A Sala Llena

Sal

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Sal (Chile, España, Argentina, 2012)

Dirección y Guión: Diego Rougier. Producción: Adrián Solar, Diego Rougier, Javiera Contador, Mario E. Levit, Leonardo Hussen. Elenco: Felé Martínez, Patricio Contreras, Sergio Hernández, Javiera Contador, Luis Dubó, Gonzalo Valenzuela. Distribuidora: 3C Films Group. Duración: 114 Minutos.

Un oasis en el desierto

Y de vez en cuando sucede… de vez en cuando alguien se anima a realizar un western. El género que Hollywood creó de la mano de John Ford principalmente o Edwin S. Porter y que se terminó destruyendo gracias a pobres imitaciones. El género que revivió gracias a Sergio Leone pero que los italianos exprimieron hasta dejarlo tan seco como el desierto de Atacama.

El western… un género olvidado, prácticamente. Ed Harris y los Coen, con sus últimas obras, le devolvieron un poco de dignidad en los últimos tiempos (Temple de Acero es posiblemente el mejor western desde El Bueno, el Malo y el Feo). Así como los samurais desaparecieron de Japón (gracias Takashi Miike por revivirlos en 13 Asesinos), en el resto del mundo los vaqueros se fueron muriendo, los marginales cambiaron de rostro y quedó un vacío en el corazón del cinéfilo amante de los guerreros del desierto.

Pero el Sur también existe. Debajo de la frontera mexicana, cerca de la Cordillera Andina, Fernando Spiner se animó a realizar un western mezclado con cultura gauchesca, pero con una estética fiel a la crudeza de Sam Peckinpah o Leone. Aballay, el hombre sin miedo es un gran film, por ambición, fidelidad al género y estética cuidada, que mereció tener mayor repercusión en las salas porteñas.

Ahora llega Sal, ópera prima de Rougier, realizador argentino radicado en Chile. Sin embargo, aquí no se puede encasillar al film solamente como un western tradicional. Quizás el mayor referente que se puede encontrar es la película Tres Amigos de John Landis, la comedia con Chevy Chase, Steve Martin y Martin Short. Al igual que en el film de 1987, acá tenemos un personaje que, al tratar de crear al protagonista de una historia, se trasforma en uno.

Sergio (Martínez) es un realizador español que pretende filmar un western en el desierto chileno pero no encuentra apoyo financiero dado que al guión le falta un argumento. Viaja a Chile para buscar inspiración pero es secuestrado por un mafioso que reside en el desierto -Víctor (Contreras)-, al ser confundido con un ex socio que lo traicionó. Éste deja a Sergio semi muerto en medio del desierto al cuidado de un viejo solitario -Vizcacha (Hernández)- que se convierte en mentor. Sergio se entrenará para estar preparado para cuando Víctor lo vuelva a buscar.

Con reminiscencias en el tono humorístico dramático a 800 balas de Alex de la Iglesia, Sal es un film muy cuidado en su puesta de cámara, encuadres y con un guión suficientemente complejo y con varias vueltas de tuerca para mantener el ritmo y la atención del espectador. Por un lado, tenemos la experiencia del “hombre equivocado” que tiene que convertirse en héroe a la fuerza; por otro, estamos ante una sátira a la industria del cine, que muestra la creación de un personaje a través de la mirada de un guionista que trata de encontrarse con las características del género en la actualidad. Hay acción, romance, traiciones, personajes marginales, ambiguos. El mismísimo protagonista no termina de convertirse en un héroe tradicional dado que es débil, vago, pedante y debe superar sus miedos enfrentando a Víctor, gran villano compuesto sobriamente por Patricio Contreras. Rougier utiliza primerísimos primeros planos para generar tensión en los duelos y no faltan encuadres de las cartucheras, los crepúsculos y los horizontes eternos. La mirada melancólica del género y personajes que saben que su final está cerca son características del género que Rougier respeta.

El film tiene persecuciones, idas y vueltas que podrían generar confusión; sin embargo, el guión es bastante redondo. Todas las facetas de la historia logran cerrar armónicamente y no quedan cabos sueltos. Rougier no deja nunca de lado la meta creativa del personaje, los sueños, el límite de la realidad y la ficción.

Lamentablemente, el cuidado estético y narrativo no se transmite en los personajes secundarios y en las actuaciones más bien irregulares. Si bien se destacan Martínez y Contreras, en un duelo actoral que trasciende a los personajes, y hay interesantes interpretaciones por parte de Hernández y Dubó, otras actuaciones secundarias no brindan suficiente verosimilitud y calidez al relato.

No obstante, teniendo en cuenta las pretensiones y ambiciones, el resultado final es bastante sólido y entretenido. Un digno y emocionante homenaje a un género que desde que somos chicos nos enseñó de qué se trata el espectáculo cinematográfico.

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