A Sala Llena

Ralph, el Demoledor (Wreck – It Ralph)

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Ralph, el Demoledor (Wreck – It Ralph, EEUU, 2012)

Dirección: Rich Moore. Guión: Jennifer Lee, Phil Johnston. Producción: Clark Spencer. Elenco (voces): John C. Reilly, Sarah Silverman, Jack McBrayer, Jane Lynch, Alan Tudyk, Joe Lo Truglio, Ed O’Neill, Dennis Haysbert. Distribuidora: Disney. Duración: 101 Minutos.

El Arcade sea Eterno

Recuerdo que ir a Sacoa o algún lugar con video juegos me hacía muy feliz. Luchar al Street Fighter, competir en el Cruis’n World o jugar al pinball se volvieron experiencias gratificantes de mi infancia y preadolescencia. Y si no quería salir de mi casa, siempre podía prender el Family y saltar con Mario o Luigi rumbo al castillo donde Koopa tenía secuestrada a la princesa.

Pero el tiempo pasó y esos juegos pasaron a la historia. Ahora son mucho más violentos o infantiles. Oscuros o demasiados kitsch. ¿Donde están esos mundos imaginarios donde la violencia y la inocencia podían convivir en un mundo casi real, con personajes caricaturizados pero inspirados en algunas cosas reales? Después de todo, los hermanos Mario vivían de la plomería.

Sobre lo antiguo y lo presente, el cambió de generaciones y los estereotipos de bondad y maldad habla esta nueva comedia animada de Disney, ópera prima de Rich Moore.

No es la primera vez que el cine se mete en el interior del mundo de los video juegos. Básicamente de esto trataba Tron, pero acá los personajes convergen en un mundo que no conocemos cuando las máquinas se apagan. Siguiendo un poco el patrón de Toy Story y Monsters Inc. los personajes de Ralph son concientes que sus roles son parte de su trabajo. La escena inicial es realmente fantástica, una charla de autoayuda para villanos que no quieren ser malvados y se necesitan mutuamente para seguir cumpliendo con sus roles, pero Ralph no es un simple villano. Destruye el edificio porque lo echaron del suyo. Ralph sufre la discriminación y los prejuicios en su propio video juego. Quiere hacerse amigo de sus enemigos y no lo dejan. Por lo tanto decide abandonar su propio juego para convertirse en héroe en un juego más moderno. Tras probar suerte en Medal Of Honor, se convierte en un fugitivo y termina un juego de carreras en Candy World.

Nutrida de bastante nostalgia, Moore construye varios mundos realmente asombrosos desde el concepto audiovisual prestando atención a mínimos detalles como el contraste de diseño generacional, el modo de caminar, de hablar, de mirar de cada personaje, y al mismo tiempo le aporta humanismo al interior de cada uno.

Si bien en el resultado final peca de ser demasiado didáctica e infantil, Ralph, el Demoledor tiene numerosas capas de lectura y un meticuloso trabajo visual que la ubican por encima de los cuentos que los mismos estudios realizaron años anteriores como Enredados o La Princesa y el Sapo.

El aporte de las voces originales como la de John C. Reilly, Jack Mcbryer, Jane Lynch Ed O’ Neill o Alan Tudyk es otro atractivo de esta producción que critica los prejuicios sociales y evita caer en algunos lugares comunes, más allá de que estructuralmente es bastante previsible y calculada.

A pesar de su extensión es una obra entretenida, que esperemos tenga una secuela (o por lo menos así lo espera Rich Moore, en declaraciones a este redactor) que esté a la altura de este producto… o de Ralph.

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Una aventura nostálgica

Por nostalgia se puede entender una tristeza, a veces melancólica, que se produce al evocar un recuerdo del pasado, o quizás algo olvidado o reemplazado pero que, inconscientemente, sigue cumpliendo una función de placer o fetichismo en lo profundo del ser. El cine, en ocasiones, ha puesto a prueba ciertos términos, como lo hizo Woody Allen con los viejos programas radiales en Días de Radio o Michel Gondry con los VHS y aquel añorado formato hogareño en Rebobinados.

En esta oportunidad el que incursiona en esto es Rich Moore con su film de animación Ralph El Demoledor. Esta obra propone un bello dejo nostálgico respecto del mundo de los videojuegos, en particular el recuerdo imborrable de los arcades, como Pac-Man, Super Mario Bros. y Street Fighter.

Lo interesante de la película de Moore es esa idea de reivindicar lo antiguo, de darle valor a lo más artesanal y elaborado del pasado en oposición a lo sumamente tecnológico del presente que, a veces, resulta ser bastante artificial. Algo así como lo que sucede con el cine de ciencia ficción y films como 2001: Una Odisea del Espacio de Stanley Kubrick o Alien de Ridley Scott, que despliegan un trabajo artístico sumamente elaborado y transmiten una sensación mucho más mágica –por decirlo de algún modo– que otros ejemplares modernos como Transformers de Michael Bay -que utiliza tecnologías digitales y pierde todo tipo de representación realista-.

En Ralph El Demoledor toda esa esencia se ve reflejada en el universo de los videojuegos, más precisamente, en los viejos arcades. En este caso, se dará una especial valoración positiva a lo retro y a los juegos ochentosos de plataformas, en detrimento de los nuevos y esplendorosos juegos en alta definición.

