A Sala Llena

Estrellita ochentera busca…

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Hoy quiero hablarles de un actor al que he estado extrañando.  Hace mucho que no lo vemos en ninguna producción significativa en la que ocupe el rol del protagonista y, debo decir con énfasis rotundo, eso es  una injusticia. Si, es verdad que lo hemos estado viendo en papeles secundarios en los que se luce bastante pero, lo cierto es que un tipo del calibre de este muchacho, se merece mucho más que eso.
El actor de quien quiero hacer mención hoy nos ha acompañado a las de treinta y pico por casi toda nuestra vida. Crecimos con él, soñamos con él, sufrimos con él, bailamos con él… Estoy hablando nada más y nada menos que de el multifacético, talentoso,” bombonazo del trasero de azúcar” y súper taquillero, Kevin Bacon.

Cuando era chica estaba completamente enamorada de él. Mi hermana y yo nos turnábamos para tenerlo de novio durante los juegos (junto con alguno de los Dukes de Hazzard) y estábamos enloquecidas con sus ojitos azules y su naricita respingada. Esos pelos parados eran tan provocativos que, aún cuando todavía no teníamos ni idea de nada, el cuerpo nos temblaba presa de una cosquilla electrizante que no llegábamos a decodificar, pero que adivinábamos pecaminosa. ¡Oh Kevin, como te amábamos! El mundo te debe un homenaje verdadero y, desde esta columna, arrancaremos la movida para que, por fin, se te hagan los honores que tanto merecés.
Kevin ha actuado con los más grandes de la industria y se les ha puesto a la par con una dignidad asombrosa. Es uno de esos tipos que, aún siendo estrellas, jamás pasan por encima del protagonista, ni tratan de robarle su momento de gloria. El tipo está allí, llevando a cabo su rol de manera más que impecable, con elegancia soberbia y con profunda y perenne humildad. El muchacho es un actor de raza, de esos que jamás se piensan más grandes que la profesión que les da de morfar. Ha secundado a leyendas vivientes de la cinematografía mundial como Meryl Streep,  Jack Nicholson, Robert DeNiro y Dustin Hoffman sin que ni un pelo se le moviera y estando siempre a la altura de las circunstancias. Tal vez porque en los 80 su éxito fue descomunal, es que, después de filmar un tanque como Footloose, el tipo haya bajado el copete para dedicarse a papeles menos estelares, pero mucho más brillantes y comprometidos. Su rol de“taxiboy”  en JFK fue increíblemente bien compuesto y encarnado con extrema valentía en una década en la que todavía los actores no se atrevían del todo a lanzarse con valor y compromiso a la interpretación de papeles gay.  El tipo se desafió, huyó siempre de los lugares comunes y se resistió a quedarse en su zona de confort, interpretando siempre al galancito de turno, que le sacaba chispas a la chica de la película. Él fue mucho más allá.

Con una sólida formación actoral y verdadera y profunda vocación, Bacon encaró proyectos por demás heterogéneos y de casi todos (hay que olvidar aquella basura del hombre invisible) salió airoso.

Hace poco volví a ver Río Salvaje. ¡Qué película! Un cast pequeño, para ese momento casi desconocido excepto por Bacon y Streep, un río y un thriller de Padre y Señor Nuestro. Kevin estaba espectacular. Es que, el tipo tiene el don. Cuando hace de malo, no hay una sola alma en la platea que no lo odie. Y si tiene que seducir a una chica, ¡oh boy!, el encanto que despliega es irresistible. Hasta su manera de caminar es increíblemente sexy.

Quizás uno de los “contra” mas grandes con los que se haya encontrado como actor, sea el hecho de que no envejece.  Hace como 20 años que está en los 30, aún cuando ya tiene más de cincuenta. Ese sea tal vez, uno de los grandes motivos por los cuales todavía no se le han dado roles más significativos. Quizás Hollywood no quiere envejecer y es por eso que se resiste  a darle a este gran actor la gran posibilidad de hacer algo épico con su talento.

En El Hombre del Bosque Bacon tomó un riesgo muy grande. Demasiado grande. Estuvo excelente como siempre pero, detrás de lo jugado de la trama, se podía vislumbrar el esfuerzo por hacer algo que le valiera más reconocimiento.  El rol era muy pesado y cayó en las garras de la tentación de sobre esforzarse.  Fue como si se hubiera parado en la cima del cartel de letras blancas a gritar que, por encarnar a un pedófilo, le darían finalmente el Oscar. Por supuesto, no se lo dieron. Era casi obvio que no sucedería. La elección del astro había sido demasiado conspicua.

Pero no hay que dejarse amedrentar por eso y mucho menos cuando uno tiene en su portfolio titulitos como estos: Diner, Footloose, Línea Mortal, Cuestión de Honor, Río Místico,  Apolo 13, Río Salvaje, El Retrato Perfecto, JFK, Criaturas Salvajes, Los Hijos de la Calle y muchísimos títulos más, no solo en cine, sino también en televisión. Con este bagaje maravilloso a cuestas, Kevin Bacon sigue buscando el papel de su vida, descartando tirarse en los laureles por haber interpretado ya a alguien inolvidable como fue su Ren McCormick.  

A mi particularmente, me gustaría verlo pronto.  Si me preguntan, lo imagino en algún policial negro bien de género, haciendo de detective.  Siempre me gustó su borde casi depravado. Me encantaría verlo perder la cabeza por alguna mujer fatal, ahora que tiene unas pocas arruguitas y que los ojos azul cielo se le han vuelto más y más profundos.

Teniendo una carrera que incluye hasta Broadway (nada menos que con Sean Penn y Val Kilmer) es casi de leyenda pensar que a este tipo todavía no le llegó del todo su hora. ¿Cómo puede ser?  ¿Dónde está el director que le ofrezca “ese” papel que lo lleve definitivamente a la gloria? ¿Hay algo en el carisma de Bacon que lo aleje de esta posibilidad? ¿Es acaso su cualidad de estrellita ochentera lo que lo mantiene lejos de volverse aún más grande?  Si así fuera, a alguien se le han caído un par de tornillos por el camino porque, no puede negarse que el público lo ama verdaderamente, sin fanatismos vetustos ni devoción pedorra. Se lo quiere y admira por su talento y por su trayectoria impecable.  Es absolutamente popular.

¿Han jugado alguna vez el juego que lleva su nombre? Consiste en nombrar a algún actor o actriz y conectarlo con Bacon a través de cuatro personas o menos. Por ejemplo: Alain Delón. Veamos… Delón trabajó con Vanesa Paradís, que se casó con Johnny Depp, que trabajó con Angelina Jolie, que trabajó con Val Kilmer, que trabajó con Bacon en Broadway.  Es casi imposible no conectar de alguna manera a Kevin con todo el mundo. Siempre está allí, presente en grandes y pequeñas producciones, casi silenciosamente, pero con exquisita y elegantísima efectividad. ¡QUE TODA LA INDUSTRIA SEPA QUE LO ESTAMOS ESPERANDO!

Así que, vaya hoy nuestro pequeño  homenaje desde aquí, con los mejores deseos de que, muy pronto, podamos ver a este actor emblemático, en el rol que le haga justicia a su carrera.

Y, mi querido Kevin, si  no te molesta, fijate de ponerte más seguido esos jeans apretados que te quedan como los dioses. Después de todo, a nosotros también nos vienen bien las “estatuillas”…

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