A Sala Llena

Nymphomaniac

(Dinamarca/ Alemania/ Francia/ Bélgica/ Reino Unido, 2013)

Dirección y Guión: Lars Von Trier. Elenco: Charlotte Gainsbourg, Stellan Skarsgård. Stacy Martin, Willem Dafoe, Jamie Bell, Uma Thurman, Christian Slater, Shia LaBeouf, Sophie Kennedy Clark, Connie Nielsen. Producción: Louise Vesth. Distribuidora: Independiente. Duración: 240 minutos (Vol. I + Vol. II).

Un lugar entre sus piernas.

A esta altura del partido conviene simplemente sincerarnos con respecto al rumbo que ha tomado la carrera del inefable Lars Von Trier, uno de los últimos miembros de esa estirpe de autores capaces de despertar mares de obsecuencia pasional y/ o el odio más vehemente, en muchas oportunidades infundado. En términos cualitativos, muy lejos han quedado aquellos años que lo vieron ascender al firmamento cinematográfico internacional: específicamente hablamos del errático período que se abre con Europa (1991) y Contra Viento y Marea (Breaking the Waves, 1996), continúa con Los Idiotas (Idioterne, 1998) y Bailarina en la Oscuridad (Dancer in the Dark, 2000), y desemboca en las extraordinarias Dogville (2003) y Manderlay (2005), sus últimas grandes epopeyas de raigambre nihilista.

Dicho sea de otro modo, durante la década pasada el danés se transformó en mejor relacionista público que realizador, coyuntura inesperada que derivó en excelentes jugadas de prensa vía mini- escándalos mediáticos para promocionar determinadas películas que después no estaban a la altura de las circunstancias o de las diatribas a favor/ en contra acumuladas hasta el momento (recordemos el circo que suele montar en Cannes y las numerosas ocasiones en que se hizo acusar de “nazi”, en un ardid ya vetusto). Como ocurrió anteriormente con Antichrist (2009) y Melancholia (2011), en este cierre de la denominada “trilogía de la depresión” nos encontramos con una obra que obedece a ciertos automatismos generales del director y algunas marcas de estilo de rasgos iconoclastas.

Indudablemente Von Trier está un tanto seco a nivel creativo y Nymphomaniac (2013) es una prueba innegable de ello, no obstante consideramos que existen dos factores centrales para que la propuesta resulte satisfactoria: en primera instancia, estamos ante su mejor opus desde Manderlay; y segundo, la propia mediocridad del contexto contemporáneo (prensa/ industria/ espectadores) termina convirtiendo en valioso a un film crepuscular, perteneciente a una etapa gris caracterizada por un declive moderado. Aquí reaparece una vez más su doctrina del shock sensorial, las disquisiciones bergmanianas, la misoginia implícita, el humor por demás ácido, el esteticismo onírico, el martirio de los actores, la violencia solapada, el fundamentalismo formal y esa clásica exuberancia de los diálogos.

Ya casi todos conocen la premisa principal: Joe (Charlotte Gainsbourg y Stacy Martin), la ninfómana del título, es hallada golpeada por Seligman (Stellan Skarsgård), quien la lleva hasta su hogar para que de inmediato la mujer comience a narrar su vida, dividida en capítulos. Con un elenco que incluye a Willem Dafoe, Uma Thurman, Jamie Bell, Christian Slater y Shia LaBeouf, el cineasta contrasta el sentimiento de culpa de Joe, no por su pulsión sexual sino por las vidas que destruyó en su derrotero, con el relativismo hipócrita y pseudo tolerante de Seligman, el típico burgués intelectual lavaculpas de turno. Hablando intermitentemente por boca de uno o del otro, el danés satiriza la doble moral del progresismo biempensante y se burla de muchas fantasías carnales del “inventario social”.

Respetando la lógica mordaz y el naturalismo descarnado de Asfixia (Choke, 2008), Shame (2011) y la reciente Entre sus Manos (Don Jon, 2013), Nymphomaniac pone en ridículo a una cosmovisión actual conservadora y de nula apertura mental, que responde a un modelo binario de pensamiento que reduce todo al esquema “sexo= bueno”/ “adicción= mala”. Cuando películas como las citadas analizan la adicción al sexo, la crítica y el público entran en crisis y se les da por delirios paranoicos contra las obras en cuestión, para colmo bajo la patética bandera del denunciador crónico de clase media. Von Trier vuelve a aprovecharse de la mojigatería mientras señala que demasiado de cualquier factor/ conducta termina siendo negativo para nuestra existencia, hablemos de erotismo o cualquier otra dimensión.

A pesar de las cuatro horas de duración del corte con destino de estreno comercial, el film es el más armónico del director en muchos años ya que por fin no deja nada en el tintero, exprime a los personajes y hasta consigue que los apuntes filosóficos, históricos y biológicos resulten eficaces según la escena considerada (aunque a veces, hay que decirlo, pecan de redundantes). La falsa severidad de tono mortuorio y el apaciguamiento del elenco en su conjunto se combinan con un simpático catálogo de perversiones y unos cuantos inserts digitales de porno hardcore, en otra de las estrategias del danés para que la piponada se mantenga ocupada escribiendo sandeces. Así las cosas, sólo resta entregarnos a una Joe que nos ofrece un lugar entre sus piernas y nos obnubila con su buena predisposición…

calificacion_4

Por Emiliano Fernández

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