Pero, más allá de todo lo que el film de Moore quiere simbolizar, hay una historia narrativa interesante y divertida que enmarca todo esto. Al cumplirse el trigésimo aniversario del juego Fix-It Felix (una especie de homenaje al clásico Donkey Kong), Ralph (voz de John C. Reilly), el malo del juego, quiere dejar de serlo y ocupar el lugar del héroe, por lo que escapa hacia otro arcade para poder conseguir una medalla. A todo esto, se cruzará con Vanellope (Sarah Silverman), una niña a la que tendrá que ayudar y con quien desarrollará una relación peculiar.

Para que se emocionen los más grandes y se entretengan los más chicos, Ralph El Demoledor es una obra atractiva, con temáticas como la amistad, el heroísmo y las diferencias entre el bien y el mal, un film de una esencia nostálgica encantadora.

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En una época en la que Hollywood se ha quedado sin ideas y no hace más que refritar historias viejas (hace una semana leí que para los próximos años ya hay ¡50 remakes en carpeta!), se ha hecho costumbre también contar historias originales o adaptadas buscando hacer un homenaje a otras historias, películas, épocas, cuentos, programas, mitos o lo que sea. Este año que termina ha tenido películas muy importantes en este registro, como La Invención de Hugo Cabret o El Artista, dos homenajes claros a diferentes épocas del cine. El maestro Rich Moore también decidió hacer un tributo con Ralph, El Demoledor, en este caso, a los videojuegos.

El Ralph de marras es un enorme muchachote que tiene la mala suerte de ser el villano de un videojuego llamado “Repáralo Felix”. Su tarea es destruir un penthouse mientras que Felix, el protagonista del juego, con su martillo mágico, intentará reconstruirlo. El problema es que Ralph no es una mala persona y, luego de treinta años, está un poco cansado de ser el villano de la historia. Para colmo, el resto de los personajes del videojuego lo desprecian, como si fuera un verdadero ogro. Con la idea de demostrar a todos que el no es el malo de la película, Ralph emprenderá un viaje hacia otros videojuegos que le enseñará a ver las cosas de otra manera, no sin antes generar una buena cantidad de disturbios que ponen en peligro a todo su mundo.

Rich Moore no tarda demasiado en poner la carne al asador y en la propia presentación del mundo de los videojuegos ya aparecen una enorme cantidad de personajes que nos hacen viajar de golpe a nuestra infancia: desde Ryu y Ken de Street Fighter que aprovechan que cerró el salón para ir a tomar algo, hasta Sonic The Hedgehog dando indicaciones a los transeúntes de la estación central, pasando por la reunión de “Malos anónimos” a la que acude Ralph en la casa del fantasmita de Pac-Man. Casi todo en el mundo que inventa Moore está puesto a modo de homenaje, puesto que hasta los personajes originales remiten constantemente a otros videojuegos similares (Donkey Kong, Mario Kart, Crash, Call Of Duty, Medal of Honor y un larguísimo etcétera). Y sin embargo, hay en la aparición del universo de Sugar Rush (un juego de carreras en un mundo de caramelo) un mundo propio que le permite al director muchas variantes: por un lado, seguir con sus homenajes; por otro, proponer un mundo original y novedoso; pero también le permite utilizar el recurso estético para popularizar aún más el relato y no volverlo tan varonil. Sugar Rush no solamente es todo rosa y pastel sino que está habitado por nenitas que parecen pinypones animadas y hablan muy finito. Si a esto le sumamos una subtrama con una estricta soldado y unos bichos robots despiadados, el target del film se amplia en un espectro muy variado y puede gustarle a chicos, chicas y adultos por igual.

Por supuesto que en Sugar Rush Ralph conocerá a una niña algo molesta que terminará pareciéndose mucho a él y en esa amistad que traben se centrará el meollo dramático en el que se apoya casi todo film animado. Una vez más Disney pone en juego elementos tan simples y efectivos como las oposiciones bueno-malo (héroe-villano) y egoísmo-solidaridad y el resultado no puede ser sino un viaje de profunda emotividad.

Hay otro acierto muy importante en la manera en que están animados los personajes, que marca una diferencia notable entre los juegos más viejos y los más nuevos (como cada vez que la imagen muestra a personajes más pixelados o peor animados en sus movimientos que otros, o cuando Felix le dice a la soldado “¡Qué bonita definición tienes!”). Esos detalles no solo son aprovechados como gags inteligentes sino que también aportan para describir este extraño mundo de una manera más realista.

Las voces originales de la versión en inglés fueron interpretadas por John C. Reilly (Ralph), Alan Tudyk (King Candy, el mandamás de Sugar Rush), Sarah Silverman (Vanellope, la niña amiga de Ralph), Jack McBrayer (uno de los personajes secundarios de Olvidándome de mi ex, que aquí hace de Felix) y la genial Jane Lynch (la entrenadora de Glee, que interpreta a Calhoun, la inquebrantable soldado). En nuestro país probablemente no lleguen copias subtituladas, como de costumbre, aunque los intérpretes en español –más allá de la irritante voz que eligieron para Vanellope y algunos modismos mexicanos con riesgo de no entenderse- cumplen un buen trabajo.

Ralph, El Demoledor es una hermosa película de animación de Disney que pueden disfrutar todos casi por igual, con un despliegue visual encantador, con un buen uso del 3D, con personajes entrañables, situaciones divertidas, homenajes y menciones nostálgicas y con esa marca registrada de Disney de poder hacernos enamorar de sus personajes hasta las lágrimas.

¡Ah, me olvidaba! La proyección viene acompañada de un maravilloso corto animado en blanco y negro llamado Paperman: Aviones de Papel una encantadora y breve historia de amor muda entre dos desconocidos. Unos pocos minutos de arte sublime.

Por Juan Pablo Ferré

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