A Sala Llena

Reflejo Narcisa

(Argentina, 2015)

Dirección y Guión: Silvina Szperling. Elenco: Narcisa Hirsch, Ana Laura Ossés, Claudio Peña, Silvina Szperling. Producción: Fernando Domínguez. Distribuidora: Independiente. Duración: 67 minutos.

Reflejo Narcisa no es un retrato biográfico sino algo más cercano al ensayo. Muestra el encuentro entre dos directoras, una de ellas es Narcisa Hirsch, la realizadora de cine experimental más importante del país, y la otra Silvina Szperling, la autora de este documental y una pionera en la videodanza argentina. Durante poco más de una hora, Narcisa reflexiona sobre su vida y su arte, recorre espacios que aparecieron en sus películas, proyecta parte de su obra, filma algunas tomas y parece bailar con la cámara en mano.

Entre estos breves episodios no existe un hilo narrativo o argumental. Descubrimos poco sobre la carrera de Narcisa, solo algunos datos básicos acerca de su familia y sus obsesiones temáticas. Es que, en realidad, no importa tanto la figura de la artista sino lo que se puede decir a través de ella. Szperling elabora un film sobre “la vejez y el arte” -según sus propias palabras- en el que Narcisa juega un rol casi subalterno. Ya lo anticipa el título: no es Narcisa, es su reflejo, su doble. Es una versión de ella armada por otra, por Szperling. Y sin embargo es Narcisa la que domina la atención de la cámara, es ella la que verbaliza su filosofía. Cerca del final, vemos una de sus obras, Rumi, y es como si este cortometraje de 1999 se devorara al documental de 2015.

Esta tensión entre la documentalista y la documentada nos remite a otros recientes documentales seudo-biográficos en los que también percibimos el mismo conflicto. Vers Mathilde, sobre la coreógrafa Mathilde Monnier, está tan marcada por el lirismo visual de su directora, Claire Denis, como por los trabajos de danza que dirige Monnier. La banda sonora de Puede que la Belleza Haya Reforzado Nuestra Determinación está monopolizada por la voz del director japonés Masao Adachi, quien no cesa de debatir sobre política y teoría, mientras que las imágenes oníricas nos recuerdan que el francés Philippe Grandrieux está detrás de la cámara. Y en ¿Dónde Yace tu Sonrisa Escondida? la mirada severa, opaca y austera del portugués Pedro Costa parece competir con la de sus sujetos, los célebres directores Jean-Marie Straub y Danièle Huillet. En todos estos casos, como en Reflejo Narcisa, la huella del autor, del documentalista, se pierde o se borra ante el enfrentamiento con otros autores o directores de cine, que no pueden evitar cambiar el rumbo del proyecto, convertirlo en un trabajo colaborativo. Advertimos, entonces, la naturaleza híbrida e impura de toda firma autoral.

En una entrevista con Télam, Szperling admite que, en un principio, este documental iba a ser más autobiográfico. Pero la figura de Narcisa se agigantó y desplazó a Szperling de su propia película. Lo que quedó fue “un estado contemplativo, donde la cámara acompaña a Narcisa en sus tiempos vitales”. Quizás por este motivo Reflejo Narcisa no transmite la energía y la alegría de los cortos anteriores de su directora, entre ellos Temblor o Chámame. Instala, en cambio, un clima sombrío y fúnebre, de finalidad y de cercanía a la muerte, más propio de los 87 años de Narcisa.

El problema es que Szperling, para evocar este clima, compone una sucesión de planos que reeditan (sin reformular o actualizar) toda una tradición de “cine lento” (o como se lo llame), desde Andrei Tarkovsky hasta Tsai Ming-liang, Sofia Coppola, Béla Tarr, Apichatpong Weerasethakul, Lisandro Alonso y un largo etcétera. Narcisa camina de un lado a otro, se ocupa de tareas repetitivas y cotidianas, levanta las persianas, mira por la ventana, se sienta en un sillón: un compendio de clichés “contemplativos”. Muchos de estos planos, es cierto, son citas a los films de Narcisa, lo que subraya aquella tensión (entre documentalista y documentada) a la que aludimos anteriormente. Pero esto no quita que, entre tanta referencia, Reflejo Narcisa pierda algo de dinamismo, sorpresa, imaginación y vitalidad, y no encuentre soluciones estéticas realmente novedosas para comunicar las ideas que propone.

calificacion_3

Por Guido Pellegrini

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