A Sala Llena

Los Descendientes, según Nuria Alvarez Silva

Lo que se hereda

Hay que decirlo: George Clooney es bueno, muy bueno. Tiene la capacidad actoral para asumir con mucho estilo cualquier tipo de papel dentro de cualquier género, y un actor tan versátil no podía dejar más que un gran resultado como padre de familia en Los Descendientes de Alexander Payne, una comedia dramática que recorre ambos géneros con la gracia y sutileza propia del director, como en el caso de sus antecesoras Entre Copas y Las Confesiones del Sr. Schmidt.

Y quiero detenerme un segundo porque no mencioné estas dos películas al azar. Aunque me sería difícil confirmarlo debido a que no vi toda la filmografía de Payne, creo que, quizás apresudaramente, podemos hablar de una trilogía conformada por estos tres filmes: protagonistas masculinos que a partir de la pérdida de la mujer de sus vidas (ya sea por divorcio, muerte o un estado de coma), emprenden viajes como medio de redención o búsqueda espiritual.

En Los Descendientes conocemos a Matt King (George Clooney), un terrateniente de Hawaii que luego de que su mujer cayera en un coma tras una accidente con una moto de agua, reúne a sus dos hijas y se las lleva de viaje con él a Oahu, nada menos que para enfrentar al amante de su esposa. La historia está basada en la novela escrita por Kaui Hart Hemmings, (quien incluso hace un cameo en la película) adaptada por el propio Alexander Payne junto a Nat Faxon y Jim Rash.

Estrenada inicialmente en el marco de varios festivales a finales del 2011, como el Telluride Film Festival (EEUU), el Toronto International Film Festival (Canadá), NYFF, entre otros, llegará a nuestras salas esta misma semana ya siendo una de las grandes candidatas a los Premios Oscar, contando con cinco nominaciones por Mejor Director, Mejor Actor Protagónico, Mejor Guión Adaptado, Mejor Montaje y Mejor Película, quedándole grande este último rubro tomando en cuenta las otras películas que la acompañan en la terna.

Payne una vez más nos entrega un film cargado de humor, muy negro por momentos, con un trasfondo sumamente trágico pero que a su vez rebalsa ternura aún con sus insultos y peleas y “fuck you’s”, porque no hay reacción en sus personajes que no denote un sentimiento de dolor inmenso. Con la paradisíaca Hawaii y su música de fondo, el director nos aleja del tono turístico de las imágenes para utilizarlas como símbolo de las herencias (legales y naturales) a la que estos personajes deben enfrentarse muy a su pesar.  Tanto la hija de King, Alexandra, interpretada muy naturalmente por Shailene Woodley (jovencísima actríz con trayectoria en televisión) que reniega constantemente de su madre y expresa en más de una oportunidad no querer tener nada que ver con ella, hasta el mismo protagonista que se encuentra ante una gran decisión, la de vender o no las tierras heredadas y que fueran propiedad de la familia desde mediados del siglo XIX, situación que se mantiene a lo largo de toda la película y que irá mutando en tanto King avance en su historia personal.

Como decía al comienzo, Los Descendientes transita con mucho estilo ambos géneros, comedia y drama, fusionándolos de una manera realmente destacable, como por ejemplo en las incómodas intervenciones del amiguito de Alexandra, Sid (Nick Krause), un adolescente con muy poco sentido de la ubicación, que en un principio dan risa pero en tanto el director extiende la situación en la pantalla, genera en el espectador el mismo sentimiento incómodo de sus protagonistas, sucediendo lo mismo con las escenas más dramáticas que en su mayoría terminan siendo descomprimidas devolviéndonos la risa. De hecho no hay ningún personaje en toda la película que no nos merezca aunque sea un mínimo de empatía, todos y cada uno están perfectamente justificados en sus acciones y reacciones. Me resultó llamativo que entre las nominaciones no se encontrara Robert Forster para Mejor Actor Secundario, como el suegro de Matt, un personaje que se ajusta perfectamente a las características recién mencionadas.

George Clooney finalmente logró trabajar con Payne, luego de que éste lo rechazara para el personaje de Jack en Entre Copas por ser muy famoso, y como bien dicen que no hay mal que por bien no venga, resulta evidente que el personaje de Matt King le calza a la perfección, explotando todas sus facetas y aprovechando maravillosamente el rostro del actor y sus gestos. Payne sigue afianzándose a si mismo como un gran director y, resulte ganadora o no en cualquiera de sus nominaciones, nos deja una película muy recomendable, para ver entre risas y con muchos pañuelos en la mano.
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