A Sala Llena

Philomena, según Elena Marina D’Aquila

Para la hora del té…

Aunque amaga con ser una película sobre la búsqueda de una madre por encontrar a su hijo, una de las (pocas) virtudes de Philomena es no serlo. Explicar por qué sería un gran spoiler que se da a conocer antes de lo esperado.  Animarse a criticar a la institución religiosa es otro punto a favor, sumado a la dinámica entre Philomena y Martin que resulta sumamente interesante e incluso cuenta con un momento de buddy movie en la escena en que ambos se encuentran viajando en auto.

Pero hay algo más interesante aún y es la otra faceta que propone en esta ocasión Judi Dench (que a esta altura ya se ha ganado el título no oficial de mujer dura, fría e inconmovible), la de mujer cínica pero entrañable, chistosa y hasta querible. El desarrollo del arco dramático del Martin de Steve Coogan es una transformación de personaje notable y una verdadera lección de interpretación.

Sin embargo, hay algo que falta en Philomena y es la conexión historia-espectador. Si bien el hecho de que una madre sea separada de su hijo es una situación terriblemente dramática que provoca una empatía casi instantánea, Stephen Frears parece más interesado en el efecto que en la historia. Por ende, el resultado es una película un tanto mezquina en cuanto a una emocionalidad genuina. El director la busca y la encuentra de la manera más perezosa posible, mediante el exceso de inserts casi idénticos del tan querido hijo de Philomena en Súper 8. Philomena va acumulando recursos cinematográficos para manipular la emoción del espectador hasta convertirse en una película efectista, que logra momentos dramáticos -con toda la seriedad con la que el tema requiere ser tratado- pero es cuando se aleja de la solemnidad y se abre a los chistes políticamente incorrectos y al humor negro, que la película respira: cuando surge ese cinismo que aplasta cualquier amague de ponerse sentimentaloide, Steve Coogan y sus líneas de diálogo lúcidas e ingeniosas mediante.

Dejando esto de lado, la película se agota por su carácter reiterativo tanto a nivel visual como narrativo,  quedándose a mitad de camino entre un drama lacrimógeno televisivo y la receta perfecta para una comedia dramática y cínica a la vez, con fuertes críticas tanto políticas como religiosas. De haber dejado los clichés completamente de lado y haberse entregado a su costado más salvaje, hubiese sido una verdadera sorpresa.

calificacion_2

Por Elena Marina D’Aquila

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