A Sala Llena

Marchioli, camino al festival

EL HOMBRE QUE SIEMPRE ESTUVO

Como el Leonard Zelig de y con Woody Allen, Mario Marchioli siempre estuvo. O está, como se observa, en el curioso documental de Diego Campessi. Está presente en fotos, recuerdos, voces, entrevistas, anécdotas, festivales y negocios del cine, producciones de películas. Y se lo ve de cuerpo entero y desde su propia voz, rodeado de recuerdos que refieren a su pasión por el cine.

Pero también se lo desovilla, arma, desarma y vuelve a armarse desde las palabras y testimonios de gente importante, los recuerdos, las citas e invocaciones, que se manifiestan a través de la añoranza y el detalle sobre la persona y personalidad del protagonista.

Por lo tanto, el desafío que propone el director es cómo convertir en interesante a un personaje anónimo y poco conocido. De allí que, como elección estética, se vale del molde más reconocible dentro del documental: el de las cabezas parlantes que construyen un rompecabezas con la figura de Marchioli, ciudadano cinéfilo marplatense, entre tantas ocupaciones y cargos.

En ese punto la película establece una paradoja que, al mismo tiempo, termina beneficiando al devenir de la narración. Si Marchioli / Zelig (“el cine”, en tanto, sería su Rosebud) es el punto de vista y el referente de aquello que se cuenta, los testimonios, varios de ellos, actúan como puertas abiertas hacia zonas originales que podrían ser abordadas por otras películas.

Por un lado, está el protagonista, su afán de coleccionista, las remeras, los souvenirs, los papeles, los objetos, los dibujos y un sinfín de personajes a los que alude, del cine, el teatro, la música, la televisión. Como centro operativo del relato Marchioli (el personaje) sería esa película que acaso  construyó Campessi como disparador hacia otras ideas.

Esas ideas les pertenecen a los entrevistados, ya que desde sus palabras podrían convertirse en otros films, planteos, proyectos, hipótesis. Por ejemplo, escuchar los testimonios Martínez Suárez y Solanas en una misma película, fallecidos ambos durante el trayecto de tiempo que se invirtió para que Marchioli, camino al festival saliera a la luz, implica más que un homenaje a ambos cineastas. En tanto, el director de Dar la cara y Los muchachos de antes no usaban arsénico, en otro segmento del documental, declara su defensa a la gestión de Julio Mahárbiz al frente del INCAA durante los años 90 del menemismo. Solanas, se sabe, estaba en la vereda opuesta de esa conclusión.

Y en el último tercio aparece otro protagonista: Mar del Plata, la ciudad y su festival. Y Marchioli, claro. Y ahí va, rumbo a su querido evento al que no está acreditado. Y desde ahí podría conformarse otra (más) película a futuro: la historia del festival de Mar del Plata y sus alcances políticos y de toda índole hasta estos días.

Y con Marchioli presente: ese hombre que siempre estuvo.

(Argentina, 2020)

Guion, dirección: Diego Campessi. Entrevistados: José Antonio Martínez Suárez, Juan Fernando Ezequiel Solanas, Félix Monti, Juan José Jusid, Carlos Hugo Aztarain, Fernando Castets, Rómulo Berruti, Ricardo Darín, Juan José Campanella, Nicolás Scarpino, Mario Marchioli. Duración: 86 minutos.

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