A Sala Llena

Piñón Fijo y la Magia de la Música

(Argentina, 2012)

Dirección: Francisco D’Intino y Luciano Croatto. Guión: Javier Morello y Pina Di Toto. Elenco: Fabián Gómez, Sol Gómez, Jeremías Gómez, Lucía Pérez. Distribuidora: Distribution Company. Duración: 74 minutos.

Hace unos meses, tras el estreno de la excecrable Soledad y Larguirucho, surgió el debate de si es o no bueno ser un poco más tolerantes con una película mala argentina que con una de afuera. Mi postura es que todas las películas son iguales; que ser más benevolente con una película porque es argentina es un acto de nacionalismo berreta y no juega en favor del cine  argentino sino todo lo contrario. Ahora se estrenó Piñón Fijo y la Magia de la Música y el sitio todaslascriticas.com.ar compila 9 críticas a favor de un total de 14. Soledad y Larguirucho había cosechado solo 4 críticas favorables de un total de 24 y solo con esas 4 notas favor generó todo un debate, así que el hecho de que Piñón Fijo, una película aún peor que la de García Ferré, haya cosechado tantos comentarios favorables, resulta algo escandaloso.

Y no, acá no corre el “no entré en la película”; el “son opiniones”. No es esta una película que admita discusión: es cinematográficamente nula; una estafa de una gran cantidad de pesos que uno no tiene idea adónde fueron a parar, porque en la pantalla no aparecen. No hay ningún tipo de preocupación por parte de los realizadores -Francisco D’Intino, un director horrible, a la cabeza- en hacer algo mínimamente potable. Y no, tampoco caigamos en que las limitaciones técnicas de la película se dieron por cuestiones tecnológicas. Primero: De haber limitaciones tecnológicas, lo bueno es sacar provecho de ellas; saber qué hacer a partir de esas limitaciones (ver: El Sol, de Ayar Blasco). Y segundo: Que no haya raccord de miradas entre Piñón Fijo y sus personajes animados; que Piñón Fijo esté mirando al frente cuando el personaje animado está mucho más abajo, no es producto de limitaciones técnicas; ni siquiera es producto de la incompetencia de sus responsables: es, lisa y llanamente, desidia y desinterés. Lo mismo sucede con el doblaje de voces: ¡hasta Piñón Fijo, el personaje humano de la película, está fuera de sincro! Y el guión es de un nivel de pereza que hace que la película gire totalmente en falso: se supone que en el bosque donde transcurre la película está prohibido cantar. ¡Pero la película es un musical y se la pasan todo el tiempo cantando! Ni siquiera hay una leve sensación de peligro ante esta “prohibición”; no hay una escena en la que, en plena canción, aparezca el villano y los amenace.

Aparte del desinterés general en hacer películas, la gente detrás de Piñón Fijo y la Magia de la Música cree que sus principales destinatarios, los niños, son estúpidos. Así, tenemos una enorme cantidad de chistes malísimos que los personajes, luego de hacerlos, los explican. Así que acá tienen, una película totalmente alejada del cine, una absoluta falta de respeto al espectador que la crítica local va y festeja, suponemos, porque “es argentina”. O porque “es para chicos y los chicos se van a divertir y no se dan cuenta”, lo cual denota el mismo (nulo) respeto hacia los niños que tiene la misma película. Ah, y cerca del final, Piñón Fijo dice  “Hoy aprendimos de que…”. En fin…

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Por Juan Pablo Martínez

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