A Sala Llena

Por Tu Culpa, Según Rodolfo Weisskirch

El Desafío Berneri

Antes de escribir sobre Por Tu Culpa, tercera obra de la realizadora argentina de 34 años, decidí ver Un Año sin Amor, la única de sus películas que no había visto todavía. Una de esas películas que no pude ver por circunstancias externas y postergaba y postergaba…

Lo que reconozco, evaluando, en este momento toda la filmografía de Berneri, es que me resulta dificil de analizar.

Más que nada, porque cada una es completamente diferente de la otra. Se pueden encontrar similitudes a nivel visual, y en el micromundo que rodea a sus protagonistas, ya sean Pablo Pérez, Erni o Julieta, pero aún así, si me dijeran que se tratan de realizadoras diferentes, yo lo creería.

Con esto, no quiero decir que Berneri no se trate de una autora nata, sino que con apenas 3 películas ha logrado algo que ningún otro realizador del “Nuevo Cine Argentino” había hecho: poner a la obra encima de la dirección.

Berneri, a pesar de su juventud se anima a jugar con opuestos. Por lo menos, a simple vista. Del desgarrador relato de Pablo Pérez enfrentando el SIDA con la búsqueda del verdadero amor, a través de la violencia sexual, o la actriz en decadencia que busca esa juventud perdida, o una madre perfecta siendo juzgada por descuidar a sus hijos. No parece haber encuentros entre estos personajes. Tampoco en lo visual, las películas se dan la mano.

Mientras que Un Año… es oscura, Encarnación tiene un dejo de expresionismo, de realismo, y Por Tu Culpa es muy iluminada, siendo quizás la más oscura de las tres a nivel narrativo.

No parece ser casual que una directora decida cambiar de Director de Fotografía de película en película. Y todos logran generar un clima distinto y a la vez apropiados para cada historia. Tanto la fotografía de Lucio Bonelli como la de Willi Benisch son excepcionales. No puedo analizar con demasiada propiedad la de Diego Poleri en Encarnación, ya que la vi hace tiempo y no recuerdo haberme impresionado demasiado.

Pero uno puede reconocer una madurez narrativa y cinematográfica en su realizadora por la forma de narrar. Mientras que Un Año… puede comprenderse casi como una película de rutina, un diario oscuro con influencias del cine Martín Rejtman o Esteban Sapir, impulsadores del nuevo cine argentino, Encarnación es una película más femenina, jovial que se puede dar de la mano con el cine de Celina Murga o Ana Katz.

Pero Por Tu Culpa tiene el tono de un melodrama clásico de la época dorada de Hollywood. Su antiheroína podría haber sido interpretada por Susan Hayward, una Doris Day o más recientemente por una Sally Field. Y a la vez, tiene esa preocupación, esa sinceridad, y emotividad de las madres italianas del neorrealismo.

Por tu Culpa esta realizada por dos mujeres, en realidad: Berneri y la gran Erica Rivas, que si resultaba admirable en sus roles en comedias televisivas, y pudo sobrellevar roles secundarios con mucha naturalidad en producciones de menor suerte artística como El Corredor Nocturno y la aberrante e insultante Tetro del desconocido Francis Ford Coppola (no hablo en forma irónica, realmente es desconocido, la película es paupérrima), en esta película se puede explotar como una de esas actrices dramáticas que con apenas un gesto o una mirada logran cautivar.

La inteligencia de Berneri en la puesta de cámara recide en la forma en la que no se despega de ella, de sus ojos perdidos en la vulnerabilidad.

La película empieza con una secuencia violenta: juegos, peleas con dos chicos, realmente insoportables. Planos muy cercanos que pretenden demostrar que a veces un juego simple de hermanos con su madre, no siempre tiene una simpleza lúdica y cariñosa.

Pero tampoco se trata de una violencia doméstica. Sino de un juego que termina mal, una serie de eventos desafortunados que terminan en una crudísima noche en un hospital privado.

