de un pequeño pueblo. Uno republicano y el otro demócrata, naturalmente. Todo esto, en manos de un realizador como Jay Roach (ya había dirigido la interesante Recount, sobre el sufragio que enfrentó a Gore y Bush en 2000), es terreno para una competencia natural entre dos políticos. Pero si a esto se le suma las presencias de Will Ferrell y Zach Galifianakis, la película adquiere un tono bien paródico, alejado de un film como Recount. Sin embargo, Locos por los Votos se vale de una agradable unión entre los actores. Ambos parecen respetar el terreno del otro: no buscan robar el espectáculo sino compartirlo. Esto se siente en la puesta en escena, que fluye naturalmente, en especial cuando los dos cómicos comparten una misma escena (en este sentido, los debates presidenciales son extraordinarios en ritmo, montaje y actuación).

Otra gran película que ponía en un mismo ring a pelear a dos actores inmensos en la comedia es Enemigo en Casa. En esa película, Sean William Scott y Billy Bob Thorton luchaban por el amor de Susan Sarandon, la madre del joven que ahora tenía una nueva pareja, un terrible entrenador de educación física. Si este film funcionaba era porque, mientras que el relato cuenta una competencia entre dos personajes, los cómicos parecen ser solidarios con el otro buscando un bien común. Junto con Locos por los Votos conforman esas películas que si bien no pertenecen al género del deporte, en su esencia se halla la virtud del trabajo en equipo para llegar al triunfo.

Inteligente resulta ser el planteo de Roach con respecto a su posición con la política actual. En épocas en las que los valores demócratas parecen representar continuamente lo correcto, el director hunde estas consideraciones con un personaje patético como el planteado por Ferrell. Por primera vez en mucho tiempo, Estados Unidos puede ver a un representante del partido de Obama acostarse con la mujer del otro candidato, no saber el Padre nuestro y golpear a un bebé.

Locos por los Votos contiene, además, el beneficio de ser una película de corta duración. Solo 85 minutos, que el director exprime hasta el final (con menor y mayor suerte en sus chistes, vale aclarar). Lo bueno que dure poco es que cuando se acerca el momento políticamente correcto que impregna a la mayor parte del cine actual (incluso pasaba en La Familia de mi Novia, también de Roach), el film ya está por terminar. Entonces, los discursos, los valores morales, el arrepentimiento casi no tienen tiempo para arruinar la despiadada competencia que se había gestado entre estos políticos.

Por Luciano Mariconda

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