A Sala Llena

Pocholo y sus pompas múltiples

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Pocholo y sus pompas múltiples

Dirección: Leonardo Odierna. Dramaturgia: Alfredo Megna. Producción: Gabriel S. Giba. Vestuario: Mercedes Piñero. Iluminación: Pablo Quiroga. Intérpretes: Nestor Navarria. Prensa: Te Hago la Prensa.

El Gato de Schrödinger

“Cada vez que escucho hablar de ese gato, saco mi pistola” – Stephen Hawking

Hay algo muy llamativo en la obra escrita por Megna, dirigida por Odierna e interpretada por Navarria. Se debe tratar de la puesta en escena más económica de todo el teatro porteño de circuito seudo comercial (al fin y al cabo, el Belisario está sobre Avenida Corrientes y pertenece a Marcelo Savinogne), y la más compleja en su contenido narrativo, y revolucionaria con respecto al desafío espacio temporal que propone, sin que esto resulte forzado, ni complejo en sí mismo.

La palabra “minimalismo” cobra otro significado en esta increible puesta. Lo único que tenemos sobre el escenario es a Tintin, un sodero que se la pasa hablando con Pocholo, su único amigo, supuestamente físico cuántico caído en desgracia. Tintín va a ser reemplazado pronto por una máquina que va a hacer su trabajo, y su jefe le propone ser el operario de la misma. Tintín es solitario, solo tiene a su gato homerito, su madre y sus pompas de soda, que le recuerdan a Wanda, una antigua novia que tuvo.

Tomando como protagonista al hombre “común”, cuya lingüística se asemeja al costumbrismo criollo, paulatinamente nos vamos involucrando en una trama que habla sobre mundos paralelos y realidades alternativas.

Tintin debe tomar decisiones constantemente, y nosotros, como espectadores, vemos los posibles caminos que podría haber atravesado Tintin, si hubiese elegido un camino o el otro. Schrödinger decía lo mismo con respecto a su teoría del gato y la caja de cartón. Es por esto, que aparece Pocholo, que bien podría ser la conciencia, un amigo imaginario o alter ego de Tintin, eso no se sabe, pero Pocholo es físico y puede interpretar perfecto las múltiples lecturas que permite las teorías de física cuántica. Aplicado en la vida de Tintin, esto sirve para que reflexione sobre las oportunidades perdidas, el hecho de ser reemplazado y quedar inutilizado como ser humano, la tragedia y el destino que le provocaron abandonar sus sueños para conformarse con realizar el trabajo de su padre. El encademiento y la aceptación del destino. El miedo al cambio. El famoso “y sí…”

Odierna acude a la repetición como forma de narrar, pero cada repetición varía, en puesta de luces y posicionamiento del intérprete. Lo más interesante es el mecanismo en que se manipula al protagonista para que salte en el tiempo, repita posibilidades de la vida del personaje, y cambie de espacio fortuitamente, pero sin llegar a la confusión.

Gracias a la soberbia interpretación de Nestor Navarria, todo eso es posible. Navarria hace lo increible e invisible en verosimil. Utilizando herramientas del clown y la mímica, el espectador se logra imaginar el esfuerzo que hace Tintin cuando levanta las sodas, y Navarria estimula la imaginación durante una intensa hora de espectáculo en función de que el espectador, visualize lo que busca Tintin. El actor se convierte y dialoga paralelamente con 7 personajes más. Cada uno de ellos, tiene una voz diferente, una postura distinta, adquiere características básicas, objetos, altura, etc. Pero el actor no se vale de un solo instrumento externo a la actuación o la mímica. Es tan sencillo y obvio este lenguaje, que no es necesario apelar a utilería externar. Navarria juega constantemente en el escenario. Para crear a los personajes, no cae en estereotipos, lo cuál es muy dificil de lograr. Es cierto que básicamente se trata de un drama, pero el intérprete no deja en evidencia, y tapa la tragedia con eficaces cuotas de humor. Saltos de tiempo, lugar y personajes se suceden con naturalidad.

Apenas el aporte de los reflectores ayudan a distender el clima, y crear más o menos opresión.

Pocholo y sus pompas múltiples es un espectáculo emotivo que desborda en inteligencia e imaginación, donde la sencillez de la puesta se pone en función de la complejidad del texto, con una interpretación asombrosa y querible de Nestor Navarria. Porque más allá de la técnica hay una obra hecha con corazón, pasión, pulmón y talento.

Que las pompas sigan flotando…

Teatro: Belisario – Corrientes 1624

Funciones: Viernes 23:30 Hs.

Entrada: $50

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