Berneri pudo haber sido demagógica y más dura denunciando la situación que viven los hospitales públicos, pero en cambio decide universalizar la situación. Mostrar la hipocresía, los prejuicios, el machismo del sistema médico en sí. Al final no importa si las paredes son más blancas, las camas más cómodas o las luces más brillantes. Si el servicio humano falla, uno está en las manos equivocadas, y sufre las consecuencias (en Un Año sin Amor, Pablo se atiende en hospitales públicos y la atención es mejor que en la clínica privada de Por Tu Culpa).

Berneri no juzga en sí, la capacidad de Julieta para ser madre. Al contrario, la protagonista es atenta en un 99% de la películas y juzgada por el entorno, en el 1% que giró la mirada. Una heroína que tiene que enfrentarse con la hipocresía de un sistema creado por hombres y aristócratas, que tiene todas las de perder, que, a diferencia de las heroínas de Hollywood que pueden superar los trances psicológicos y las inseguridades, con tal de luchar y conseguir lo que persiguen, Julieta es muy frágil y tiene actitudes de madre real.

El relato es atrapante, de una noche agitada… y real. Aquellos que hemos pasado noches enteras en guardias, comprendemos el suplicio, sufrimiento y expectativas de Julieta. No es fácil ser paciente.

Ayudada por un excepcional diseño sonoro de Jéssica Suárez, la fotografía de Bennisch, el arte de Ailí Chen y el montaje de Eliane Katz, la película es un gran logro cinematográfico. Quizás por su sencillez, pocas pretensiones y perfil bajo, porque detrás de un accidente cotidiano, se oculta una preocupación enorme: la destrucción del núcleo familiar.

Si bien, es notable la interpretación de Rivas, vale destacar la increibles actuaciones de los hermanos Galán (no son los Pimpinela), especialmente el más chico, Zenón. Es probable que haya pocas actuaciones destacables de un chico de dos años como la de Zenón (debería formar pareja con la actriz de la misma edad de La Pivellina, película italiana de inminente estreno comercial). La relación con Erica Rivas de ambos menos es verosimil en cada plano, versatil, nunca forzada. Parecen ser los hijos naturales de la actriz sin dudas. Mucho ensayo, excelentes elecciones de tomas, un gran trabajo previo solo pueden lograr una relación tan natural.

No puedo dejar de mencionar que elenco adulto secundario también aporta su grano de arena: Rubén Viani, Osmar Nuñez y Carlos Portaluppi, el amuleto de la filmografía de Berneri.

Es probable que cuando llegue el final, uno se sienta un poco desilusionado. El final, coherente con el desarrollo, no tiene la intensidad del comienzo. Esto no es desfavorable, sino que tiene que ver con que la directora decide darle un desenlace natural y creible a los acontecimientos, dejar respirar a los personajes y al espectador… pero a la vez, interiormente se extrañan las primeras sensaciones encontradas. A pesar de esta reflexión la película crece y mejora en mi cabeza, a medida que la recuerdo.

Esas sensaciones desconcertantes del universo Berneri, que generan malestar, identificación con los protagonistas, asimiliación, compasión, deseo que triunfen y puedan superar sus miedos e incertidumbres.

No es un cine facilista. No se trata de una realizadora, de la cual se pueden sacar conclusiones rápidas, sino que da pie a la reflexión y la discusión. Un cine que inspira.

Es un desafío para analizar. Así como Berneri, desafió las normas al llevar a la pantalla, una “polémica” historia como la de Pablo Pérez (vamos a ser honestos, que una joven embarazada de 29 años inspeccione el mundo leather de Buenos Aires en su ópera prima tiene su desafío) y lo transforme en una historia identificable, sin pretensiones de polemizar, que haya confiado que Silvia Pérez, una actriz y vedette poco tomada en cuenta para roles “serios”, pueda cargarse al hombro una película entera junto a una adolescente, y transformar a Erica Rivas, en una madre con todo el mundo encontra; nosotros, los cinéfilos no podemos tomarnos la obra de esta directora tan superficialmente.

Espero haberle hecho justicia esta vez. Tendré que llevar conmigo la “culpa” de, en su momento, haber analizado tan superficialmente Encarnación. Pero el cine da revancha, siempre está la oportunidad de ver por segunda vez una obra y cambiar los preconceptos.

Mientras tanto, espero haber superado el “reto” de entender el desafío Berneri.

 

 

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