A Sala Llena

Metegol, según Rodolfo Weisskirch

Juego en equipo.

“Uno puede cambiar muchas cosas en su vida, pero nunca puede cambiar su pasión”. Esta frase la expresa el personaje de Guillermo Francella en El Secreto de sus Ojos, anteúltimo largometraje de Juan José Campanella. Pasión es lo que transpira Metegol. Se podrá decir que al ser una producción animada, se nota la fórmula, se nota el artificio, pero si la intención del director es competir con Pixar y las grandes producciones animadas de Hollywood, el resultado termina siendo estimulante y más que digno.

¿Qué es lo que diferencia a Pixar o Aardman de Dreamworks o Fox? Identidad. Autoría. Y más allá de que la producción está orientada a un público infantil, Metegol es una película de Campanella. La historia remite a Luna de Avellaneda. El Groso, un egocéntrico jugador de fútbol, estrella internacional, regresa a su pueblo natal para instalar un superestadio de fútbol. Compra al pueblo y pretende convertirlo en una suerte de Shopping. Amadeo, un fanático del metegol, y única persona que le ganó en la vida El Groso, se opondrá a la venta del pueblo, y lo desafía a un partido de metegol, pero el villano, agranda la apuesta y propone un partido de fútbol de verdad. Ayudado por los jugadores del metegol, que mágicamente cobran vida, Amadeo comienza a buscar gente común del pueblo para ganarle a El Groso.

El argumento, que proviene de una idea del “Negro” Fontanarrosa tiene la impronta del director: la defensa de los ideales y los valores; la nostalgia del pasado, conservar las tradiciones, la memoria del pueblo o el barrio. Además tampoco falta una subtrama romántica, donde el protagonista debe demostrar coraje frente a la mujer que le gusta desde niño. Esta relación, del antihéroe y la chica de turno, parece calcada de Up, Una Aventura en el Aire. Y esta no es la única referencia al mundo Pixar.

Desde el momento en que los muñecos del metegol comienzan a hablar y tomar el control del relato, la película se convierte en una divertida sucesión de situaciones a lo Toy Story, donde cobra importancia el mensaje: el trabajo en equipo, juntarse con el oponente en pos de un bien común. El Groso es una figura individualista que hace todo para destacarse, para ganar en forma solitaria. Mientras que Amadeo y el resto del pueblo, luchan en equipo. A pesar de tener la autoría audiovisual de Campanella, incluso con numerosos y meticulosos planos secuencia que son propios de su filmografía, Metegol es un trabajo grupal, donde se nota el esfuerzo de marcar una diferencia con todos los trabajos animados previamente realizados en Argentina y posiblemente en Latinoamérica. Visualmente es una proeza, una verdadera revolución para la “industria” nacional.

Es cierto que la película trata de abarcar demasiado. Todo la secuencia que incluye el secuestro de Laura, el personaje femenino por parte del villano es un poco exagerada. Además hay un notable contraste entre los personajes del pueblo, que tienen una imagen neutra, más universal a la de los jugadores del metegol que tienen modismos y características porteñas típicas. Desde el peinado hasta los diálogos, las voces e incluso la forma de mover las manos, el equipo del Capi, está inspirada en estereotipos del fútbol nacional. No sería alejado relacionar al Loco con el Luque o Pasarella del Mundial del ’78.

Hay innumerables detalles divertidos relacionados con el mundo futbolero – se nota la mano de Sacheri – con el lenguaje del fútbol argentino. Y además también hay varias citas cinematográficas, partiendo de una divertida secuencia inicial robada de 2001, Odisea del Espacio. La animación le da la posibilidad a Campanella, de jugar con la verosimilitud a nivel constante, de aportar magia, imaginación, de poder hacer cosas, que nunca haría en un film “serio”. El humor funciona de acuerdo a la empatía que los espectadores pueden tener con los personajes. Las voces de Pablo Rago, Horacio Fontova, Miguel Ángel Rodríguez y Fabián Gianola no pasan inadvertidas y aportan humanidad a los jugadores de madera.

Aun con momentos previsibles, Metegol tiene secuencias bastante originales como la persecución en un parque de diversiones o la habitación de experimentos de El Groso. Pero la razón principal por la que sale bien parada en la cancha, es porque esta vez deja la solemnidad afuera del juego cinematográfico. El mensaje es universal sin importar la edad, y más allá de las fórmulas y el cálculo que puede llegar a haber, con respecto al equilibrio narrativo, para que ningún personaje quede fuera del final, para que cada subtrama cierre coherentemente, hay que destacar la osadía de la propuesta y que la ambición está justificada. Cada cual juzgará bajo su propia vara si los resultados están a la altura de las expectativas de cada uno, pero lo cierto es que Metegol demuestra que cuando hay buen juego en equipo y genuina pasión puesta en un trabajo, nunca se pierde. ¡Golazo de carambola!

calificacion_4

Por Rodolfo Weisskirch

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